Cómo ganar Milán-San Remo siendo Tadej Pogačar

Cualquier pelanas intelectual te contestaría que llegando el primero. Y fin del análisis. Un aplauso, un colacao y a dormir. Pero todos sabemos que llegar a Vía Roma en primer lugar es precisamente una de las cuestiones más difíciles de materializar en el ciclismo profesional. Y más para un ciclista como Tadej Pogačar, que se debate entre la ventaja de tener unas piernas de fuego (vale para cada momento que leas la frase) y pesar diez kilos menos que varios de los contrincantes a los que se enfrentará a cara perro en las carreteras costeras de Liguria. Milán-San Remo era hasta hace no tanto una prueba para velocistas. Las rampas del Poggio, pese a ascenderse con casi 300 kilómetros en las piernas, apenas alcanzan el 7%. Y eso en rampa máxima. Terreno accesible para corredores potentes.

Tadej lo es, sí. Pero en esa guerra no encuentra tanto diferencial a su favor. En un mundo donde encuentra más iguales, superhéroes como Mathieu Van der Poel aparte. Por tanto, problema planteado. ¿Tiene solución? Todas inciertas, pero todas con aire de cierta. Para ganar el primer Monumento del año necesitas punta de velocidad, o bien potencia suficiente como para despegar a tus rivales en algún recoveco del recorrido. Aquí, en esta última, subdividiríamos en dos opciones más: a/por fuerza, y b/por estrategia. Por fuerza, con el terreno dado, es imperativo contar con una superioridad manifiesta. Hablamos de un nivel top, más allá del World Tour, con ciclistas y equipos que han preparado tanto o más la cita con los capos. A no ser que el recorrido sufra una variación sustancial por la inclusión repentina de La Manie, claro.

Que todo puede pasar, había algún tramo pendiente de ser confirmado debido a un repentino desprendimiento. Si entra la añorada subida que da más opción a los ciclistas de arranque explosivo (véase Pogačar), el tablero cambia por completo. Pero no se puede confiar todo a la suerte. Y ya se sabe que «La suerte es el resultado de la suma de todas tus decisiones», que diría la infravalorada Oprah. Por ello, el planteamiento es muy sencillo de relatar. Es evidente que el componente estratégico tendrá mucho que ver. Si UAE es consciente de poder hacer historia, dejará de jugar a varias bandas. Visto además que las carambolas no le están funcionando últimamente. Su bala es y debe ser Tadej Pogačar. La historia no entiende de pequeñas luchas por un número uno mundial del que nadie se acordará más allá de la anécdota.

La estrategia

UAE sabrá perfectamente y mucho mejor qué hacer. Pero hay varios escenarios que tienen que suceder tarde o temprano. Pegarse todos los años contra un muro tampoco garantiza que un día no lo vayas a derribar, ojo. Parece más razonable intentar sortearlo. Los años no pasan en balde para nadie y la carrera de Pogačar no será eterna, mucho menos con este nivel de exigencia. Por ello, fiarlo todo al Poggio es ir a morir. La mayoría de las ocasiones en las que una jugada ha sido maestra arrancando desde ahí ha dependido más de las carambolas de ataques y contrataques que de las meras fuerzas. La suerte es un factor. Y la rueda de Pogačar, no nos engañemos, muy golosa. En esos últimos kilómetros, diríamos que los sopletes funcionarán a todo trapo para hacerse lapas del esloveno.

Para que venciese otro corredor de UAE es un escenario magnífico. Teniendo opciones y permitiendo una carrera al 90% de exigencia, hay varios hombres que podrían sorprender. Pero eso no sería hacer historia. Nadie se acordará de eso. La gente espera y desea que gane Tadej. Y por ello, el plan debe acometerse con valentía y a sabiendas de que puede perfectamente fracasar. Pero con ello contamos, ¿no? Si en Strade Bianche en las dos ocasiones que ha triunfado, si en Clásica de Jaén y en otros escenarios ha sido un éxito lanzar a Pogačar desde bien lejos, ¿por qué no intentarlo en la San Remo? Sería el más difícil todavía porque existe un terreno menos favorable a las aventuras, está claro. Pero puede ser el único escenario en el que el corredor del UAE elimine esa presión de ser seguido hasta al servicio.

Si el desconcierto permite que tome diez o quince segundos sobre el grupo, después de haber hecho un buen trabajo de desgaste y control con su escuadra, pueden suceder dos cosas: que nadie le dé alcance ya o que le terminen por pillar. El primero de los resultados es posible porque si el UAE ejerce un control férreo durante toda la prueba el resto de gregarios (que lo son porque no les alcanza el nivel para brillar después de 275 kilómetros) acabarán pagando la factura. Además, si el UAE se quita de forma repentina del pelotón, se puede producir un impasse, entrar las dudas que acabarían por dar ventaja al esloveno. ¿Dónde lanzar esta ofensiva? En La Cipressa.

No es que sea una gran montaña o tachuela. Es algo más largo que el Poggio y sólo un punto más dura. Con todo, es el momento. Grandes ataques se han producido ahí para alcanzar en solitario la Vía Roma. Como si es en llano. O en el descenso de esa misma cota. Todo lo que permita despegarse será bienvenido. Y a partir de ahí, que los Dioses (y Antonio Alix) repartan suerte. Si fracasa la moción, quedarían aún cartas por jugar. Es más, es un escenario que se podría fingir para ser cogido adrede y permitir un escenario aún mejor.

Técnica Lance Armstrong

Si Pogačar lanza una ofensiva en La Cipressa y no funciona, todo el mundo (comentaristas incluidos) le daría por eliminado para la lucha final. Un aplauso, una ovación (quizá también el colacao del pelanas del principio) y comentarios a caballo entre el traje de enterrador y el de oportunista. Escenario perfecto, porque así se ha quitado de un plumazo toda la presión y, lo que es mejor, toda la atención. Tadej se deja caer a cola de grupo, permitiendo que marquen la pauta otros. En los momentos oportunos, sube a cabeza de carrera y permite que el grupo adelgace con el paso de los kilómetros. Es un campeón porque tiene mucha raza, mucho pundonor y amor propio. Lo que no saben es que también se puede ser un campeón por tener un plan. Y Pogačar lo tendría.

En los arreones que él mismo protagonizó en la edición 2023 de la Milán-San Remo se vio un beneficiado: Mathieu Van der Poel. El a la postre campeón del mundo sólo realizó un movimiento: jaque mate. Ése papel debe recaer en Tadej Pogačar, en todo momento con la cara más agria que se pueda imaginar. Boca y maillot abiertos, el show Lance Armstrong que permitió a Jan Ullrich y su equipo hacer el ‘primo’ camino del Alpe d’Huez y evitar a su escuadra (US Postal) el trabajo de control. Por sorpresa, los zarpazos duelen más. Cuando nadie se lo espere, imagen de helicóptero y un parón donde todos se habrán fijado en otras ruedas y habrán descuidado una con la que el populacho ya no contaba: la de Tadej Pogačar.

Y ahí el terreno favorito de Chente García Acosta: la fuga de la fuga. Todo sucederá rápido, así que no hay que pensar, sino intuir. Si está en tu destino intuirte como campeón del primer Monumento del año, esos Dioses del Olimpo (y Sergio Yustos) permitirán que sea. Si está de ser, será, ¿no? Pues ea, a por ello. Aún si esa circunstancia no triunfa, existe otro recurso ante el Alto Tribunal de la historia, y es resistir las opciones como sea de llegar al sprint. Ahí siempre es complicado con gente tan buena en un presunto grupo, pero a todos ellos tampoco agradaría la presencia del campeón del Tour de Flandes. Última posición, disimulando, o rueda buena. Lo mismo, intuición y momentos. Sin dar la cara, que me lleven, yo no existo, casa. Y zas, a por todas y a por todos en la última recta.

Las piruetas más difíciles

Ganar un Monumento es harto difícil. Cuántos grandes no lo consiguieron jamás. Así a bote pronto, Induráin, LeMond y Maertens (sí, y Carlos Sastre, Carreritas), como casos más llamativos. Ganar cinco son palabras mayores. Que esas cinco victorias se repartan entre tres de los Monumentos es admirable. Por ello, el tamaño del reto no debe pasar inadvertido. Si las opciones planteadas son difíciles, veremos cómo de abordables serán las habituales de tirar, asumir la responsabilidad y lanzarse en tromba en el último momento, cuando todo el mundo espera y sabe que lo vas a hacer. Los equipos entrenan pensando en ese momento. Y lo saben. Cumple el expediente, es cierto, pero de eso no va la biografía de un súper campeón como Tadej Pogačar, ¿o sí?

Más difícil e incierto es pensar que el esloveno será capaz de lanzarse en el Poggio, romper a todos y presentarse en solitario en la meta de Milán-San Remo. En un pelotón sin Mathieus, Pedersens o Wouts, puede. En uno con estas estrellas pedaleando al lado, la cosa se complica en demasía. Si añades al prometedor Kooij, a otras bestias como Ganna, al irreductible Bettiol, al indescifrable Pidcock, al enrachado Jonathan Milan o al escurridizo (si no acaba por escurrirse consigo mismo y acaba en el suelo) Julian Alaphilippe. También, por qué no, Ben (Healy) o Connor (pedradas que tiene uno). Escenario difícil, muchos rivales que vienen en un estado físico y anímico que permite la esperanza. Por tanto, anticiparse, ser más listo y sorprender es siempre una buena opción.

Sobre todo porque, cuando ha utilizado esa carta, ha caído boca arriba. Así que suceda lo que suceda, nos veremos con un espectáculo formidable. La carrera que antes era híper emocionante porque no pasaba nada y parecía que a cada segundo se iba a destartalar la carretera para aparecer del mar Godzilla y emprender lucha contra He-Man o Halland, ahora sí da para ver terremotos y sus correspondientes réplicas. Los Monumentos han llegado. Compren palomitas, o en su defecto dejen correr el despertador para postergar la siesta mínimo hasta las 18:00. Se viene la Milán-San Remo, y ya sólo por la previa de Yustos y el post de Il Capo habrá merecido la pena.

Si gana Tim Wellens o Marc Hirschi, se celebrará intensamente en el bus del UAE. Pero si gana Tadej Pogačar es probable que La Tierra deje de girar durante algún instante.

Fotos: RCS / LaPresse // Getty / TDW

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