Entre el confeti, las hojas secas y amarronadas asomándose al horizonte, las loas a Tadej Pogacar por su merckxiana temporada, el hype del gravel y demás distracciones que encadena el ritmo vertiginoso del paso de la actualidad ante nuestros ojos, queda en el olvido el fallecimiento de Muriel Furrer, la jovencísima ciclista suiza que falleció durante los Mundiales de Zúrich. El accidente, cuyas causas no están ni mucho menos esclarecidas, sigue latente. Poco a poco se suman voces a la reacción contra el segundo plano que esta tragedia ha ocupado sin apenas recorrido.
Sí, no es Gino Mäder, ciclista también suizo que formaba parte del World Tour y cuya muerte ha sido muy sentida dentro del mundillo. Tampoco era una de las ciclistas top del circuito femenino. Pero, además de ser una vida que tiene o debería tener el mismo valor, es una representación de cualquiera que toma la salida en una competición. Porque todos podemos ocupar ese lugar, nadie está libre de vivir en sus carnes un accidente tras la asunción de riesgos que de por sí encarna el ciclismo, más aún si es el de competición.
A algunos se les llena la boca de demagogia a destiempo, de valentía ante el débil (en realidad, no hay nada más cobarde), en torno a la seguridad de los ciclistas profesionales. Es en momentos como este en el que debería haber un mayor número de banderas alzadas contra tragedias que con probabilidad podrían haber sido evitadas. Los accidentes son pan habitual, pero consecuencias como las que sufrió desgraciadamente Muriel no, ni deberían serlo. Sin embargo, no se escuchan esas voces alzadas ante situaciones que de no tomar medidas se pueden volver a repetir.
Se perdió una vida, la de una joven de 18 años y parece que debe ser tomado como una hoja más de un cuaderno ya demasiado amplio. Porque, pese a la prudencia que se deba sostener con un caso que está siendo oficialmente investigado, todo indica a que fue clave en el fatal y triste desenlace el tiempo que tardó en ser rescatada del interior de un bosque en el que el frío y la lluvia fueron malos compañeros.
Esa reacción tardía pone en solfa la efectividad de las carreras profesionales a la hora de prevenir y curar. Más aún cuando se trata de un circuito cerrado, un territorio acotado por el que se transita en varias ocasiones y que, más aún que en un recorrido lineal que une dos puntos en la geografía, debería permitir más fácilmente el control de ciertas situaciones. La seguridad debería ser lo primero, dicen algunos con razón. Pero una ciclista desaparece durante una hora y es encontrada a merced de su suerte.
Si esto sucede es que había algún cabo suelto, que debe saltar alguna responsabilidad (no pasará) y que debería haber alguna consecuencia que encamine al ciclismo hacia un escenario donde la seguridad no vuelva a estar nunca por debajo de ninguna otra prioridad. Lo que se suele decir: que al menos la tragedia sirva para evitar las siguientes. Pero la sensación que queda es que nos volveremos a ver.
Lo más preocupante es el silencio, el olvido. También la mala elección de los momentos. Sí, protestas y recortes en etapas con condiciones climatológicas difíciles, normalmente por frío o lluvia. El ejemplo mas cercano, ayer en Tre Valli Varesine. Pero nunca se alza la voz por calor extremo, nada peligroso para el organismo, como todo el mundo supone. Sin embargo, cuando hay razones más que sobradas y podría existir un consenso en la justicia de una causa, solo silencio, normalidad.
Todo procede de unos liderazgos que no son tales, de unas direcciones que no son más que movimiento en redondo y que nos depositan una y otra vez en la misma casilla de salida. No hay forma de entender que un colectivo como el ciclista, tan débil en concepto, y amenazado por el tráfico rodado incluso en carrera (Flecha, Hoogerland, Porte, Sagan, Van Avermaet y compañía saben de lo que hablo), así como por ciertas circunstancias no luche más por encontrar soluciones a situaciones en las que el pellejo que está en juego es el suyo propio.

La seguridad total no existe, es evidente. Pero con la desgraciada tragedia de Furrer se demostró que el grado de control es igual a cero. Que incluso en una prueba que se supone de la máxima categoría puede suceder lo inimaginable. ¿Cuánto tiempo pasó hasta que se dieron cuenta de que faltaba una ciclista en carrera? ¿Acaso solo importan las pruebas reina? Eso en un mundo (y mundillo) donde las aplicaciones de rutas están a la orden del día y casi lo que no se registra en ellas no ha existido.
Por ejemplo, que la bicicleta de la categoría de Furrer no tenían localización GPS. Debido a esa ausencia no pudo ser encontrada con mayor celeridad. Puede ser, pero es un extremo aun por confirmar. Lo podemos ver incluso en grandes carreras, donde el dispositivo de cabeza de carrera es majestuoso e imponente. Sin embargo, los grupos que circulan muy por detrás de los mejores van con lo puesto, que en ocasiones es el ciclista de al lado y el público, en caso de haberlo en muchas fases de las etapas.
El caso es que sean cuales sean las respuestas, se debe centrar el sentido común en utilizar una tragedia espantosa para convertirla en un trampolín que impulse una mayor seguridad en las carreras, sin importar que pertenezcan a categorías inferiores o a la élite, que sean masculinas o femeninas. La investigación está en curso y se determinarán las causas del accidente y los detalles del mismo. Por ello, prudencia. Pero hay un hecho incontestable y parece que objetivamente confirmado: el tiempo de rescate por parte del helicóptero se acercó a las dos horas. Demasiado.
La llegada temprana al centro hospitalario era capital, pese a la llegada previa de los servicios de emergencia, de forma rápida según las autoridades suizas. Aunque, claro, aquí cabe plantear la duda de la relatividad de esa respuesta temprana, que imaginamos sucedería una vez se dio la voz de alarma, algo que presuntamente tardó en suceder.
La teórica ventaja de celebrar la carrera en un circuito es concentrar las zonas de atención y poder dar de sí mucho mejor como evento. El Campeonato del Mundo es la competición reina del ciclismo y debería ser un ejemplo de seguridad y de coordinación entre equipos de rescate y los miembros de la organización, así como los ciclistas y todo lo que les rodea. Las tragedias sucederán, sí, pero si el esfuerzo sirve para reducir una víctima, ya habrá merecido la pena. No puede quedar la sensación de que en cada carrera los ciclistas se juegan el bigote sin red alguna que sujete sus suertes.
Existe una reglamentación que prevé muchas situaciones, como vimos en el propio Tour de Francia y en muchas otras pruebas donde la carrera se para si las ambulancias no dan para cubrir unos mínimos de seguridad. Pero si estos parámetros siguen ofreciendo lagunas, tendrán que sentarse las personas competentes en dicha materia para seguir evolucionando hacia la mayor seguridad posible en las pruebas ciclistas.
Se dice que es recomendable que cuando un ciclista sale a la carretera o al monte evite hacerlo en solitario. Los imprevistos que puedan acontecer son muchos. Sin embargo, como hemos podido comprobar en este caso, en el ciclismo de competición se pueden vivir esos mismos peligros e incertezas. Las organizaciones, se llamen como se llamen, deberían paliar este déficit o revestirlo de tal forma que los protagonistas no vuelvan a ser la casualidad o la excesiva tardanza en poner remedio a una situación de extrema gravedad. Mirar para otro lado y las autojustificaciones sólo acabarán por traernos a ese viaje en redondo en dirección exacta al mismo lugar. Al tiempo. Por el momento, y como comentan algunos participantes en el propio Mundial, lo más inquietante es el silencio general.

Nacido en Madrid el 2 de abril de 1986, Jorge Matesanz ha pasado por ser fundador y director de proyectos como Revista Desde la Cuneta, Tourmalet Magazine o High Cycling, además de colaborar en otros proyectos como Palco Deportivo, Plataforma Recorridos Ciclistas o Con el Plato Pequeño. Tras más de 15 años dentro del mundo del ciclismo, llega el momento de fundar Le Puncheur junto a Sergio Yustos y seguir acercando artículos de opinión, casi siempre sobre ciclismo profesional.