El primer festival al que asistí en mi vida fue en 1996. Para los entonces chavales de mi generación, aquel primer Festimad, celebrado en el Parque El Soto de Móstoles, fue un verdadero acontecimiento. The Smashing Pumpkins, Rage Against the Machine, Terrorvision…
Desde entonces he ido a decenas de ellos. Mi manera de vivirlos ha ido cambiando con el transcurrir de los años. En estos momentos de mi vida, los festivales son momentos de convivencia con los amigos, de ponernos al día mientras escuchamos a los grupos en la distancia. Pero no siempre fue así. Durante muchos años yo iba a los festivales a escuchar a los grupos en directo, solo a eso. Tan era así que solía ir solo a muchos de ellos. No me hacía falta nadie, solo yo y el grupo subido al escenario.
2008 fue el punto de inflexión. Fue el año en el que me di cuenta de que no podía seguir así. En Barcelona, en el Primavera Sound. En esa edición tocaron 118 grupos divididos en 6 escenarios a lo largo de 3 días de finales de mayo. Y allí estaba yo, con el programa oficial con los horarios de inicio de las diferentes bandas y un subrayador amarillo fosforito preparado para ver el mayor número posible de actuaciones.
Fue un absoluto caos; apenas si recuerdo nada a día de hoy. Iba corriendo de un escenario a otro, dejaba un concierto a medias para poder llegar a otro concierto ya empezado. Sin comer y sin beber, porque las largas colas en las barras eran sinónimo de perderme al menos dos o tres bandas de las que jamás me perdonaría haberme perdido.
Cuando terminó, tenía tal galimatías en la cabeza que no era capaz de diferenciarlos, de aislar una actuación y revivirla. Estaba saturado, mentalmente roto. Os preguntaréis por qué os cuento esto y la respuesta es porque con la París–Niza y la Tirreno–Adriático me pasa algo parecido.
Que ambas carreras coincidan en el calendario en idénticas fechas siempre hace que, al cabo de tres etapas, ya no sea capaz de recordar si tal o cual ataque por este o aquel ciclista se produjo en Francia o en Italia. Ahora mismo no estoy seguro de si Isaac del Toro se impuso a Daniel Felipe Martínez o si Jonas Vingegaard sentenció su carrera llegando a Mombaroccio.
La París–Adriático.
MOVISTAR TEAM
Los de la M llegaron a Francia con un equipo llamado a ser protagonista en la París–Niza. Iván Romeo, Pablo Castrillo, Raúl García Pierna, Jefferson Cepeda, Michael Hessmann, Orluis Aular y Lorenzo Milesi invitaban a soñar. No con una victoria en la clasificación general, demasiada dureza, pero sí con un equipo valiente y guerrillero.
Muy pronto estas expectativas encontraron justificación. Bastó una etapa, la primera, para que Orluis Aular estuviese a punto de romper la banca y llevarse una victoria. Acabó tercero por detrás de Luke Lamperti y Vito Braet, dejando la sensación de ser el ciclista con mejores piernas y que solo una mala colocación junto a las vallas le privó de lo que hubiera sido su primer triunfo en el WorldTour.
La tercera etapa era la más esperada por los chicos dirigidos por Matthew White desde el coche: la contrarreloj por equipos. Es de todos sabido a estas alturas la importancia que los navarros le están dando a esta disciplina, siempre con la Grand Départ del Tour de Francia en Barcelona en el horizonte. Hasta Cosne–Cours–sur–Loire se desplazó Iván Velasco, el gurú del túnel del viento, para que ningún detalle quedara al azar. Lo que no podía prever el bueno de Iván es que Michael Hessmann se iba a quedar descolgado a las primeras de cambio, dejando al equipo huérfano de uno de sus mejores rodadores y con tan solo seis ciclistas. El séptimo puesto final fue una decepción.
Pese a todo, la cuarta etapa arrancó con Iván Romeo a tan solo 30 segundos del líder Juan Ayuso y con el equipo dispuesto a sacrificar la pelea por las etapas en pos de un puesto en la clasificación general. En uno de los días más duros de la historia de la carrera, marcado por el frío, la lluvia y las caídas, todas estas aspiraciones se disiparon. En La Masacre de Uchon, hasta catorce ciclistas se vieron obligados a abandonar; entre ellos Raúl García Pierna y Pablo Castrillo. El resto del equipo, a más de quince minutos de Jonas Vingegaard, el ganador de la etapa.
Sin nada ya que defender, los chicos de blanco se liaron la manta a la cabeza en la quinta etapa y estuvieron metidos en todas las fugas. Cepeda, Romeo y Milesi corrieron con pundonor, pero sin resultado. Se dispararon todas las balas.
Desde ese día y hasta el domingo la carrera fue mera supervivencia, llegando a Niza el último día con tan solo cuatro ciclistas tras el abandono de Iván Romeo, aquejado de un virus estomacal.
Un día más tarde, el lunes, dio comienzo la “Carrera de los dos mares”, la Tirreno–Adriático. Al contrario de lo que ocurría al otro lado de los Alpes, las expectativas en Italia eran escasas tirando a nulas. Tras la debacle de la Strade Bianche, uno miraba la alineación telefónica con una mezcla de miedo y resignación: Nairo Quintana, Roger Adrià, Iván García Cortina, Jorge Arcas, Manlio Moro, Albert Torres y la gran incógnita, Javier Romo.
Desde la contrarreloj inicial en Lido di Camaiore, el toledano empezó a dar buenas señales, realizando una de las mejores pruebas contra el crono de su carrera, terminando a tan solo 45 segundos de todo un Filippo Ganna.
Estas buenas sensaciones se refrendaron en San Gimignano. En el duro sector de sterrato que precedió a la llegada al Pueblo de las Quince Torres, Javi llegó en el grupo que perseguía a Mathieu van der Poel, Isaac del Toro y a Giulio Pellizzari, acabando el día dentro del top 10 de la clasificación general.
Tras una tercera etapa resuelta al sprint, con un renacido para la causa Iván García Cortina terminando quinto, llegamos a la cuarta etapa.
Desde hacía días que se hablaba de la importancia de llegar bien colocado al inicio del muro de Tortoreto, situado a 10 km de la meta; por ello, que Javi Romo, 8.º en la general en ese momento, llegase a ese punto de la etapa en la cola del pelotón solo puede ser considerado negligente. Medio minuto perdido y adiós al top 10.
En las siguientes etapas, Javier Romo mostró una buena regularidad y, aunque logró remontar un par de puestos, no le llegó para terminar entre los diez mejores de la carrera. Al final, 12.º.
CAJA RURAL – SEGUROS RGA
Mientras el resto de ProTeams españoles hacían las maletas rumbo al Lejano Oriente, a Taiwán, los chicos de Caja Rural se concentraban en la costa toscana dispuestos a demostrar que su invitación para participar en una de las carreras más prestigiosas del calendario ciclista no había sido un regalo. Tomar la salida en la Tirreno–Adriático no es algo que te caiga del cielo cada año, así que, si ocurre, hay que aprovechar la oportunidad.
Teniendo en cuenta que la pelea por la general era una quimera y que la lucha por las etapas, en vista de la gran participación, tres cuartas partes de lo mismo, la única opción que le quedaba al equipo navarro para hacerse notar era pelear las fugas como si su vida dependiera de ello.
Los de “Súmate al verde” se pusieron rápidamente manos a la obra y ya en la contrarreloj de la primera etapa Jakub Otruba dejó claro que no venían a pasearse: 21.º a menos de 50 segundos de Pippo Ganna. En las etapas sucesivas, los comandos verdiblancos se fueron filtrando en todas y cada una de las escapadas. Especialmente activos en este menester estuvieron Joan Bou y el ya citado Otruba. Entre el valenciano y el checo sumaron un total de 500 km de cara al viento en el total de la carrera.
Solo hubo un pero: el abandono de Fernando Gaviria. El misil colombiano tenía un par de oportunidades para hacer valer su punta de velocidad. En la primera de ellas terminó 14.º; a la segunda ya no llegó.
Stefano Oldani hizo las veces de hombre para la general, acabando en 29.ª posición.
Antes os dije que no recuerdo nada de aquel Primavera Sound de 2008. No es cierto. Hubo un concierto del que me acuerdo como si fuera ayer, que tengo nítido en mi memoria: el de Darren Hayman, cantante de Hefner. Un concierto celebrado en el Parc de Joan Miró, por la mañana, aislado del resto de actuaciones del Parc del Fórum.
Las carreras ciclistas, como los conciertos, se disfrutan más de una en una.

Natural de Alcalá de Henares pero afincado en Vigo desde hace 20 años, Luis López se aficionó al ciclismo jugando a las chapas. Esa pasión por las bicis nunca le ha abandonado desde entonces. Conocido en X como @ADescenso, donde se encarga de recordaros diariamente la situación del equipo Movistar en la clasificación por equipos de la UCI.