El domingo que el ciclismo español necesitaba

El domingo que el ciclismo español necesitaba

Hay domingos que no cambian el rumbo de una temporada ni resuelven debates estructurales, pero sí ordenan el relato. Te permiten mirar lo que está pasando con algo más de perspectiva y entender que, quizá, el proceso va por donde debe. El ciclismo español necesitaba uno de esos días. Y lo encontró, casi a la vez, en Andalucía y en Portugal.

No es habitual que dos vueltas de este nivel caigan el mismo fin de semana del mismo lado. De hecho, solo había ocurrido una vez antes, en 1999, cuando Melcior Mauri y Javier Rodríguez ganaron la Volta ao Algarve y la Vuelta a Andalucía. Más de dos décadas después, el guion se repitió con otros protagonistas y otro contexto, pero con una sensación reconocible: hay presente y hay futuro.

Empiezo por Iván Romeo. Porque así lo marcó la carretera. Y porque, siendo mi paisano, el seguimiento siempre tiene un matiz distinto.

La Ruta del Sol no se gana esperando. Romeo la empezó a construir el día que leyó mejor que muchos el momento de la carrera, filtrándose en una escapada decisiva junto a Andreas Leknessund. Fue una acción de olfato, no de desesperación. Entender cuándo el movimiento es el correcto y tener piernas para sostenerlo. A partir de ahí, tocó defender con cabeza una general que no perdona errores. Y lo hizo. Arropado por su equipo.

Pero Andalucía no es un caso aislado, ni un punto de partida. Es una consecuencia. Antes llegaron muchas señales. Romeo fue campeón del mundo sub-23 contrarreloj, subcampeón europeo en ruta o ganador de etapa en el Tour del Porvenir. Ya en el World Tour, se vistió de líder en el Critérium du Dauphiné tras ganar una etapa desde la escapada, confirmó sensaciones proclamándose campeón de España y firmó un Tour de Francia más que notable, dejándose ver en escenarios donde no basta con tener motor: hay que tener intuición, lectura y personalidad. Y esto no trata de relatar su nivel, porque podríamos seguir mencionando momentos y victorias.

Da igual si dentro de unos años termina siendo vueltómano, clasicómano o algo intermedio. Eso es secundario. Lo importante es el ciclista que está demostrando ser hoy: valiente, fiable, inteligente y capaz de interpretar la carrera cuando se desordena. Y eso, a esta edad, es un valor enorme.

En Portugal, el relato fue diferente, pero igual de relevante.

El domingo que el ciclismo español necesitaba
El domingo que el ciclismo español necesitaba | Imagen AFP

En el Algarve, Juan Ayuso ganó desde la jerarquía. Cuando la carrera se decidió en el Alto do Malhão, fue el mejor. Y lo fue frente a una generación que empuja con fuerza. Entre ellos, un Paul Seixas que representa ese ciclista generacional que llevamos tiempo esperando y que, de momento, solo está mostrando de lo que es capaz. Veremos si no le pesa en exceso llevar toda la carga de un país a sus espaldas.

La victoria tiene además un peso específico. Es el primer gran golpe de Ayuso con Lidl-Trek, un triunfo que da sentido inmediato a su cambio de equipo y que ayuda a situarlo dentro de su nuevo ecosistema competitivo. No quiso esperar, y fue directamente en su debut donde demostró su hambre de victoria y su capacidad para brillar en cualquier escenario: buscó bonificaciones, peleó la contrarreloj y levantó los brazos en la jornada decisiva.

Ayuso no aparece de la nada, no tengo que presentar a quién ya conocemos. En 2022, en su primera gran vuelta, fue tercero en la Vuelta a España, un podio que marcó su entrada definitiva en la élite. Desde entonces ha ganado generales que no están al alcance de cualquiera, como la Tirreno-Adriático o la Itzulia, acumulando victorias, experiencia y jerarquía. Quince años después de que Alberto Contador fuera el último español en ganar el Algarve, vuelve a colocar ese nombre en una lista que exige nivel real. Las piezas parece que poco a poco empiezan a encajar sobre un puzle que esperábamos disfrutar pronto.

No entiendo el ciclismo por banderas, nunca lo he hecho. Pero tampoco soy ajeno a lo que significa ver ganar a corredores cercanos, que representan una manera de correr y una generación que empieza a sostenerse. Y, sobre todo, no se trata solo de ellos. Romeo y Ayuso son referencias visibles, pero detrás vienen más: Raúl García Pierna, Carlos Rodríguez, Héctor Álvarez, Roger Adrià y un largo etcétera que ya está compitiendo, ganando y aprendiendo.

Este domingo no resolvió nada. Pero sí dejó algo importante: motivos para confiar. Y eso, en un deporte que vive de procesos largos y paciencia, ya es mucho.

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