Paula Blasi gana La Vuelta Femenina 2026
Paula Blasi gana La Vuelta Femenina 2026 en el Alto de l’Angliru. Ese es el titular, el resumen simplón. Pero esconde mucho más.
En el ciclismo hay días que cambian carreras ciclistas. Y otros capaces de cambiar carreras profesionales, vidas. La última etapa de La Vuelta Femenina 2026 dejó ambas cosas. Mientras la española Paula Blasi culminaba la mayor victoria de su carrera conquistando la clasificación general, la suiza Petra Stiasny escribía una página inolvidable al imponerse en las rampas imposibles del Alto de l’Angliru.
La jornada reina de esta edición reunió todo lo que convierte a esta carrera en especial: ataques, sorpresas, hundimientos, supervivencia, emoción en una montaña capaz de poner al límite y de desnudar a cualquiera. El Angliru es un coloso que no entiende de nombres, palmarés ni favoritismos. Igual que erige nuevos mitos, es capaz de hundir leyendas. Anna van der Breggen vio como se le escapaba La Vuelta Femenina 2026 en sus rampas.
Solo premia a quienes todavía encuentran fuerzas cuando las piernas ya no responden. Allí en sus pendientes inhumanas y con un rostro desencajado, Blasi gana La Vuelta Femenina y termina de escribir su mes de ensueño.
La española llegó a Asturias rodeada de dudas sobre si sería capaz de resistir la presión mediática y propia que había comenzado a espigarse con su eclosión primaveral en Ardenas y victoria en Amstel. Pero lejos de encogerse, con esa osadía y agresividad que atesora, respondió con una actuación madura y valiente. En el primer parcial en Les Praeres cometió errores con el desarrollo y su pedaleo en las curvas de las rampas más duras.
Con esa capacidad analítica que atesora confesaba en meta que se quedaba por ello con un sabor agridulce. Un sabor con el que no se habrá quedado tras darle la vuelta a La Vuelta Femenina 2026 en el Angliru. Quizás es su analítica mente esten esos cinco minutos finales de ascensión en los que acusó el sobre esfuerzo, pero esa reválida queda ya para otra vuelta grande.
Angliru: lugar de Petra Stiasny.

El Alto de l’Angliru siempre acaba encontrando una forma distinta de romper a las ciclistas. A unas les vacía las piernas. A otras, la esperanza. Unas veces es físico y otras mental el daño. Y a algunas pocas les entrega un día para el recuerdo. Ahí apareció Petra Stiasny, casi en silencio, sin el foco de las grandes favoritas, para convertir una jornada de supervivencia en la victoria más importante de su vida. La suiza era una de las pocas que en la salida de Pola de Laviana que se mostraba feliz e ilusionada de que llegará el día del Angliru.
En meta Stiasny confesó que desde que se anunció que el Angliru iba a formar parte del recorrido de La Vuelta Femenina 2026 solo había tenido una cosa en su cabeza.
“Llevaba muchísimo tiempo esperando esta etapa. Cuando anunciaron que el Angliru formaría parte de la Vuelta, solo tenía una cosa en mente. Ganar esta etapa era un sueño. Tenía muchísimas ganas de que llegara este día. Sabes que para eso tienes que llegar a este día. Pueden pasar muchas cosas durante la semana. Y esta mañana pensaba: «Hoy es el día que he estado esperando durante tanto tiempo».
Al principio de la semana le dije a mi director deportivo: «Cuando llegue al Angliru me sentiré libre. Me sentiré en mi sitio, en mi lugar feliz». Esta es mi clase de subida, esta es mi pendiente. Entonces me sentiré libre.
Hoy, cuando estábamos al pie de la subida, he pensado: “¡Lo he conseguido! ¡Estoy en la Vuelta! No he tenido ninguna caída, no me he quedado cortada hoy en ningún descenso. Ahora me siento libre, estoy en mi sitio”. Y durante toda la subida he estado en mi lugar feliz. La verdad es que he disfrutado mucho la subida.”
🥰 Las palabras de Petra Stiasny. You will not regret watching this 🥹
🇪🇸 «La verdad es que aún no puedo creérmelo, la verdad. Es increíble, no tengo palabras. A principio de semana que al llegar a l’Angliru me sentiría libre. Me siento en mi lugar, en mi lugar feliz. Este es el… pic.twitter.com/IeDLwkfJ9x
— La Vuelta Femenina by Carrefour.es (@LaVueltaFem) May 9, 2026
El Angliru, infierno para muchas, paraíso para unas pocas. El Angliru era sin duda el lugar soñado, el paraíso de Petra Stiasny y desde hoy es su lugar, a secas.
Stiasny sabía que llegaba a su lugar y cuando lo hizo, cuando el grupo superó Viapará, comenzó a marcar su ritmo en cabeza. A su rueda las favoritas de la general. Poco a poco fueron quedando unas pocas. A 4,3 km de meta Bunel atacó en busca de la gloria, Blasi la seguía, mientras van der Breggen cedía. Stiasny no se inmuto, estaba en su sitio, en su lugar. No secó el hueco sino que poco a poco, con su ritmo lo fue cerrando, primero con Bunel y después con Blasi. A 2 km de meta, al acabar la Cueña les Cabres, Stiasny comenzó a sentirse completamente libre, como a volar en solitario para convertirse en la primera vencedora en el paraíso del Angliru.

Blasi gana La Vuelta Femenina con su segundo puesto en el Angliru
Detrás de ella, el foco estaba puesto en Paula Blasi. La española no necesitaba ganar la etapa. Necesitaba resistir. Y resistió. Frente a la fatiga y agotamiento. Cruzó la línea de meta con los brazos en alto, exhausta y emocionada. Blasi era ya la nueva campeona de La Vuelta Femenina. La primera no neerlandesa, la primera española. Y la primera victoria española en una vuelta grande desde el último triunfo de Joanne Somarriba en 2003 con el Bizkaia – Panda.
Su triunfo simboliza mucho más que una victoria individual. Representa la consolidación de una nueva generación y confirma a Blasi como una de las grandes referencias del ciclismo español. Hace apenas unas semanas soñaba con pelear con las mejores, en Amstel nos demostró que era capaz de pelear con ellas, ahora ya forma parte de la élite del pelotón. ellas.
En 2024 se oyeron cantos de sirena de La Vuelta Femenina y el Angliru. Finalmente este año La Vuelta Femenina 2026 apostó por el coloso. Hubo comentarios de duda, de escepticismo. De si podía ser una jornada espectacular o no en el ciclismo femenino. La realidad es que el infierno se vistió de paraíso. Sin niebla, pero con la épica de los grandes días de ciclismo, el Angliru nos ha dejado la jornada histórica con dos grandes titulares: Paula Blasi gana La Vuelta Femenina 2026 y Petra Stiasny grita libertad. Sin duda, esta apuesta de La Vuelta Femenina 2026 ha quedado más que recompensada.

[Crónica o análisis completo de La Vuelta Femenina 2026 en desarrollo]
Cuando menos te lo esperas va la vida y te sorprende. Las otras historias de La Vuelta Femenina 2026
Pero La Vuelta Femenina 2026 no ha sido solo el colofón del Angliru. La cuarta edición de la ronda española ha tenido pinceladas de una novela rusa y algunos ingredientes de una tormenta de verano.
Sobre el papel la carrera parecía tener tres bloques diferenciados. Primero, cuatro parciales rompepiernas con bastantes similitudes entre sí, aunque con notas diferenciadoras. Después la transición. Y finalmente la montaña en dos jornadas con rampas y pendientes imposibles. Parecía que había demasiada ración varias cosas en el recorrido y que sería un “más de lo mismo” en varios momentos.
Pero en las siete etapas de esta vuelta hemos visto una alternancia notable, un guión cambiante, con triunfos inesperados, leyendas resistiendo al tiempo, jóvenes derribando puertas, favoritas hundidas, caídas brutales y regresos improbables. La Vuelta Femenina ha sido una carrera de alternancias, emociones culminada con un final digno de epopeya.
El rojo de Rüegg: la felicidad más corta del mundo
Noemi Rüegg fue la primera líder de la carrera. Venció al sprint en la llegada en ligera subida de Salvaterra de Miño. Parecía un triunfo y una historia de película. Primera victoria en una gran vuelta. El primer maillot rojo. La sonrisa de quien acaba de entrar de golpe en otra dimensión deportiva. Y el de un equipo se veía como protagonista de la carrera para los días venideros.
La celebración grupal también fue digna de fotografía. Champagne por la noche y tinte rojo para todas, para resaltar que cada victoria y éxito es el de un grupo.
Aquella noche, Rüegg era la imagen de La Vuelta Femenina 2026. Lideraba y parecía que al día siguiente iba a tener otra oportunidad. Pero cuando menos te lo esperas, cuando mejor estás, va la vida y te sorprende.

Quizás por eso el golpe resultó tan cruel. Porque el ciclismo nunca concede demasiado tiempo para disfrutar nada. El champagne y el tinte en la celebración fueron premonitorios de lo efímero que puede ser el éxito. El golpe llegó a casi 13 km de meta. En una caída llegó absurda, en un afilador, pero seca y violenta como suelen ser las caídas de verdad. La misma corredora que horas antes celebraba entre champagne y los focos mediáticos yacía en el suelo con el hombro luxado. Terminaría abandonando lesionada en ambulancia, con el hombro destrozado y el rostro vacío.
El paso del podio a la ambulancia puede durar menos de veinticuatro horas. Eso también es el ciclismo.
Mientras ella abandonaba, el pelotón seguía avanzando en busca de una nueva líder. Siempre sigue avanzando. Ahí reside parte de la dureza de este deporte y de la vida misma: nadie puede detenerse demasiado a lamentar nada porque la carrera no espera. Y la vida pasa.
Marianne Vos y el viejo heroísmo
Hay días que resumen una carrera entera y un deporte. El ciclismo es, a veces, un deporte cruel. Lo que le sucedió a Marianne Vos el primer día resume décadas de ciclismo. Décadas de la mejor de todos los tiempos, goat.
Sufrió una caída en los kilómetros finales, en el último descenso camino de Salvaterra de Miño. Se subió a la bicicleta para perseguir el grupo principal y los grupos de perseguidoras que se habían formado tras el descenso y la caída. La meta estaba cerca. Parecía que no iba a llegar a reenganchar y que si lo hacía iba a llegar exhausta. Pero ese día nos dejó una de esas imágenes de antaño, cuando el ciclismo femenino no era solo cosas de locos sino de pocos.
Empezó a enlazar grupos cortados como quien se niega a aceptar una sentencia. Una ciclista aquí, dos más adelante, luego otro pequeño corte. Sola y a veces acompañada por alguna compañera, Vos remontaba ciclistas, vehículos y pelotones. Y finalmente llegó al pelotón cabecero.
Fue séptima en meta.
Después de la etapa fue entrevistada. No era para menos. No parecía conforme con el resultado y la caída. Al día siguiente supimos que abandonaba con la clavícula rota.
Séptima después de fracturarse la clavícula. Lo verdaderamente impresionante ya no es que Vos haga estas cosas. Es la naturalidad con la que parece hacerlas. Como si desterrase cualquier alternativa posible y el sufrimiento fuese simplemente otro gaje del oficio.
Bossuyt y Koch: los días que confirman una carrera
Las grandes vueltas sirven para lanzar las carreras ciclistas. De corredoras que encuentran una jornada perfecta y la convierten en un punto de inflexión en su carrera. Shari Bossuyt hizo exactamente eso.
Ganó en un final nervioso – llegó a chocar lateralmente con su compañera de madison Kopecky-, llano tras un repecho de 3 km, de esos donde sobreviven pocas velocistas puras y donde hace falta algo más que punta de velocidad. Supo leer el caos mejor que nadie y encontró ese momento exacto para lanzarse a por una victoria que la confirma como una de las mejores velocistas del pelotón.
Desde su regreso por sanción, la belga ha mostrado un grandísimo nivel, pero su victoria en San Ciprián de Viñas la sitúa en otro nivel. Es su primer triunfo en el World Tour y en una grande. Es uno de esos triunfos que transforman la expresión de una corredora. Una mezcla de incredulidad y felicidad absoluta.

Algo similar, aun en menor dimensión, que lo que vivió la alemana Franziska Koch en la Paris Roubaix. Fue el culmen a su eclosión esta temporada. Koch llevaba años rondando resultados importantes, trabajando muchas veces en la sombra, convertida frecuentemente en pieza útil para otras líderes. Y en La Vuelta Femenina no se ha ido de vacío. Comenzó peleando el sprint y se quedó cerca de ser la primera líder. Pero su regularidad fue recompensada con el rojo tras la segunda etapa. Se va con la espina de ganar una etapa, pero confirmada como una clasicómana llamada a tener galones para liderar un equipo.
Kerbaol y el ciclismo sin miedo
Luego está Cédrine Kerbaol, que corre como si las carreras todavía fueran una aventura y no un cálculo matemático.
En una época obsesionada con los datos los vatios y las métricas, la francesa sigue siendo una ciclista intuitiva. Ataca cuando otras no ven la oportunidad. Se mueve cuando la lógica invita a esperar cómodamente al sprint. Y quizá por eso resulta tan divertida de seguir.
En el final en A Coruña fue la más lista de la clase. Cuando su compañera Alice Towers conducía al grupo en la parte final del adoquín, se lanzó sin mirar atrás. El resto se miraron, Towers se lo dijo por el pinganillo. Las demás la vieron en meta.

El rollercoster emocional del EF Education-Oatly tenía una nueva parada. Otra celebración grupal para un equipo que 24 horas antes lloraba el abandono de Rüegg. Una Faulkner que aún no está completamente recuperada se encargó, como capitana, de recordar y dedicárselo a la suiza.
Kerbaol no siempre gana. A veces incluso pierde más de lo razonable. Pero deja algo mucho más valioso: recuerdos. En la aproximación y el inicio de Les Praeres la vimos delante, pero pronto se vio que no tenía piernas para disputar. Tampoco en el Angliru. Pero se va de la ronda española con un triunfo y varios momentos para el recuerdo.
Lotte Kopecky y el peso de su maillot
Lotte Kopecky llegó a La Vuelta Femenina 2026 como una de las grandes referencias del pelotón. Con el objetivo claro de pelear con Vos por un maillot verde que había tiranizado en esta carrera y con la opción de pelear por la victoria en las primeras cinco jornadas.
Se va de la carrera con un triunfo parcial, otro cedido a su compañera Mischa Bredewold y con el premio de la regularidad. Podría darse por exitoso su paso por España y cerrar ahí estos párrafos, pero no.
La Vuelta Femenina de Kopecky ha sido la de la superación del desgaste, del desgaste de quien lleva la carrera sobre los hombros. Estaba en boca de todas y en el primer parcial, en ese que picaba para arriba no pudo reaccionar o anticiparse a Rüegg. En el segundo, posiblemente víctima del nerviosismo, se equivocó al lanzarse y contactó con Bossuyt, desencalando y siendo relegada.
Al día siguiente fue la más rápida del grupo, pero Kerbaol se había llevado ya la cartera. En la provincia de Lugo llegó su redención y doble premio. Ganó, se vistió de rojo y a partir de entonces controló. Dio la sensación de que con el paso de los días la del SD Worx-Protime era más superior que el resto en cuanto a velocidad.

Anna van der Bregen y el paso del tiempo
Conforme pasaban las primeras etapas la neerlandesa Anna van der Breggen parecía encontrarse cada vez mejor, como en los viejos tiempos. Durante unos días, consiguió que el tiempo pareciese retroceder.
En Antas de Ulla se coló en la llegada redondeando la victoria de su compañera Kopecky. Bastaba verla rodando, con esa figura casi inmóvil, para saber que la neerlandesa estaba lista para culminar su regreso.
En Les Praeres, no tardó en volver por las andadas. La imagen viéndola subir sentada, casi inmóvil sobre la bicicleta, marcando el ritmo del grupo de favoritas con esa serenidad tan suya, hacía dudar si no sería una reposición de archivo. Era un déjà vu. No fue un ataque súbito, solamente marcó su ritmo, desgastando a las demás, que poco a poco fueron cediendo. Hasta que cruzó la meta en solitario. No fueron grandes diferencias, al menos no con todas sus rivales.

Pero en el horizonte volvió a erigirse ese aura de invencibilidad y regreso. El esfuerzo más largo del Angliru parecía más apropiado a ella que Les Praeres. Pero el ciclismo nunca concede finales escritos de antemano, o no siempre.
Y en el Alto de l’Angliru terminó presentándole la factura definitiva. Fue a su estilo, al paso de la suiza Stiasny, como se fue tostando el motor de van der Breggen. Poco a poco, a ritmo, sin grandes cambios. Y entonces Bunel olió la sangre y comenzó a ceder su ventaja en la general hasta perder virtualmente el liderato. Van der Breggen resistió con dignidad, viendo cómo la carrera se le escapaba poco a poco. No ganó la carrera, pero dejó la sensación de que todavía es capaz de condicionar una gran carrera y de luchar por la victoria. La culminación de su regreso tendrá que esperar por ahora, pero la lucha generacional que ha librado tiene muchísimo valor.
Marion Bunel, la gran reforzada como vueltómana

Pucelano, este deportista varios años colaborando con proyectos tan exitosos como Road&Mud, High-Cycling y ahora Le Puncheur. Ciclismo femenino, masculino y siempre una opinión certera, informada y que aporta a quien la lee.
