1991, la San Remo de Chiappucci

Chiappucci San Remo 91

Las rivalidades nacen a veces sin aparente motivo, y las curiosidades que se dan en estas hacen que el deporte, y la vida en general, sean aún más apasionantes.

Y de esto va esta historia sobre aquel lejano 23 de marzo de 1991, cuando un pequeño escalador iba a proclamarse ganador de “La Primavera”, la Milán-San Remo, justo un año después del que iba a ser su némesis en el ciclismo italiano, el siempre elegante y frío Gianni Bugno.

No era «El Diablo» uno de los favoritos. Apenas conocido por el gran público hasta el año anterior, donde, tras conseguir el premio de la montaña en el Giro, daba la sorpresa merced a una fuga bidón y a su buen hacer, para, en un Tour de no mucha dureza, estar a punto de proclamarse vencedor, de no mediar un vuelco insospechado camino de Saint-Étienne (refrendado por LeMond después en Luz Ardiden y en la contrarreloj de Lac de Vassivière), que le haría ceder finalmente y ser segundo.

Una mañana fría, algo nublada y algo lluviosa, con muchos favoritos… desde el ganador del año anterior, Bugno, clasicómanos como Fondriest y Adrie Van der Poel, esprínteres como Vanderaerden y Abdoujaparov, leyendas y protagonistas en San Remo como Fignon y LeMond o jóvenes e incipientes esprínteres como el italiano Cipollini y el francés Jalabert.

Pero lo que no parecía apuntar al «Diablo» (sobrenombre de Claudio Chiappucci), este y su equipo Carrera lo llevaban a cabo en el Turchino, a unos 160 km de meta, provocando una fuga de 11 entre los que se encontrarían ciclistas de la talla de Lejarreta, Mottet, Nijdam, Sørensen o Adrie Van der Poel.

La indecisión en el pelotón hacía que la ventaja se fuera hasta los 4 minutos, y ese iba a ser el jaque mate de la carrera, con un Chiapucci que iría descolgando rivales en los capos, hasta deshacerse de Mottet y Nijdam en el Capo Berta e irse en solitario con Sørensen hacia la Cipressa y posteriormente el Poggio.

Y aquí llegaba la resolución definitiva. Con un pelotón a apenas un minuto y con saltos por detrás de Anderson o Gastón, entre otros, Chiapucci soltaba a Sørensen y volaba hacia la gloria entre el delirio de los comentaristas en la RAI (Gimondi, Adorni o Saronni entre los “invitados”). Ya nada lo iba a parar. Su tan conocida tenacidad y su empeño (ese que volveríamos a ver camino de Val Louron este año 91 o en Sestriere en el Tour 92) le hacían coronar con casi medio minuto sobre Sørensen y casi un minuto sobre la avanzadilla del grupo…

Primero, con Sørensen segundo y el pelotón encabezado por Vanderaerden y Abdoujaparov a algo menos de un minuto…

Claudio Chiappucci
Foto: Bettini

Una gran victoria la suya, ese gran triunfo que se le negaría con los años en Giro, Tour o Mundial, donde se quedaba a las puertas de la victoria, lo veía coronarse en la Vía Roma de San Remo, en la prueba más alejada en principio de sus cualidades.

Y así es como el que empezó de gregario de Visentini y Roche años atrás, veía cómo su nombre quedaba inscrito en una prueba en la que grandes como Maertens, Sagan o Pogacar (de momento) no pudieron coronarse a pesar de intentarlo en numerosas ocasiones… y era él, Claudio, Claudio Chiapucci, el que iba a romper todos los pronósticos para entrar en el Olimpo ciclista con una gesta que hoy, 35 años después, aún es recordada por sorpresiva y espectacular, por emotiva y épica… pues como era él, un grande, que aquel 23 de marzo encontró su trono donde no pensaba.

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