El dominio de Pogacar (y mi apoyo a Vingegaard)

Hace unos meses escribí este artículo que, precisamente, defendía un poco lo contrario de lo que defiendo en este. No son opiniones incompatibles; creo que ambas siguen siendo defendibles, pero reflejan un poco esa deriva personal mía respecto al dominio del esloveno.

Así que, con nocturnidad y alevosía, aquí va…

Pogačar y un ciclismo en otro nivel

Me asombra Tadej Pogačar y creo que realmente el ciclismo se ha elevado con él a unos niveles desconocidos. Tiene enfrente a una camada de corredores absolutamente increíbles como son Mathieu van der Poel, Jonas Vingegaard, Wout van Aert, Mads Pedersen, Remco Evenepoel

Y aun así, juega con ellos como si fuesen corredores de segunda o tercera fila. La realidad es que Van der Poel es posiblemente el mejor clasicómano de los últimos 20 años (me atrevería a decir que bastantes más), si le exceptuamos a él.

Flandes: ganar sin equipo

Hoy, en el Tour de Flandes, hemos asistido a una nueva victoria por aplastamiento. No ha necesitado ni a su equipo.

A 100 km han destrozado todo (incluido a su propio equipo) y se han ido los mejores corredores por delante. Pero en ese grupo, Pogačar pasaba como si no tuviera un compañero del nivel de Florian Vermeersch con él.

Bastante absurda esa estrategia, bajo mi punto de vista. Pero puede hacer lo que quiera. Incluso parecía que se estaba cansando más de la cuenta, como si quisiera dar alguna opción a los demás (o sea, a Van der Poel).

Cuando dominar demasiado es un problema

No confundáis esto con un artículo de hate hacia Pogačar. Es de mis ciclistas preferidos y le admiro profundamente.

Pero la realidad es que este dominio tan apabullante es, en parte, aburrido. Las cosas como son.

Este año, además, hemos perdido un poco ese día mágico que era la Milán-San Remo. Era la carrera en la que tenía que sacar todo el arsenal para ganar al neerlandés.

Ya lo advertía el propio Van der Poel: Pogačar ganaría la Clasicissima el día que él no estuviese al 100%. Porque la única forma de ganarle era esa. Y así fue.

En el Poggio, Van der Poel se abrió, mermado por la caída (según él). El esloveno acababa así con su mayor frustración.

Roubaix, la última esperanza

Da la sensación de que solo nos queda la París-Roubaix como escenario donde el esloveno está en inferioridad. O, mejor dicho, donde no es claro favorito.

Y eso no es bueno para el espectáculo.

Exceptuando esas dos carreras, en el resto sabes que va a ganar. No hay absolutamente nada que hacer. Y además lo hace durante todo el año.

Creo que a día de hoy hay pocas personas que no tengan claro que, si quisiese, podría ganar las tres grandes en el mismo año.

De momento, si Van der Poel no lo remedia, este 2026 puede ganar los cinco Monumentos. Incluso ganarlos seguidos. Y con muchas probabilidades de hacerlo también en el mismo año natural.

La única opción: Vingegaard

Honestamente, todo el mundo tiene fe en Paul Seixas como el antídoto.

Yo no lo veo así.

La única opción es un Jonas Vingegaard al 100%, un Pogačar pagando la primavera y un danés con poco que perder.

Porque Vingegaard, con su sempiterna cara inexpresiva y su legendaria falta de carisma, es un grandísimo ciclista. Y además, es valiente cuando tiene que serlo.

Yo, honestamente, voy con Vingegaard en el Tour. Siempre he sido de Pogačar, pero todo héroe necesita su villano, su némesis.

Y yo aún confío en Jonas.

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