Radiografía del ciclismo (parte II): las grandes vueltas

Accede a la primera parte pinchando aquí: Radiografía del ciclismo (parte I): Defectos del ciclismo ardenero.

Tomemos como ejemplo lo ocurrido en la última Vuelta a España: muchas estrellas y una sensación agridulce por la escasa combatividad en la lucha por el primer puesto. Twitter decidió que ganara Kuss, y sus compañeros y teóricos líderes del Jumbo-Visma le regalaron la victoria. Tal cual. Tres plazas ocupadas en el podio y el resto conformándose con migajas. Uno de esos fue Remco Evenepoel. Algunos sostienen que hizo una gran carrera a lo largo de la geografía española, y no se podría decir que su Vuelta fue mala. Pero rasquemos un poco más a fondo. Sin sus 20 minutos perdidos en la cima del Tourmalet, ¿hubiera ganado tres etapas y el maillot de la montaña? Seguramente no. Ganó tres etapas, pero ¿contra qué rivales? Siempre con la misma firma: aplastamiento. Merece elogios por su desempeño, pero, ¿qué pasó el día del Tourmalet?

Sprint Cycling Agency

Sin quererlo, vivimos en la piel del belga la radiografía perfecta del ciclismo de grandes vueltas. Remco Evenepoel se comportó ese día como un ciclista más: una vez que se dio cuenta de que no tenía opción de pelear por la general, subió piñones y comenzó a conversar animadamente con sus compañeros de grupo. Cuando muchos nos enganchamos al ciclismo, se luchaba por perder el menor tiempo posible. En otros deportes, esto sería impensable. ¿Una maratón con corredores que, al no tener opción de ganar, simplemente se relajan? ¿Qué sentido tiene eso en el deporte profesional? Imaginemos a un golfista tirando las bolas sin esfuerzo porque sabe que está lejos de ganar. O un tenista que deja de luchar cuando ve que el partido se le complica. O un piloto de Fórmula 1 que decide relajar el ritmo porque va a llegar último. Esto no se toleraría en otras disciplinas.

Pero eso es lo que ocurre en el ciclismo, donde una vez que un ciclista sabe que no tiene opción de ganar, reduce su esfuerzo, sube coronas en su bicicleta y escala los puertos con una actitud de paseo. Las reglas flexibles y controles relajados permiten que los ciclistas se relajen y busquen el menor desgaste. Hay cierta responsabilidad de los ciclistas, que deberían honrar más las etapas de las grandes vueltas. Y también responsabilidad de las organizaciones, que permiten este tipo de situaciones. ¿Qué son muchas etapas? Claro, ese era el mérito de llegar a París, Milán o Madrid. Ahora, se da por hecho que, salvo desgracia, todos llegarán. Un sprinter, por ejemplo, siempre encontrará la manera de superar las montañas si no abandona.

Al final, solo 10-11 ciclistas disputan realmente la clasificación general. Esto resta valor al top ten, una posición garantizada si mantienes un nivel homogéneo durante toda la prueba y evitas las explosiones o desfallecimientos. Solo necesitas mantener una distancia prudencial y aprovechar dos o tres fugas para estar entre los diez primeros. No para ganar, porque para eso tendrías que haber guardado energías antes, como otros ciclistas.

Chris Auld

Creo que el concepto está claro. Si además añadimos el hecho de que las etapas contrarreloj y los paseos finales se han reducido en kilometraje, el total de etapas en una gran vuelta sería como máximo 18. Una contrarreloj de 5 o 20 kilómetros, con los márgenes de control flexibles, se ha convertido en un día de descanso para muchos ciclistas. Antes, estos eran días de desgaste y separación entre los ciclistas de grandes vueltas y los demás. Ahora, no hay tanta distinción porque el nivel de esfuerzo ha disminuido. Sí, se rueda más rápido, pero en distancias más cortas, y con otras complejidades. Pero el hecho innegable es que vivimos las grandes vueltas más cómodas de la historia. Ver a los ciclistas llegar a París ahora no tiene la misma emoción que hace veinte años, cuando llegaban agotados, con un desgaste físico evidente.

Las justificaciones siempre son las mismas: el dopaje, que quienes opinan no han sido ciclistas profesionales, o que estamos siendo demasiado críticos. El ciclismo evoluciona y cambia, y con él, las etapas más cortas y la supuesta mayor intensidad. Pero esa intensidad solo se aplica a unos pocos que disputan todas las etapas. El resto del pelotón vive las grandes vueltas en un umbral entre lo anónimo y lo cicloturista con sueldo. Pero el problema siempre será quien señala el problema, como suele ocurrir.