Marco Pantani (parte IV): el fin de una era (2001-2004)

Era el fin de Pantani. Enfangado en juicios y acusaciones de dopaje, la sombra de los valores elevadísimos de hematocrito que fueron presuntamente tomados por el hospital al que Pantani acudió después de la caída sufrida en Milán-Turín del año 1995. La llama de Marco se iba apagando, encadenando retiradas en el Giro y la Vuelta de 2001. Se conformó el treno del Mercatone, aunque en sentido muy negativo, con todos sus componentes esperando al ‘Pirata’, escaldado en cada cuesta. En 2002 volvió a abandonar el Giro. La historia parecía acabada, el gran Pantani no iba a regresar jamás. Y era un pensamiento que tenía mucho de verdad.

El italiano pensó en una última ocasión para redimirse. En 2003 se celebraba el centenario del Tour de Francia, y el morbo era máximo por ver al mejor Pantani de vuelta en el mejor marco. Se había granjeado algunos enemigos, pero podía ser una bonita forma de decir adiós al primer plano del ciclismo. La intención era doblar Giro y Tour. En la primera, mostrando una notable mejoría, anduvo con los mejores en la ahora mítica cumbre del Monte Zoncolan. Esa edición de la ronda transalpina descubría esta montaña y allí triunfaría el dominador del momento, Gilberto Simoni. Garzelli, su ex compañero, era el gran rival del trentino. En lo duro de la subida, Pantani resistía con ambos, entre la locura desatada de la hinchada italiana.

Pantani había demostrado que, cuanto menos, no había que darle por desaparecido. Visto el historial del ciclista, ¡cómo hacerlo! Tras esa etapa se ubicaba noveno en la general, a más de 4 minutos de la maglia rosa, pero dando sensación de ir a más. Resistió en Alpe di Pampeago, de tan grato recuerdo para el de Cesenatico, y la contrarreloj de Bolzano, ganada por Aitor González. Mientras el alicantino y Simoni fantaseaban con plantar cara a Armstrong en el Tour. En esa crono, Pantani se clasificó entre los 30 primeros, cediendo tres minutos y media con el español. Unos dos minutos con Simoni, el líder. En 42 kilómetros no estaba nada mal para el ‘Pirata’.

Tres días más tarde llegaría la considerada por todos etapa reina. Y vaya si lo fue. La llegada, al pie del Agnello. Antes, dos colosos que no han regresado a la corsa rosa: Eisischie y Sampeyre. El primero consistía en gran parte de la ascensión a La Fauniera, que mitificó el propio Pantani en 1999. El segundo se encontraba congelado. Al estrecho y peligroso trazado del descenso había que añadirle nieve y hielo, lo que provocó mucha precaución y una caída retransmitida en directo por la RAI con Garzelli y Pantani cayéndose al suelo uno encima del otro. El primero salió raudo en busca de conservar su segunda plaza en la general. El veterano escalador tuvo más problema en volver a arrancar y cruzaría la meta a más de 16 minutos de Dario Frigo, ganador de la etapa. Pantani bajaba a la 14ª plaza de la general.

Restaba una jornada larguísima y llana con meta en Cascata del Toce. La subida final no era excesivamente dura, es cierto, y los capos controlaron bien para jugarse ellos el último botín de este Giro. Un sorprendente Pantani lo intentaba en el ascenso a meta, reprimido por los favoritos. En concreto, por Simoni, gran dominador de la carrera. En los últimos kilómetros, Marco volvería a arrancar, esta vez con muchas opciones de llevarse la victoria. Tomaba ventaja la calva, esta vez sin el acompañamiento de la perilla clásica. En última instancia, Simoni arrancó tan fuerte que dio alcance a Marco y le birló la etapa.

Pantani fue segundo y seguro que con el paso del tiempo, el ganador por aplastamiento de aquel Giro se arrepintió de no haber permitido una despedida a lo grande al gran escalador de Cesenatico. Era el último ataque del gran Pantani. No habría más, sería su última imagen en plena forma y con opción de regresar a ser aquel grande del ciclismo. Pero todo eso se esfumó de golpe.

Al poco de finalizar el Giro, Jean-Marie Leblanc, patrón del Tour, anunciaba que el Mercatone Uno no formaría parte de la caravana del Tour. Un golpe definitivo que no permitiría levantar cabeza al escalador italiano. Hubo intentos de otras escuadras como el Bianchi de Ullrich o el Vini Caldirola de Garzelli de incorporarle para disputar la ronda francesa, pero no hubo forma. Pantani volvió al abismo del que parecía haber salido una vez más. Nada más se supo de su regreso a la bicicleta. Se perdió entre noticias de ciclismo, la disputa del Tour, el resto de la temporada, etc. Todo hasta que llegó el fatídico día.

Era 14 de febrero, día de San Valentín, y de los enamorados. Pantani era encontrado en la habitación de un hotel en Rimini. Aparentemente una sobredosis acababa con su llama. La Gazzetta dello Sport reflejaba en su portada el dolor de un país. Los funerales fueron sonados en Italia, se acababa de marchar un campeón, un ciclista de otra época, un rebelde. Alguien que hizo creer que todo era posible. Siempre se le recordará como uno de los grandes escaladores de siempre, junto a su admirado Charly Gaul. 20 años más tarde podemos afirmar que de una u otra forma, Pantani sigue entre nosotros. Como pasa con los grandes de verdad, sus gestas nunca pasarán de moda. Grazie, Marco.

Fotos: RCS / CorVos