Lo de Mol ha sido un jarro de agua fría, pero a estas alturas, desgraciadamente, a nadie le pilla ya por sorpresa. Ver a Wout van Aert en el suelo, con el tobillo roto y una operación programada para el sábado, nos deja esa sensación de déjà vu que tanto odiamos en el ciclismo. Iba a por todas contra Van der Poel, como siempre, y ha terminado en la ambulancia, como demasiadas veces. Con Wout pasando por el quirófano casi de urgencias. Adiós a la temporada de cx. Preparación al garete en ruta.
Es difícil explicar lo de este chico sin pensar que le ha mirado un tuerto. Van Aert tiene piernas para ser el mejor de la historia, de eso no hay duda, pero su carrera se está convirtiendo en una carrera de obstáculos donde, cada vez que coge velocidad de crucero, algo o alguien se le cruza en el camino. No es que pierda, es que la mala suerte se empeña en sacarlo del tablero.
Si echamos la vista atrás, la lista de infortunios da para escribir un libro de terror. Todo empezó a torcerse de verdad en aquella crono del Tour de 2019 en Pau. Parecía que se iba a comer el mundo y terminó enganchado en una valla con el muslo abierto. Fue el primer aviso serio: el talento sobraba, pero el camino iba a ser un campo de minas.
Y luego están las Clásicas, su terreno sagrado, donde parece que tiene una maldición. Aún duele acordarse de la Roubaix de 2023, cuando reventó la carrera en el Carrefour de l’Arbre, dejó seco a Van der Poel y, justo ahí, pinchó. Una avería mecánica le robó la gloria. Pero peor fue lo de la primavera de 2024. Se había pasado el invierno sacrificando carreras para llegar como un avión a los monumentos, y en A Través de Flandes, a dos días de la verdad, una caída horrible a toda velocidad le mandó al hospital con la clavícula y las costillas rotas. Adiós a Flandes, adiós a Roubaix y adiós a la ilusión de toda una temporada.
Por si fuera poco, cuando parecía que remontaba el vuelo a finales de ese mismo 2024 en La Vuelta a España, siendo el rey absoluto con el maillot verde y ganando etapas como quien va de paseo, se fue al suelo bajando Collada Llomena. Otra vez la rodilla destrozada, otra vez sangre y otra retirada cuando era el más fuerte del pelotón.
Ahora, arrancamos 2026 con otro golpe en Mol. Es desesperante ver cómo un corredor con ese motor y esa clase tiene que estar más tiempo en rehabilitación que en el podio. El ciclismo le debe una, y de las grandes. Wout volverá, porque es de granito, pero ojalá la próxima vez que escribamos sobre él sea solo para contar cómo ha levantado los brazos, y no para repasar otro parte médico.

Soy Álvaro Ruiz, un amante del ciclismo que encuentra en cada carrera una historia fascinante. Mi objetivo es compartir con ustedes esas historias de esfuerzo y dedicación que hacen del ciclismo un deporte tan especial.

