Ante la posibilidad de que Tadej Pogacar hubiese vestido el maillot rojo de principio a fin durante la presente Vuelta Ciclista a España (como se llamaba antiguamente), me pidieron que hiciera una semblanza de un hecho similar. Rápidamente recurrí a la de Freddy Maertens, en 1977, más que a la de Rominger en 1994. Pogacar no podrá ganar esta Vuelta. Aunque su favoritismo en la línea de salida para ganar era mucho mayor que el de Maertens en aquel 1977, de sobra es sabido que, hasta cruzar la última línea de meta, todo puede suceder. Como, de hecho, ha sucedido.
Cuando uno repasa aquella Vuelta, en seguida se apercibe de cuánto tiempo ha pasado. Y no porque se lo parezca de entrada. Se apercibe de ello en cuanto rememora un montón de detalles, muy chuscos con la perspectiva de hoy. De casi imposible repetición hoy día. Y llega a la conclusión de que aquel ciclismo que de niño conoció poco tiene que ver con el actual.
Cuesta entender hoy día un pelotón de solo 70 unidades partiendo desde la salida en La Dehesa de Campoamor. Con tres escuadras nacionales: Kas, Novostil y Teka. Dos belgas: Ebo-Superia y Velda Latina Flandria; un equipo neerlandés, el Frisol Gazelle Thirion, capitaneado por Luis Ocaña, pero sin apenas protagonismo ya. Y un transalpino, el Magniflex Torpado. Iba a acudir otra escuadra: los suizos del Kanel Colnago. Pero aquel fue un equipo fantasma que finalmente no acudió a la cita. En él corrían ciclistas españoles. A Jesús Manzaneque, que era de aquel equipo, se le permitió salir sustituyendo a un ciclista italiano del Magniflex, Mauro Vannucchi. Apaños de aquellos años. Contraviniendo incluso la propia normativa de la UCI. Se trataba de sobrevivir, y no se podía dejar fuera a un ciclista hispano que llevaba meses preparando la gran ronda española.
Del dominio durante aquella carrera del belga Freddy Maertens, mucho se ha escrito. Por tanto, os narraré algunas anécdotas más desconocidas, magníficamente relatadas en el libro de Javier Bodegas, “Los otros de la Vuelta”, de Urizar Edizioak (ISBN 978-84-09-35387-3).
La participación de Freddy Maertens en aquella Vuelta estaba apalabrada desde el año anterior mediante un contrato de la organización con Guillaume Driessens, el jefe de Flandria. Pero la entrada del sponsor italiano Latina para 1977 hizo variar los planes. Latina quería, obviamente, que Maertens corriese el Giro y olvidase la Vuelta. Driessens así se lo hizo saber a la Vuelta, organización que amenazó con demandar a la escuadra Flandria si no presentaban al as belga en la línea de salida. Finalmente, Maertens salió en la Vuelta, la ganó, y cinco días más tarde de su triunfo final en Miranda de Ebro, tomó la partida en el Giro de Italia. Carrera que abandonaría por una caída en el autódromo de Mugello.

La superioridad de Freddy Maertens durante la carrera fue abrumadora. Como anécdota, una única derrota en un esprint, en Barcelona. Ante el neerlandés Cees Priem. Ningún desconocido este, que ya había ganado etapas en Tour y Vuelta, y había sido campeón nacional.
Un asunto que dio mucho que hablar durante aquella edición de la Vuelta fue la alianza entre Teka y Flandria, en contra del equipo Kas. Alianza que, finalmente, permitió la victoria de Teka frente a Kas en la clasificación por equipos. Triunfos menores que cobraban relevancia cuando una sola escuadra arramplaba con todo. Se cuenta que aquella alianza le costó al Teka la cantidad de 250.000 francos, que el equipo cántabro debió abonar a Maertens y los suyos. La mala decisión de Antón Barrutia, el director de Kas, en la última jornada, de mandar parar a González Linares, integrado en la escapada con los Teka y los Flandria, para ayudar a la caza por detrás con sus compañeros de Kas, determinó que Teka ganase la clasificación por escuadras por solo 50 segundos.
Los casos de dopaje recibían un tratamiento muy diferente al actual. Durante la disputa de la carrera se hicieron públicas algunas sanciones por este motivo, incluidas las del líder Freddy Maertens. Freddy había dado tres veces positivo: en carreras como Flecha Valona, Tour de Flandes y Vuelta a Bélgica. Maertens fue sancionado con un mes y medio de sanción, pero no debía cumplirla inmediatamente. Se podían aplazar sus cumplimientos. Así que pudo concluir la Vuelta sin mayores problemas. Su compañero Michel Pollentier también fue sancionado por haber dado positivo con la misma sustancia.
Otra anécdota de aquel año fue que el color del maillot distintivo del líder de la general volvió a ser el original de la primera Vuelta a España, celebrada en 1935. Y no porque la organización quisiera realizar un homenaje “vintage” a su carrera. Aquello aún no se estilaba. La causa era mucho más banal. Que el patrocinador del gran premio era la empresa de gas Butano. Así que Freddy Maertens vistió con aquel color de las botellas de gas tan típicas de aquellos años en España de principio a fin.
La finalización de aquel evento, organizado por aquel entonces por el diario bilbaíno de información general “El Correo Español-El Pueblo Vasco”, iba a tener lugar en Donosti. No pudo ser. Ya en la jornada con final en Cordovilla, al lado de Pamplona, en la factoría de Super-Ser, hubo algunos incidentes que apenas trascendieron a la prensa. En la penúltima etapa, con final en el santuario de Urkiola, el pelotón anduvo esquivando barricadas y clavos. Y, una vez concluida la etapa, la policía efectuó algunos disparos en los aledaños del santuario para dispersar a la multitud allí concentrada. Estaba claro que el final de fiesta, al día siguiente en Donosti, iba a tener de todo menos normalidad. La organización decidió, de urgencia, que la carrera finalizase en Miranda de Ebro. Pero no piense el lector que estos incidentes con motivación política tan solo afectaban al ciclismo. Todo un acontecimiento como el partido de vuelta de la final de la Copa de la UEFA en San Mamés, unos días más tarde, entre el Athletic y la Juventus de Turín, también corrió peligro de no poderse jugar, al menos en el modo inicialmente previsto.
Otro asunto llamativo de aquella Vuelta es el poder reconstituyente que se le otorgaba al champán. Sí, sí. Ha leído bien el lector: al champán. En el final en alto de la jornada de Tossa de Montbuí, ganada por Giuseppe Perletto, del Magniflex, tras la descalificación del ciclista de Teka Joaquim Agostinho, ya se acusó a Guillaume Driessens, el director de Flandria, de entregar un bidón de champán a Agostinho. Recordemos lo que hemos escrito antes sobre la alianza Teka-Flandria. Pero es el ciclista, entonces ya del Teka, Miguel Mari Lasa, quien relata con bastante nitidez el uso del champán en aquella época: “El peor momento de aquella Vuelta fue cuando decidí tomarme una copa de champán subiendo El Formigal, cuando quedaban 4 kilómetros para el final. El líquido espumoso me había sentado maravillosamente bien las tres veces que lo había tomado. Pero en aquella oportunidad me produjo una especie de corte de digestión”.
Los desarrollos de las etapas, y el propio día a día, eran fuente de discusión y desavenencias continuas, sobre todo entre los directores deportivos españoles. En la decimocuarta etapa, con final en Monzón, llegaba la primera victoria parcial española de parte de Carlos Melero, del Teka. Escapado junto con Ismael Lejarreta, del Kas, que fue batido al esprint. La escapada estuvo cargada de momentos absolutamente chusqueros. El relato que hace el hermano mayor de los Lejarreta de aquella escapada resulta risible. Llegando a decir que estuvieron a punto los dos de sentarse al lado de la carretera a esperar al pelotón. Un pelotón que no quería cazarlos, al parecer. Porque el Flandria quería que Teka ganase una etapa, como contraprestación de la alianza que ambos mantenían. Absolutamente impensable hoy día todo aquello.
Para finalizar, os ponemos un extracto de una entrevista a Miguel Mari Lasa. Nos da idea de lo que supuso en aquella Vuelta la participación del equipo Flandria y de Freddy Maertens: “En aquella época era imposible ganar a Maertens y a su equipo Flandria. Cuando supimos que venía Flandria a la Vuelta, me propuse ser segundo como objetivo máximo. Estaban uno o dos puntos por encima de nosotros. Freddy estaba que se salía, pero es que Demeyer y Pollentier eran unas motos, y su equipo funcionaba a la perfección. Fue una pasada su exhibición en aquella Vuelta”.

Raúl Ansó es pamplonés y cumple más de una década en proyectos como Road & Mud, Urtekaria, Desde la Cuneta, Planeta Ciclismo, High-Cycling y ahora Le Puncheur. El espíritu crítico y una visión siempre interesante sobre la actualidad, además de gran historiador del ciclismo.