Involución y evolución del ciclismo femenino en España

Si hoy mismo escribiéramos y guardásemos en un sobre nuestra predicción acerca del devenir del ciclismo femenino español dentro de cinco años, transcurrido el lustro, ¿nos habríamos acercado con nuestras previsiones? ¿Habríamos sido excesivamente optimistas o no habríamos pecado de conservadores?

Planteémonos ahora la situación desde la perspectiva opuesta. Estamos a comienzos de 2024 con el ciclismo femenino español en una situación cierta o conocida. ¿Habríamos previsto este escenario un par de lustros antes? ¿Lo hubiéramos firmado hace apenas diez años? ¿Lo firmaríamos ahora?

El año 2014 comenzaba impregnado por el aroma de los mundiales de ciclismo en carretera de Ponferrada. La cita mundialista de la burbuja predominaba en el horizonte del calendario nacional. Fueron los primeros campeonatos del mundo en carretera – además de en los que se estrenaba la retransmisión televisada de la categoría junior. Aunque Richmond nos privó del transcontinental Dygert – en los que se empleaba la denominada burbuja, juntar todos los edificios o espacios en los que era necesario el estar acreditado dentro de una misma zona para poderse mover libremente en esta zona, facilitando tanto el tránsito como el control.

Pero también fueron los campeonatos de la burbuja. En alusión a la situación económica mundial y local (dejemos al margen en este artículo la causa judicializada por sospechas de corrupción y malversación). Por el estallido, primero, de la burbuja de las hipotecas subprime. Y, después, ya en un segundo momento, justo durante o tras la designación de Ponferrada como sede mundialista, del estallido de la burbuja de las primas de riesgo o crisis de la deuda soberana.

¿Quién hubiera afirmado que la entonces campeona de España en línea, Ane Santesteban, no iba a vestir el maillot de un equipo inscrito en la RFEC hasta dos lustros después y que desde entonces no iba a volver a subirse al cajón más alto del podio -ni en los campeonatos nacionales-? Hay datos que, sin duda, ilustran, apoyan o nos sirven para describir cómo se ha comportado la economía o el deporte. O cómo han cambiado éstos y otros, que sin duda no son el fiel resumen de la realidad, que por sí solo dejan muchos aspectos o matices por el camino.

¿Alguien se hubiera atrevido a afirmar que Santesteban sería a lo largo de esos dos lustros y en la actualidad una de las mejores corredoras españolas sin haber conseguido reeditar o estrenar su casillero de victorias? Volviendo al leitmotiv</em>, el aficionado español tenía (o al menos yo) en aquellos una visión manriqueña del ciclismo femenino. No nos referimos al arquitecto y artista conejero, sino al literato. En tanto en cuanto, cualquier tiempo pasado parecía mejor. Aunque también peor (en el recuerdo está la espantada pequinesa de Maribel Moreno y su motivación).

La sombra de Joane Somarriba era alargada. Y aunque desde su retirada habían sido varias las ciclistas (de su generación y la inmediata posterior) que habían trazado pinceladas de genialidad  – en el ámbito internacional. Tanto en la carretera como en la pista (Ruano, Vilajosana, Iturriaga, Pascual, Olaberría…) el cambio generacional y el declive en apoyo institucional y privado se hizo sentir como un abismo.

Llevábamos desde 2008 sin celebrar los brazos en alto de ninguna corredora nacional en competición internacional. Quizás en ese momento depositábamos las esperanzas a partes iguales en una generación de ciclistas sub-23 como Sheyla Gutiérrez, Dorleta Eskamendi o Eider Merino. Y la de las ciclistas élite o absolutas ya consagradas como Anna Sanchís, Ane Santesteban, Belén López o Anna Ramírez.

Ponferrada no fue un fracaso, pero tampoco el éxito que hubiéramos querido celebrar. Sin embargo, no hubo que esperar demasiado. Solo tuvimos que acercarnos al cuarenta del mayo siguiente. De las lágrimas derramadas en la Avenida Asturias de la capital berciana al júbilo en las rampas de la Cote de Cadoudal en el GP Plumelec-Morbihan. Sheyla Gutiérrez nos había embriagado de ilusión cuando se abrazó al sueño y apelativo del arcoíris en sus años de junior. Plumelec no fue la meta, sino el primer gran éxito internacional que comenzó a sacar del letargo a aficionados y corporaciones tras un lustro de involución teñido también con los distintos apellidos de la palabra crisis.

La «leona jipi» rugió nuevamente en Le Samyn 2017, haciéndose con su primera clásica belga. Y ese mismo año terminó por cortarse la coleta en Baronissi en el Giro Rosa, rompiendo una sequía de once años sin victorias españolas en la principal ronda por etapas del calendario femenino. Llamaba a la puerta de corporaciones recordándoles que el ciclismo femenino era una empresa rentable. Más bien insistía o demostraba que lo suyo años atrás no era mera insolencia cuando, como contaba Carlos Arribas en El País, abordó a Eusebio Unzué tras su segundo mundial junior: «Acabo de terminar séptima en el Mundial. Necesito un equipo para seguir creciendo. ¿Por qué no organizas un equipo femenino? Con cuatro duros lo hacías».

Justo un lustro después de aquel encuentro, Unzué, al fin, abrazó el ciclismo femenino. Cuando en agosto de 2017 Fran Reyes revelaba en The Cycling Podcast que Abarca Sports y Movistar iban a crear un equipo femenino las reacciones no se hicieron esperar. El anunció se acogió con entusiasmo. La llegada de la estructura ciclista y la empresa telefónica suponía el espaldarazo definitivo. Al fin un pequeño grupo de corredoras españolas – junto a algunas extranjeras – tendrían la oportunidad de dedicarse plena y profesionalmente (no a nivel federativo y, por tanto, fuera de la Seguridad Social) al ciclismo y desarrollar su verdadero potencial sin la necesidad de arriesgar lo cierto por lo incierto en busca de fortuna en el extranjero.

La expectación mediática aumentó. Y con ello se generó un momento de inercia con el que cada vez más aficionados, medios y empresas se interesasen favoreciendo la aparición de nuevos equipos en ciclismo femenino, así como algunas carreras ciclistas. Sin embargo, también hubo algunas voces que criticaron  – aunque tímidamente – las formas o modos un tanto destructivos empleados en su irrupción. Eso se debió a que, al igual que bastantes equipos y patrocinadores masculinos que se unieron al ciclismo femenino en este último lustro, en su llegada no se vincularon o apoyaron en los equipos o proyectos que a lo largo de los años habían cimentado y posibilitado la existencia y desarrollo del ciclismo femenino.

Y, por otro lado, a que con los tiempos y fechas – que parecieron un tanto improvisados – en que anunciaron su llegada al pelotón desestabilizaron y trastocaron la planificación deportiva de los otros dos equipos existentes en el pelotón internacional español (Bizkaia-Durango y Sopela). El revulsivo de la llegada de Movistar también se sintió en el calendario. Surgieron nuevas carreras y otras masculinas comenzaron a organizar también pruebas femeninas paralelas o independientes. Hemos visto cómo la ReVolta, la Challenge de Mallorca, Extremadura, Almería, Navarra, Éibar, Andalucía o Itzulia han hecho que se incrementen notablemente los días de competición en territorio español dentro del calendario internacional.

Sin embargo, también hemos visto cómo la decana del pelotón español, la Emakumeen Bira, desaparecía. Entre todos la mataron y ella sola se murió… Primero la UCI la vilipendió requiriéndola cambios de fechas para situar otras pruebas en sus fechas tradicionales y dejándola fuera del circuito World Tour. La puntilla se la clavaron las instituciones y televisión vascas. Privando de mayores (o menos desiguales) apoyos tanto económicos como en las retransmisiones. Mientras han seguido brindándoles a algunas organizaciones que han desacreditado el ciclismo femenino (como la Itzulia).

Con el reciente cambio de año, ha entrado en vigor la nueva normativa de la RFEC (de quien al final depende el ciclismo femenino español) con la que las ciclistas inscritas en un equipo UCI continental femenino en la RFEC pasan a ser profesionales. Con todo lo que supone e implica, contratos laborales a tiempo completo, SMI y afiliación y cotización a la Seguridad Social. La profesionalización, a pesar de ser extremadamente necesaria, ha tenido efectos disruptivos. A pesar de que se pospuso la entrada en vigor del cambio normativo un año, el incremento presupuestario por los costes salariales ha sido inabarcable para muchas estructuras.

De los nueve equipos españoles que han terminado el año con licencia UCI, solamente Movistar (WWT), Laboral Kutxa-Fundación Euskadi e Eneicat cumplirán con los requisitos de profesionalismo. Y contarán con licencia Continental UCI Femenina (Movistar no, es WWT). Soltec ha buscado los papeles fuera, en Panamá, para mantener la categoría a toda costa. Farto-BTC, Massi-Tactic y Río Miera-Cantabria Deporte saldrán a las carreteras con licencia nacional. Y la peor parte la tenemos en los dos equipos más veteranos del pelotón nacional. Bizkaia-Durango y Sopela Women’s Team han desaparecido. Los precursores del crecimiento y del momento actual del ciclismo español han dicho adiós al finalizar 2023.

Cabe recordar que el Bizkaia Durango se formó en los últimos años de la época dorada de Joane Somarriba. El fin era competir en las grandes pruebas por etapas internacionales con un equipo plenamente al servicio de la campeona vasca. Y que continuó hasta nuestros días formando numerosas corredoras españolas y algunas internacionales.

Soy de los que piensan que es terminar por llover y salen las setas. Pero que nuestro deporte tiene una estructura bastante débil frente a cualquier perturbación o crisis. Y que cuando se pierden las bases se corre el riesgo de que ante una eventual caída no haya dónde amortiguar la caída. Y solo quede el abismo. Quizás se podría haber incentivado o bonificado parcial, temporal y decrecientemente los costes salariales surgidos tras el cambio normativo.

No se puede conectar los puntos mirando hacia adelante. Sólo resulta posible conectarlos mirando hacia atrás. Está claro que mirando hacia atrás podemos ver por qué ha sido posible el crecimiento del ciclismo femenino español. Gracias.

Fotos: RFEC / SresSmith // Getty / Movistar