Carlos Rodríguez (Ineos) y su plan Tour de Francia 2024

Recordaba al escribir del calendario de Nairo Quintana la frase de un antiguo conocido sobre la obligación que ejerce sobre un ciclista joven hacerlo bien en el Tour de Francia. El colombiano esquivó la responsabilidad de regresar a por el primer premio cuando había conquistado el segundo. Eso no le pasará al granadino Carlos Rodríguez, que regresará a la línea de salida de la considerada mejor carrera del mundo en 2024. Marcar objetivos de clasificación es un ejercicio de fe cuando aún no ha evolucionado la temporada en ningún sentido.

De un año a otro algunos equipos hacen clic y vuelan. Clic que en otras ocasiones pertenecía al rival. Las circunstancias se van construyendo a sí mismas y poco a poco horadan el destino que vayamos a disfrutar más tarde o más temprano. Nadie esperaba al español insertado entre aquella dupla de extraterrestres que domina el ciclismo mundial. Se ubicó en la anterior Vuelta a España, donde mandó muchos mensajes sobre su hacer ciclístico. Aún tímido, resistió entre los diez mejores pese a destrozar sus opciones de podio en una terrible (y tonta) caída camino del Piornal, 18ª etapa. Ese arrebato de gravedad terminó con el inestable Jay Vine en el hospital. Rodríguez siguió… hasta Madrid.

Escena similar tuvo lugar en el Tour de Francia de 2023. El mismo sol implacable que le vería triunfar a las 17.00 de una tarde de julio le observaba desde lo alto del cielo sufrir y buscar su ritmo en compañía de las torres sagradas de su equipo. Se pensó que el acuciante ritmo del Jumbo-Visma le estaba pasando factura desde una fase temprana de la etapa. Y sí, como a cualquier humano que se encontrase en ese selectísimo grupo que resistió la asfixia de los compañeros del maillot amarillo. Carlos había bajado el pistón y a su ritmo se reintegró y fue de menos a más. Los pensamientos que despreciaban el Tour de l’Avenir y repetían eso de «Le Tour es Le Tour» harían más agua que el ciclista español, que acabó ganando la etapa ante los dos colosos.

A falta de un día para terminar, el recuerdo y el dolor del asfalto extremeño que casi acaba con su participación en la Vuelta 2022, su nacimiento y confirmación como candidato a las vueltas de tres semanas. De nuevo un accidente evitable que dio con el ciclista de Ineos-Grenadiers en el suelo, con síntomas claros de dolor y sangre. Sufrió, supo sufrir y resistió la quinta plaza de la clasificación general. A vuelapluma, ni Perico, ni Miguel, ni Alberto, ni Sastre finalizaron tan alto en su primera intentona en el Tour. Porque las comparaciones vendrán, tengamos ésta en cuenta. También cuando las vacas flacas lleguen.

El plan

Firme candidato al maillot blanco de mejor joven, el ciclista de Almuñécar tiene ante sí más retos que el mero rendimiento en el Tour. Tiene ante sí varios enemigos, que son, en primer lugar, el éxito, y en segundo lugar el hecho de ser ciclista de bandera española. Antaño y aún hoy lo es lucir la tricolor francesa, porque obliga, porque hace que sin querer tengas detrás la presión de miles de pares de ojos que van a comentar e interpretar cada gesto. El peso de la historia, de Miguel, de Perico, de Alberto, del difunto Fede, se dejará sentir. Cada año que pasa, hay más ansia y necesidad en los titulares, esos que buscarán exprimir y ensalzar lo bueno y lo malo.

La discreción de Carlos Rodríguez es una de sus grandes virtudes. Su humildad, su calma aparente, los pies en el suelo. La entrega más difícil del Tour de Francia es la que está por llegar, que consiste en confirmar que las esperanzas que has despertado son reales. Que el humo es carne y hueso, vamos. Ineos vio tarde la jugada, pero la vio. Una joya de este calibre por la que se apostó tanto no puede regalar sus huevos a otras cestas. En traducción ciclista, que el señor Rodríguez Cano se tenía que quedar costase lo que costase. Y así fue. Los sueños belgas despertaron en un proyecto con multitud de bajas, ningún alta y un proyecto por reconstruir.

Llegó la reacción a tiempo y ahora el plan incluye otra fase, que es asignar las piezas a cada pelea. Egan Bernal sueña con la triple corona y reservará muchas plumas para la Vuelta a España. Geraint Thomas quiere volver a besar el santo en el Giro de Italia. Nadie discute que Carlos Rodríguez no sólo regresará al Tour, sino que lo hará como abanderado de los británicos, dorsal uno y toda la intención de escribir historia. La clásica reticencia de este proyecto a basarse en talento que no fuese anglosajón ha tenido que enterrarse en un cajón por el momento. Mientras Tom Pidcock no dé saltos (fuera del MTB y el CX, me refiero), los hermanos Hayter no den pasos y los Turner o Tarling no giren su carrera 180º, la apuesta se llama Carlos y se apellida Rodríguez.

El maillot blanco y el factor Ayuso

Con Tadej Pogačar subiendo de categoría y de rango, el siguiente favorito lógico a esta clasificación debería ser el líder de Ineos-Grenadiers. Segundo en la clasificación de los jóvenes en 2023 a casi seis minutos de la bandera eslovena, es su turno de recuperar para España un maillot que no ha lucido en 17 años. Si lo hace, es buena señal para él mismo en primer lugar. Tendrá rivales más que interesantes. El primero de ellos, un joven que pondrá el pie en el Tour por primera vez y que responde al nombre de Juan Ayuso. Las cábalas del alicantino tendrán que esperar, puesto que la llegada de su teórico líder del Giro de Italia le añade un puñado de galones con el manido «resérvate por si acaso».

Comparte sueños con la ambición de Joao Almeida, quien también se estrena en Francia. El portugués y el español tienen el hándicap de luchar en la semifinal entre ellos cuál de los dos sucedería al rey de UAE en caso de abdicación. Esa distracción conviene a Carlos, que tiene una edición de experiencia en el Tour más que ellos. El poder de atracción de Juan Ayuso es magnífico. Es más joven, más ganador, tiene más palmarés, y a poco que brille, sonará más que el de Ineos. Este hecho le restará ruido por parte de la prensa española, ávida de nuevas ilusiones patrias que vender a un aficionado cada vez más apagado.

Mikel Landa también tiene cita con el Tour. La adoración por el escalador vasco se demuestra en cada foto viral. También Enric Mas, con el único equipo español (Movistar) detrás. El balear acostumbra a generar mucha atención a su alrededor, en ocasiones positiva, en otras menos. Si estos árboles no dejan ver el bosque, significa que el plan estará funcionando a la perfección. Ese juego al escondite es la opción que tiene un joven nacido en la costa de Granada para hacer más llano el camino hacia sus objetivos. El Tour es una carrera muy complicada, pero uno de los aspectos más difíciles es el mediático. Motivos hay para ser optimistas con estas vías de distracción para la prensa española.

El Tour

La realidad les trajo aquí, y ahora el reto es competir con este muchacho nacido en febrero de 2001 (23 años durante el 90% de 2024). Competir ante un ramillete de candidatos con aspiraciones que tienen más magnetismo que el español. Lo cual es la mejor noticia posible para el plan de Ineos, que es pasar desapercibidos entre comentario que va y que viene sobre la lucha entre Jonas y Tadej, con Primoz y Remco mirando el trono a lo lejos. Carlos tiene muy difícil aspirar a ganar, pero aspirar, como caerse, sufrir y levantarse, es también humano. En la sombra, al acecho. Ése es el plan. Nadie habla de él como candidato a todo y lo es.

Se espera un Tour táctico, con equipos que se van a volcar en controlar barra descontrolar. En esa guerra se puede dar un río revuelto donde la ganancia es siempre para los pescadores. Con todas las diferencias, en 1991 se esperaba un Tour entre LeMond y sus viejos rivales y sucedió lo que sucedió. En 2007 se esperaba un duelo entre Valverde, los Astana y algún otro y acabó siendo la inesperada batalla de Contador y Rasmussen, expulsado por Rabobank de amarillo a poco de consumar la segunda victoria danesa en el Tour. Ahora se espera a un danés y a un esloveno en Mónaco, escenario totalmente atípico que espera desenlaces de la misma tipología.

Carlos Rodríguez debe mostrar la solidez que le caracteriza. E ir esquivando las trampas que encontrará, como la locura italiana, la primera montaña, que se presume más leve de lo que acabará siendo, el sterrato, las cronos… Será una auténtico campo de minas del que únicamente (como si se tratase de un objetivo sencillo de completar) hay que sobrevivir. Las famosas frases de las vueltas de tres semanas deberán estar más presentes que nunca, porque este Tour se gana en la última semana, pero se pierde en las dos primeras. El tipo de final en alto de esta edición añade más posibilidad al español de repetir un resultado satisfactorio.

¿Por qué? Porque los puertos clave se encontrarán lejos. Hará falta mucha valentía y si las fuerzas acompañan seguro que habrá más de un tren al que subirse. Tanto para defender como para pasar a la ofensiva, con el destino de llegar a la última montaña con opciones. Y allí, sálvese quien pueda. Finales como La Couillole le vienen como anillo al dedo: rampas largas, sostenidas y no excesivamente duras. Las batallas se jugarán muy de lejos o al final. Si está a su nivel, estará ahí. El modelo Escartín, ese ciclista oscense que no destacaba mucho, pero siempre estaba. El peso y la ayuda de la historia a través de modelos que ya funcionaron veinticinco años atrás.

Conclusiones

El cuento de la lechera tiene poco sentido si en el día a día todo se va al garete. Conviene medir muy bien los pasos y demostrar buen nivel en todas las carreras que cuenten con su presencia en la línea de salida. En 2023 pisó el top ten de todas las vueltas por etapas en las que participó, señal más que inequívoca de que el nivel de Carlos Rodríguez era altísimo. Ese brillo controlado, sin estridencias, dejando que la fama y los titulares cayeran en el saco de otros. La mayor distracción y foco que vivió este ciclista fue el precontrato firmado con Movistar, ese runrún que copó la actualidad durante meses y que finalmente se resolvió con la permanencia en Ineos.

Lo importante será que el español alcance la orilla de Florencia en buenas condiciones físicas. A partir de ahí, a jugar con todos estos elementos y, sobre todo, a dejar que el desgaste de dar la cara le pase factura a otros. Ese cálculo de aparecer en el momento oportuno, de la puerta contigua cuando nadie miraba, es un gran valor. Las esperanzas gaseosas de primera semana (véanse casos de ciclistas que parecen héroes en la primera semana y en las dos últimas se diluyen como azucarillos) deben dejar paso a un ciclista seguro, confiado y esperando agazapado. Es cierto, no obstante, que sus dos participaciones de tres semanas se han completado con un rendimiento de más a menos, donde la tercera ha pesado.

Pero seguro que la madurez, la preparación y, sobre todo, el buen hacer de un equipo serio, bien trabajado, con un apoyo incondicional y un ramillete de españoles que alcanza cada vez más al equipo técnico, llevarán este barco a buen puerto. Por él han peleado y apostado duro, toca ahora trabajar por él y convertirle en la bandera que todo el mundo espera que sea.

Fotos: Ineos, Eurosport, ASO