Visma Lease a Bike, el gigante caído

Si hay algo que nadie puede discutir es que Team Visma Lease a Bike ha marcado la pauta en el ciclismo moderno. Con un enfoque científico de entrenamiento, nutrición y análisis de datos hasta el más mínimo detalle, los neerlandeses se han hecho un lugar entre los mejores del mundo.

Lo que en ellos mismos han denominado «marginal gains», que otros equipos han tardado en llevar a cabo, se suponía que era la base del rendimiento en estos últimos años. Unas mejoras que parecían del siglo XXII. Sin embargo en palabras de Matteo Jorgenson en una entrevista parecían ser un simple «power point» explicativo. Yo creo que ni tanto, ni tan calvo.

El problema está viniendo con el paso del tiempo. El tiempo siempre gana, y coloca todo donde debe estar. Esa fachada tan bien construida y pulida a través de resultados perfectos y de métodos pioneros, poco a poco se está desgastando y nos enseña la otra parte del edificio. El cuarto oscuro, donde la historia se empieza a contar con las salidas de corredores en este último año.


La salida de los grandes nombres

En 2026, la plantilla de Visma ha perdido a varios de sus ciclistas importantes. Attila Valter se fue a Bahrain después de tres temporadas con los neerlandeses y tras su salida explicó que la principal diferencia fue la libertad para decidir su propio calendario y ajustar su entrenamiento a su manera. “Intento ser muy cuidadoso al criticar a Visma… pero sentí que no encajaba, sobre todo el último año. Podía ser mucho mejor y no recibía la misma atención o ayuda”, contó. Para él, el problema fue la rigidez: “Proponía hacer las cosas de otra forma y me decían que no se hacía así. Las líneas eran muy estrechas”.

Attila Valter en una imagen de la pasada Itzulia
Foto: Luis Ángel Gómez (Sprint Cycling Agency)

Otro de los que ha dejado el equipo ha sido Dylan van Baarle, ganador de la París-Roubaix en 2022, quien también señaló que el método de Visma no le funcionaba: “Perdí la fe en los métodos de entrenamiento de Visma. Hubiera preferido mi propio enfoque de las carreras, estar al cien por cien listo. La intensidad que pedían era demasiado alta y demasiado corta; yo necesito hacer un poco más de ciclismo ‘gris’, a mi ritmo, teniendo más el control y más de mi propia participación”.

Uno de los más críticos, sino el que más, fue Cian Uijtdebroeks, tras dejar Visma por Movistar Team, relató una experiencia similar: “En Visma, el enfoque se centraba en sesiones de entrenamiento cortas y explosivas, por lo que se trabajaba mucho el VO2 máximo. Personalmente preferiría bloques más largos a ritmo, pero no había espacio para eso. Me vi forzado a adaptarme al entrenamiento del equipo, no podía entrenar a mi manera. Incluso me cambiaron la posición en la bici, y eso me perjudicaba. Pedía bloques más largos y me decían que era difícil dentro del sistema”. Palabras bastante duras contra su ex equipo, que contrastan con lo que habla de Movistar, su nuevo equipo: “Aquí se preocupan por todos los aspectos del rendimiento, incluido el bienestar mental. Se puede sentir la diferencia”.

Dos de los corredores que también salieron y siguen su camino juntos son Olav Kooij y Tiesj Benoot, quien firmaron con Decathlon. El belga no fue muy crítico con Visma Lease a Bike, pero si destacó los nuevos métodos por encima de los anteriores: “Visma no es tan estéril como muchos creen, pero ahora siento la necesidad de probarme a mí mismo de otra manera. Conoces gente nueva, las cosas son diferentes, hay más libertad”.

Tiesj Benoot lors de Kuurne-Bruxelles-Kuurne.
Foto: PhotoNews

La salida más reciente de Visma Lease a Bike, sin embargo, ha sido la del entrenador de Jonas Vingegaard y Matteo Jorgenson, Tim Heemskerk. El ex miembro admitió que le costaba mantener la misma creatividad y pasión dentro del rígido marco del equipo: “Era el momento de ser honesto conmigo mismo y con el equipo. Necesito espacio para innovar, y allí no lo tenía”.


El riesgo de quemarse en la cima

Tampoco podemos ignorar las retiradas sorprendentes, que cobran más sentido con todas estas últimas noticias que han trascendido. La reciente marcha de Simon Yates, ha sido defendida por Tom Dumoulin, quien vivió algo parecido. Dumoulin describe el ambiente como “tan profesional y avanzado que a veces te hace sentir atrapado”. Contó que, durante años, su vida giró solo en torno al ciclismo, y que la falta de control sobre su propia carrera le llevó a una depresión: “Nada de lo que hacías era tu decisión, siempre debías plegarte al plan. Llegué a odiar la bicicleta. En Visma el riesgo de quemarse es alto”.

Las palabras de Dumoulin reflejan lo que sienten otros ex corredores: los métodos funcionan para algunos, pero no para todos. La presión por rendir, la planificación milimétrica y la obsesión por los datos dejan poco margen para ajustes personales. Como resumió Attila Valter: “Para ellos los números y la ciencia son el modo de trabajar, pero si uno hace exactamente lo que dicen y no mejora, también es la ciencia la que falla”.

Tom Dumoulin
Foto: Getty Images

Un modelo ganador… pero ¿a qué precio?

Los testimonios de Valter, Van Baarle, Uijtdebroeks, Benoot y Dumoulin pintan un cuadro complejo: un equipo que saca lo mejor de muchos corredores, pero que puede quemar a otros. Métodos intensivos, nutrición estricta, horarios milimétricos, presión constante por resultados… todo funciona, pero solo si encajas en el molde, sino, el riesgo de quemarte es muy alto.

La obsesión por el rendimiento pasa factura en lo físico y mental, provocando frustración, cambios de equipo e incluso retiradas anticipadas. Y aunque los resultados de Visma hablan por sí solos, surge la pregunta: ¿vale la pena sacrificar todo esto por ser mejor corredor?

Visma Lease a Bike sigue siendo uno de los mejores equipos del mundo, pero los últimos movimientos muestran que incluso los mejores sistemas tienen límites. Algunos ciclistas encuentran su lugar y prosperan; otros necesitan más aire y menos datos para florecer. Al final, como dice Dumoulin, en el ciclismo de élite no hay lugar para medias tintas: o das el 100% o te quedas atrás.

Pero tal vez, la pregunta que queda en el aire es si no se está llevando a algunos corredores al límite demasiado pronto. Y ahí está el debate: ser un equipo invencible puede significar ser un equipo demasiado exigente.

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