Milán-San Remo para la historia, Tadej Pogačar entra en la leyenda

Hay cosas inevitables, y esto es inevitable: tenía que pasar y pasó. Empezaba la carrera más divertida del año, quién lo iba a decir hace años, pero Milán-San Remo es la reina de las clásicas ahora mismo. Y mira que Tour de Flandes y París-Roubaix están siendo preciosas también estos años, pero es que Milán-San Remo ha juntado en estas ediciones unas características que la hacen especial. Pero la mejor de esas características es que Tadej Pogačar no sabía cómo ganar a Mathieu van der Poel en esta carrera y ello le hace ser aún más violento y valiente, pero por las características de la carrera también predecible, y eso me parece maravilloso. Cipressa, Poggio o sprint. No hay más opciones y eso hace que la carrera sea divertidísima. Aquí os va una crónica con fotazas de nuestro colaborador Guti (www.instagram.com/guticyclingphoto) que anduvo por allí.

Pero este año Milán-San Remo estuvo marcada por las caídas y, aunque eso no sea algo bueno, sí que hizo que la carrera masculina empezara la Cipressa con un pelotón en el que no estaban ni Pogačar, ni Van der Poel, ni Wout van Aert, los tres besando el asfalto y, tras coche mediante por parte de algunos de ellos, teniendo que remontar para llegar justo a la Cipressa. Empezaba la Cipressa con Van der Poel remontando el pelotón sin ayuda de compañeros, Pogačar a 8 segundos del pelotón y Van Aert a otros 25 segundos. Porque, como hemos dicho, Van Aert ha vuelto a caerse y, aunque no haya tenido nada de culpa, es una costumbre muy fea la que tiene. Pero el plan no iba a cambiar, solo a adaptarse, así que Pogačar remontó todo el pelotón y aceleró él mismo la carrera, para después poner a (creo que) Brandon McNulty y a Isaac del Toro a reventar la Cipressa. Como hemos dicho, hay cosas inevitables y, aunque la caída casi logra romper la inevitabilidad, Pogačar atacó a 3 km de la meta y, esta vez, los compañeros de viaje eran Tom Pidcock y Mathieu van der Poel. Lo intentó más veces el esloveno, pero no pudo con sus dos acompañantes, aunque a Mathieu se le vio sufrir antes de coronar.

Al final, el tiempo de la Cipressa: 8’57», dos segundos menos que el año pasado. Pero ojo, que hemos dicho que Pogačar venía de atrás, así que el tiempo del esloveno fue de 8’48″… Ya avisó el año pasado que podía bajarse de 8’50». Así que bueno, KOM de Strava conseguido, que es lo que va a perdurar en el tiempo.

El resto de la carrera fue parecida al año pasado, pero con la salvedad de que el pelotón no estaba dándose por vencido y en el llano hacia el Poggio casi les tiran abajo la escapada. Pero al final, no sin esfuerzo, llegaron con ventaja, pero con un Van der Poel destruido… Flecha decía que le veía buena cara, pero yo al contrario: tanto arriba de la Cipressa como bajando le vi mala cara. Luego, en el llano, comía mucho y muy seguido, lo cual me recordaba a la Roubaix de Sonny Colbrelli, y en el Poggio duró un suspiro. El tiempo que tardó Pogačar en incendiar la subida, pero esta vez le salió el británico respondón. No creo que subiera cómodo el británico, la verdad, porque ni siquiera bajando se atrevió a poner un poco de tensión siendo uno de los mejores bajadores del mundo, pero no se le puede juzgar, bastante tiene con seguir al esloveno. Así que todo se lo jugaron al sprint, un sprint que por cualidades era muy igualado y que fue ganado por el mejor ciclista de todos los tiempos, que acrecentaba su leyenda y tachaba de la lista su carrera más deseada. De nuevo hacía historia. El podio lo completaba Wout van Aert, que bueno, está bien, pero de nuevo da la sensación de llegar tarde a todas las fiestas.

Otra carrera legendaria. Otro paso más para alcanzar a Eddy Merckx.

Y por segundo año también tuvimos versión femenina de Milán-San Remo, y no desentonó en absoluto. Más bien al contrario: fue un espectáculo y una demostración más de que el ciclismo femenino ya no es “complemento”, es producto principal. También os digo que no puedo hacer una crónica tan detallada de la carrera, ya que en la bajada de la Cipressa, Debora Silvestri nos dejó sin aliento en una feísima caída de 4 metros contra el asfalto que me hizo tener que quitar la carrera. La han trasladado consciente al hospital, lo cual es esperanzador después de lo fea de su caída; si no habéis visto la caída, no la veáis…(Actualización: Se ha roto 5 costillas y una fractura en la escápula, que no es una cosa menor pero viendo la caída hay que estar contento, mucha fuerza a la italiana, la esperamos pronto de vuelta)

La carrera tuvo ese punto diferente, quizá menos encorsetado que la masculina, menos predecible en el guion, pero igual de exigente. Y eso, en una carrera como esta, es oro. Porque aunque también estaban la Cipressa, el Poggio y el sprint como escenarios posibles, la sensación era de que podían pasar más cosas, de que el abanico estaba más abierto. Hubo algo en el guion que no cambió, y es que la Cipressa se subió volando y bajando el tiempo del año pasado en 40″, con un grupo conformado que no tuvo demasiada fe en que fuese un movimiento ganador. Y así le dieron vida al SD Worx, ya que permitió que entrasen Lorena Wiebes y Lotte Kopecky.

Y es que en el Poggio apareció Kopecky, que ya no es solo una de las mejores del mundo, sino una corredora que entiende perfectamente este tipo de carreras. Siempre bien colocada, siempre con ese punto de sangre fría que diferencia a las buenas de las que hacen historia. Supo leer cada momento, supo sufrir cuando tocaba y, sobre todo, supo esperar. A rueda en todo momento desde el Poggio, llegó a la recta de meta sabiéndose la más rápida de todas y alzándose con la victoria, por delante de Noemi Rüegg y de Eleonora Gasparrini. Mi querida Puck Pieterse quedaba cuarta, demostrando que esprinta lo mismo que Mikel Landa.

Eso sí, yo pediría que fuese algo más larga la carrera; se me queda corto el kilometraje para ser Milán-San Remo, pero es una maravilla que tenga versión femenina.

Fotografías de @Guticyclingphoto

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