Carta a los Reyes Magos: 5 deseos ciclistas para una temporada 2026 inolvidable

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Este año, en la redacción de Le Puncheur, hemos cumplido. Hemos aguantado estoicamente las etapas llanas de cinco horas sin apenas movimiento, hemos defendido la esencia de este deporte frente a las modas pasajeras y hemos seguido creyendo que el ciclismo es, ante todo, una cuestión de fe.

Por eso, en esta víspera del 6 de enero, no venimos a pediros material. No queremos grupos inalámbricos, ni rodamientos cerámicos, ni bicicletas que pesen menos de lo reglamentario. Lo que venimos a pedir es inmaterial. Venimos a pedir que nos devolváis el alma de la competición.

Para esta temporada 2026, aquí tenéis nuestros cinco deseos para que la carretera vuelva a dictar sentencia como antaño.

1. El fin de la tiranía (o un duelo a cara de perro)

Sabemos que vivimos tiempos de fenómenos, de ciclistas que parecen diseñados en un laboratorio. Pero, Majestades, el monólogo aburre. Para este Tour de Francia, os pedimos que las fuerzas se igualen.
No queremos ver a un líder sentenciando la carrera en el primer puerto de categoría especial. Queremos ver a Pogačar y Vingegaard mirándose a los ojos, sufriendo, con la cara desencajada y el maillot abierto. Queremos que la carrera llegue viva a la última semana, que se pelee cada bonificación y que el ganador final tenga que vaciarse hasta la extenuación. Regaladnos la incertidumbre, ese ingrediente que hace que no nos levantemos del sofá.

2. Que el pinganillo calle y hablen las piernas

Las clásicas de primavera son el reducto sagrado del ciclismo. Para la campaña del Norte de 2026, os pedimos un poco de silencio.
Deseamos que, en Flandes y en el Infierno del Norte, fallen las radios. Que los directores no puedan dictar la táctica desde el coche climatizado y que sean los corredores quienes tengan que leer la carrera. Queremos ver ataques por intuición, no por vatios. Pedimos que Van der Poel y compañía se muevan porque huelen la sangre, no porque un ordenador les diga que es el momento. Que vuelva, aunque sea por un día, el instinto asesino.

3. La hora de la verdad para la ‘Armada’

Llevamos demasiado tiempo viviendo de recuerdos, añorando los tiempos de Induráin, de Perico o de Contador. Tenemos mimbres, tenemos clase, pero nos falta dar el golpe en la mesa.
Para 2026, pedimos que nuestros Juan Ayuso y Carlos Rodríguez se quiten los complejos. No nos vale el «top 5» ni el correr a la defensiva para asegurar los puntos UCI. Queremos verles atacar de lejos, asumir la responsabilidad y jugar de tú a tú con los capos del pelotón internacional. Que este sea el año en que el ciclismo español deje de prometer y empiece a conquistar. Queremos valentía, aunque salga cruz.

4. Una emboscada de las de antes

Vivimos en la era del control absoluto, donde hasta el viento está parametrizado. Por eso, nuestro cuarto deseo es el caos. Un buen zafarrancho de combate.
Pedimos una de esas etapas que sobre el papel parecen de transición y acaban siendo historia. Una fuga bidón que ponga en jaque al líder, un abanico en una carretera secundaria de Castilla o una bajada suicida bajo la lluvia que rompa la clasificación general. Queremos que el guion preestablecido salte por los aires y nos recuerde que el ciclismo se corre al aire libre, y no en un simulador.

5. Respeto y carretera segura

Este último deseo no es un capricho, es una necesidad. El ciclismo se ha vuelto un oficio de riesgo extremo.

Para 2026, pedimos que la carretera nos respete. Pedimos a los organizadores que no busquen el espectáculo en el peligro innecesario, y a los conductores, metro y medio de vida. Que las únicas crónicas que tengamos que escribir sean sobre gestas deportivas y no sobre partes médicos. Que todos los que salen, vuelvan al hotel.

Sabemos que pedir cordura en un deporte de locos es mucho pedir. Pero si nos traéis un poco de esa esencia añeja, de ese ciclismo de barro, sudor y gloria, nos daremos por satisfechos.

Os dejamos un bidón con agua fresca y unas barritas energéticas en el balcón.

¡Felices Reyes y buena ruta para todos los lectores de Le Puncheur!

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