Remco Evenepoel entra en la historia tomándose la revancha

El día prometía ser legendario. Tadej Pogacar iba con todo a territorio enemigo, dispuesto a ser campeón del mundo de crono, en una disciplina en la que es claramente inferior a los especialistas. Creo que es similar a cuando intenta ganar Milán-San Remo o París-Roubaix, pero me atrevería a decir que incluso es una empresa más complicada.

Y no porque no sea un excelente contrarrelojista —que lo es— ni por la dureza del recorrido, que, aunque menos de la anunciada, era un recorrido duro (600 metros de desnivel en 40 km, es cualquier crono del norte de España). Me parece más complicado porque enfrente tiene, para mí, a otro gran genio del ciclismo: Remco Evenepoel. Considero que, con sus virtudes y defectos, Tadej Pogacar, Mathieu Van der Poel y Remco Evenepoel son los tres grandes genios de esta generación. Y lo mejor es que Remco y Tadej se citan en muchas de esas carreras.

Pero Remco en solitario es mucho Remco. Es el mejor contrarrelojista que he visto, y sin bici de crono, en solitario, creo que es todavía mejor. Una muestra es la Amstel Gold Race de este año persiguiendo a Tadej Pogacar. Me gustaría verle un mano a mano contra Van der Poel en alguna etapa en línea, ya que ha demostrado dominar las persecuciones individuales tanto como su amigo belga. Pero hoy nos vamos a centrar en las contrarrelojes.

La estadística, quitando su primer año de profesional, dice que de 40 participaciones ha ganado el 52%, lo cual no está mal. Pero, la verdad… esperaba un porcentaje mayor. La sensación que tengo es que el belga es imbatible. Pero también es cierto que aquí entran prólogos y cronoescaladas, así que el porcentaje real será sensiblemente mayor. El palmarés en contrarrelojes es realmente impresionante: campeonatos del mundo, campeonatos de Europa, Juegos Olímpicos, victorias en las grandes… casi nada.

Así estaban las cosas: Tadej Pogacar adentrándose en la boca del lobo. En las declaraciones previas me sorprendió ver a un Remco cauto, hablando de que si había decidido participar era porque sabía que podía ganar. Las apuestas estaban divididas; yo, personalmente, apostaba por el esloveno en la cita con la historia. Pero las cosas no suelen ser como espero, así que menos mal que no me gustan las apuestas deportivas.

Empezaba la crono, como comienzan las cronos de los mundiales, con los invitados de los países con menos tradición ciclista. No sé exactamente cuál es el criterio para la elección de los países participantes, pero los últimos años las medias de los países invitados han sido más bajas de lo habitual. La mayoría de los años las medias son superiores a los 34 km/h; en 2020 fueron 44 km/h, en 2021 39 km/h, y en 2022, 2023 y 2024 por encima de los 34 km/h. Este año, los dos últimos participantes no superaron los 27 km/h, y 12 corredores quedaron por debajo de los 35 km/h, lo cual es llamativamente dispar respecto a años anteriores. Sé que la media depende mucho del recorrido, y este era un mundial duro, pero en 2019 la media del ganador fue parecida y no hubo esas medias tan llamativas.

Vídeo: así ha doblado Evenepoel a Pogacar

No fue hasta que salió el futuro excompañero de Remco, Ilan Van Wilder, cuando vimos el primer tiempo serio de verdad. Pero, al ver que Luke Plapp, por ejemplo, se quedaba lejos, pudimos intuir el potencial del belga. Todo iba más o menos según lo esperado, con otro buen tiempo de Isaac Del Toro, en forma espectacular, hasta que llegó Jay Vine y todo saltó por los aires. El corredor aussie reventó el crono. Este tipo tiene muchísima calidad; no tiene tanto nombre como otros, pero es un lujo de corredor: para arriba es un cohete, y en la crono ya lleva dos años demostrando que anda muchísimo.

Esta última Vuelta y el Mundial lo corroboran. Tres victorias en la Vuelta y un segundo puesto en la crono, empatado a tiempo con Ganna, eran su carta de presentación para el Mundial. Sus primeros parciales fueron buenos, y el último, demencial, por delante de todos los participantes, incluido Remco Evenepoel. Ojalá en UAE le den más libertad, porque es una maravilla de corredor.

Llegaba el turno de los dos favoritos, y ya desde el inicio parecía presagiar un desastre para el esloveno. El mono que llevaba daba una sensación extraña, con dobleces en los brazos, lo cual no creo que sea tan importante como los 30″ que decía Alberto Contador, pero sí da una idea de la atención a los detalles de una selección y otra. En el primer tramo intermedio, Tadej respondió con el segundo mejor tiempo, por detrás de su compañero Jay Vine. Pero claro, faltaba el vigente ganador por pasar. Y pasó; pero muy poco tiempo después, en 15 km ya sacaba 45″ a Jay Vine. Locura. En Le Puncheur había división de opiniones: algunos opinábamos que el Mundial ya estaba decidido, y otros creían que había terreno duro para dar la vuelta a la situación.

Pero era ver al belga y no había posibilidad alguna de acercarse a su rendimiento. Volaba. Era absolutamente increíble ver su posición en la bici, la velocidad que demostraba, el plato de más de 60 dientes que llevaba… y su mono belga impoluto, a diferencia del de Pogacar. El segundo paso intermedio confirmaba el desastre: Tadej ni siquiera podía superar a su compañero Jay Vine y perdía más de 25″ con él. Poco después, cambiaron la cámara para enfocar a Remco, que venía en la subida absolutamente desatado. Entre los dos había solo 45″ de diferencia; empezaba a vislumbrarse una posibilidad: la de que Remco le devolviese la de Peyragudes.

Y así fue. En la última subida, Remco dio caza a Tadej y lo apretó hasta dejarlo atrás. La imagen es legendaria: Remco pasando a un Tadej que intentaba inútilmente agarrarse a la estela del belga, hasta que finalmente lo soltó en el terreno donde mejor se defiende el esloveno. Al final: Remco Evenepoel primero, con Jay Vine a 1’14», siendo el único que pudo competir con Remco, e Ilan Van Wilder como bronce; doblete belga / Soudal. Pogacar, medalla de chocolate, y un correctivo que no olvidará, al menos hasta el domingo, cuando se volverá a ver con un Remco en plena forma… yo no apostaría en contra del doblete.

Qué bonitas son las contrarrelojes largas, y es algo en lo que coincide prácticamente la totalidad de los analistas: la necesidad de darles valor en las grandes vueltas. Pero, por razones que no se han explicado al populacho, están en franca desaparición. ¿No sería bonito darle a Remco una crono de 40 km en el Tour? Le daría, cuanto menos, un aliciente extra. Desde aquí hago un llamamiento a Javier Guillén también: ya que dice que en la Vuelta es difícil enlazar subidas de entidad, tenemos llanura de sobra para hacer contrarrelojes largas. Piénsalo.

En definitiva, otra tarde legendaria de ciclismo. ¡Hasta el domingo!

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