El Giro magistral del Coppino

La edición de 1991 del Giro de Italia iba a transcurrir íntegramente por territorio italiano; todavía no se estilaban las grandes partenzas en territorios exóticos y con nula afinidad al deporte del ciclismo. Para los ciclistas transalpinos era la gran cita de la temporada, la mejor carrera que existe en el mundo para ellos. Los mejores corredores locales se iban a citar para conseguir el rosa y llevarlo hasta Milán; otros, con un podio o una etapa, se iban a conformar, pero, en cualquier caso, había que dar lo mejor de cada uno. El gran favorito para todas las quinielas era el elegante Gianni Bugno, que el año anterior no se había quitado la prenda rosa en ningún momento, llevándola de la primera hasta la última etapa, como Girardengo, Binda y Merckx. Por detrás se iba a colocar una de las grandes revelaciones del ciclismo italiano, Claudio Chiappucci, y posteriormente una serie de nombres, con el vasco de Berriz Marino Lejarreta bien colocado y las incógnitas de Greg LeMond y Laurent Fignon, además de Pedro Delgado, muy probablemente para hacer kilómetros y rodarse de cara al Tour de Francia.

Con un recorrido bastante montañoso, nada que ver con aquellos Giros de los ochenta peligrosamente preparados para que, según qué tipo de corredores, los ciclistas transitarían por algunas de las cimas célebres de todos los tiempos: Sestriere, Stelvio, Pordoi o el reciente Mortirolo, por citar alguno de ellos, y 117 kilómetros en la modalidad de contrarreloj, solo individual, que, según la prensa de la época, eran insuficientes; con la mitad o menos nos conformaríamos ahora, en fin. La salida se daba cita en la isla de Cerdeña, en la ciudad de Olbia. En la segunda jornada, y en el segundo sector, modalidad muy utilizada en la época y prohibida en la actualidad, se iba a desarrollar una contrarreloj de diez kilómetros. Después del primer sector, vencido precisamente por Gianni Bugno, un compatriota suyo del conjunto Del Tongo, Franco Chioccioli, se iba a vestir con la maglia rosa, un corredor consolidado en el profesionalismo, superando la treintena, y buen gregario de equipo y con buenos puestos en el Giro en los últimos años, pero que en este caso resultaba una gran sorpresa, y nadie hubiera apostado que llegaría muy lejos de cara a la clasificación general definitiva. Tras el paso por Cerdeña y después de un efímero cambio de líder, en la figura de Eric Boyer, para retornar a Chioccioli, llegaba la cita con las etapas montañosas. Un día antes de la etapa de Rieti, en Scanno, Marino Lejarreta se adjudicó un gran triunfo parcial, recuperando ese día la maglia rosa el italiano con una actuación magistral, el mismo día que tristemente tenía un accidente un técnico de Antena 3 Radio que cubría la Corsa Rosa.

File:Franco Chioccioli - Giro d'Italia 1991, Passo Pordoi.jpg

El Coppino, como era apodado por su gran parecido al histórico corredor de Castellania, algo que tampoco es que le hiciera excesiva gracia, se mantuvo con el liderato desde esa jornada en Scanno hasta la conclusión en las calles de Milán. No obstante, en ese momento no era todavía uno de los favoritos a la victoria, y dado que la contrarreloj de Langhirano era inminente, Gianni Bugno se perfilaba para dar el salto a una carrera que el año pasado, a estas alturas, tenía prácticamente dominada; la realidad, por supuesto, fue otra muy distinta. Bien es cierto que Bugno se hizo con la etapa, pero no pudo ni de lejos asaltar la maglia rosa de líder, a pesar de aventajar en 1 y 2 segundos a la misma. Chioccioli era un líder bastante más fiable de lo esperado. Marino Lejarreta y Claudio Chiappucci iban a ser los rivales más fuertes para minar las aspiraciones del ciclista del conjunto Del Tongo.

La etapa clave para ver que el corredor toscano estaba intratable se iba a desarrollar en un escenario mítico, con final en Aprica y con ascenso al Mortirolo, donde realizó uno de los ataques que marcaron la carrera, venciendo con autoridad en la meta final. Dos días después se llegaba al Pordoi, con meta en esa ascensión; a su paso, puertos célebres como Fedaia, popularmente Marmolada. Allí el Junco de Berriz iba a sucumbir; después de muchos días en los que el interés por parte de los medios españoles se centraba en su figura, iba a naufragar llegando a más de 6 minutos y medio, perdiendo opciones de victoria y de podio. Fue el único día malo del corredor vasco, que hizo una carrera muy regular, además de vencer la citada etapa de Scanno. El líder se iba a llevar de igual forma ese triunfo parcial, para dejar más si cabe sentenciada la prueba.

Solo la revelación transalpina de aquel momento, Massimiliano Lelli, con dos triunfos de etapa, y el propio Chiappucci podrían inquietar algo a Chioccioli, que seguía dominando con mano de hierro la carrera. Todavía le iba a quedar otra victoria parcial para redondear tres semanas magistrales. Esta vez en la modalidad contra el crono, nada menos que 66 kilómetros con la ascensión al duro Passo del Carmine; un día antes de la llegada en Milán se coronaba como vencedor absoluto.

En su novena temporada como profesional, con 31 años, Franco Chioccioli iba a encontrar la mejor victoria de su carrera. En esa temporada de 1991 se perdió las primeras carreras del año, y eso, a su parecer, fue lo que le hizo ganar el Giro. De familia humilde de ocho hermanos y de padre minero, que desgraciadamente no pudo ver a su hijo como profesional ya que falleció antes, el corredor del Del Tongo ha sido siempre el clásico tipo duro y obviamente hecho a sí mismo, que utilizó esa fortaleza para vencer aquella Corsa Rosa.

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