Cicloturismo: escalando al Moncalvillo, la subida más dura de La Rioja

Nos movemos a La Rioja, fuente de grandes vinos, como literalmente todo el mundo sabe. Pero también, y ahí es donde debemos trabajar un poco más, es una región productora de muy buenas subidas para el cicloturista. El Moncalvillo es considerado de forma unánime la subida más dura. Aunque no desmerecen otras como La Demanda, Bonicaparra o Valdezcaray, sobre todo si pasamos de largo en las instalaciones de la estación de esquí y continuamos hacia el pico de San Lorenzo, ya en tierra. Moncalvillo es el ascenso a una antena repetidora que se encuentra en los alrededores de Logroño. Su inicio se sitúa a escasos 15 kilómetros y, pese a dicha cercanía, conserva todo lo bueno de una ruta cicloturista, con poco tráfico por no ser un itinerario de paso.

El piso fue remodelado no hace demasiados años, adecentado además por el paso de la Vuelta a España. Las rampas, bastante importantes, ofrecen unas vistas impresionantes sobre el curso del río Ebro, que bebe del agua caída sobre estos picos, sobre la propia capital riojana y el mar de viñedos que acompaña siempre al paisaje en esta zona. Un mirador privilegiado que hará que el sufrimiento valga la pena. Para ello nos vamos a desplazar a Medrano. La carretera vendrá ascendiendo un par de kilómetros antes, pero aún restarán doce hasta la cima, con todo lo peor por pasar. Pasamos por Daroca, la pendiente ofrece descansos. Pero será sólo un espejismo, un cebo para que el cicloturista se confíe.

Conviene ir guardando en esos tramos, no nos calentemos. Poco después de haber pasado el desvío a mano izquierda que se encuentra de camino a Hornos de Moncalvillo, la pendiente entra en otra dimensión. Aquí el tráfico será prácticamente nulo. No bajaremos apenas del 9% en las medias kilométricas, salpicando rampas constantes que van del 11 al 14%. Hay algún tramo con arboleda, que en días calurosos se agradecerá. Al ser vertiente norte, el calor asfixia algo menos que en las vertientes sur. El asfalto es bueno, permite rodar bien y facilita en parte superar las durísimas rampas. Las vistas en todo momento son buenas. El cuello nos dolerá a partes iguales por el esfuerzo, pero también por los vistazos.

Tras siete kilómetros de infarto, alcanzamos las antenas. El Moncalvillo habrá merecido la pena, pero para disfrutarlo habrá que dosificarse muy mucho. Porque el final se hace un infierno si no se ha guardado algo de energía. Si elegimos añadir una ruta previa, cuidado con la alimentación y el agua. Un gel o un apretón de menos en algún repecho previo se puede agradecer. Porque Moncalvillo se hace más de lo que parece.

  • Rutas

Elegimos Navarrete como centro logístico. La localidad navarra tiene bastante vidilla gastronómica y tiene entidad para, si necesitásemos, poder elegir un hotel interesante para el descanso. Arrancamos utilizando un tramo de Nacional. Es cierto que habrá tráfico, pero si es fin de semana y elegimos horas tempranas de la mañana, debería ser menor la intensidad. Abandonamos esa carretera para alzarnos sobre el valle a través del ascenso a Clavijo por Albelda de Iregua. Tiene un tramo muy duro, pero uno aún más si decidimos escalar hasta la basílica.

Viene una zona cómoda primero y después una de falso llano ascendente. Hasta que alcancemos la base de La Rasa, el puerto intermedio de mayor entidad. Estaremos a mitad de ruta, por lo que conviene conservar fuerzas para lo que se avecina. Hay un tramo también muy duro pasado Muro de Cameros (qué buen nombre para ilustrarlo). Con rampas alcanzamos la cima y descendemos por un lado con tramos que permiten dar pedales. Ahora vendrá un tramo más cómodo, con tendencia descendente hasta las proximidades del Moncalvillo, punto final de nuestra ruta. Con el lógico descenso posterior hasta Navarrete, esta vez girando a la izquierda en el desvío de Hornos.

Ahora plantearemos una ruta que se va a los 227 kilómetros, con salida y llegada en Albelda de Iregua, sólo apta para absolutos locos de las cumbres. Son seis puertos, casi 5.000 metros de desnivel, esta vez por la Sierra de Cameros, y con la opción del postre del Moncalvillo. La Rioja en estado puro. Paisajes preciosos, vegetación, carreteras solitarias y pueblos muy bonitos. Subimos hasta Piqueras, esquivando el túnel, Santa Inés, Viniegras, Peña Hincada, con zonas duras, La Rasa, Clavijo y tenemos la opción de acabar la ruta en Albelda o continuar hacia Daroca y afrontar el peor de los platos.
Se pueden ir añadiendo variaciones o saltarnos alguno de los puertos propuestos. Las zonas de valle permiten pedalear favorablemente y eso, si sufrimos algún percance o el cansancio extremo nos acecha, facilita las cosas para desplazarnos hasta el punto de partida. Eso sí, si atravesamos La Rasa, habrá que o bien ascender de nuevo este puerto o ya esperarnos al Clavijo, bastante más abajo en el valle. ¡A disfrutar!

Fotos: PC