Volta Catalunya 2024: Tadej Pogacar a lo Merckx

Tadej Pogacar consigue en la Volta una victoria más, una foto más de un álbum que ya roza con los dedos las 70 postales en lo alto de un podio. Ha sido de sus victorias más hermosas. La general ha sido pan comido, ha jugado en otra categoría. Victoria por inercia con exhibiciones donde, cómo y cuando ha querido. Llegada en alto significaba victoria del esloveno, en solitario y alcanzando la cima dando la sensación de no haber dado todo lo que llevaba dentro. Así de superior ha parecido el ciclista del UAE. No ha estado mal la carrera, pese a que el dominio aplastante e incontestable de Pogacar dejó la sensación de un ciclismo previsible, donde si no coinciden Vingegaard y el campeón de la Volta Catalunya, la competencia se ve perjudicada. No es, evidentemente, problema del corredor, sino de sus rivales. Pero es, es un hecho.

Porque cuando hay tanta superioridad se resiente la emoción de no conocer al ganador. De sentarse a ver en televisión una película que es previsible y donde vas recitando las frases con los actores. Entre eso y la inoperancia que han demostrado varios de sus competidores en otras ocasiones, lógico quedarse con las exhibiciones de Tadej Pogacar. Con mención especial a su ambición y al respeto por el ciclismo. Él va a muerte, no perdona una y quiere dejar impronta. A ver si aprenden algunos campeones que dan asistencias de gol en Monumentos. La decisión y determinación por parte del esloveno como de la dirección de su equipo son imponentes. El problema, que a veces la colección de cromos que es el UAE responde con individualismo donde el Visma lo hace con unión y sacrificio.

Ver a Joao Almeida tirar de Vlasov, tercer clasificado en la línea de salida de la etapa de Berga, deja una sensación extraña. Sí, la victoria de Tadej no estaba en discusión, pero no es la primera vez que se observan comportamientos individualistas en el UAE (y las que quedan). Sucedió con Ayuso, le ha sucedido al propio Pogacar en el Tour de Francia con Adam Yates. Eso sí, si de Monumentos va la cosa, uno bien grande se merece Marc Soler, quien, crecido por correr en casa, se ha dejado el alma por su líder. Y su líder no ha perdonado: cuatro victorias en siete días. Y eso porque en la primera jornada se le anticipó el australiano Nick Schultz, del Israel Premier Tech. Marijn Van den Berg y Axel Laurance se llevaron sendos sprints. Y porque al líder no le ha dado por meterse, que sino…

Las dos primeras llegadas en alto ofrecieron el despegue del gran favorito. Había anticipado en la primera de ellas que estaba en modo superlativo. Atacar junto a un compañero a un mundo de meta con el único fin de aliviar sus necesidades fisiológicas de forma tranquila da sensación de ir sobrado. Se vio en el compás final de la etapa, donde no tuvo ni siquiera contestación. Todos los demás ciclistas comenzaron a pensar en el segundo puesto. Las propuestas tampoco fueron más allá de intentar resistir el chaparrón lo mejor posible o un único ataque por parte de Mikel Landa. El resto fue claudicación ante el nuevo rey de Cataluña.

Entre lo más positivo de la semana catalana estuvo el estreno (delito tiene que haya tenido que esperar tanto) del Coll de Pradell. No es la primera ocasión que la carrera transita las carreteras del Berguedá, pero sí la primera que la organización tiene arrestos (y visión) para incluir el que debería ser a estas alturas el mito montañoso de Catalunya. El puerto respondió, con el pelotón quedándose en apenas una decena de corredores en la cima. No hubo más ataques que el que propuso Esteban Chaves, valiente, pero sin el punch necesario. Pogacar tomó la cabeza y trabajó para que Marc Soler fuese el primero en pasar por la cima. Hito histórico que es un pequeño gesto hacia el corredor catalán.

Esperemos que, aunque sea de forma oportunista, la organización tome nota y empiece a creer en sus montañas y deje atrás el conformismo habitual en la elaboración de sus propios trazados. La etapa de Berga fue espectacular en su desarrollo, con todos los favoritos dando la cara y remando por defender sus opciones en la general. Eso puede suceder en cualquier escenario. Pero el caso es que el diseñado para esta ocasión ayudaba, así que felicidades por haber tenido el atrevimiento por fin y por el resultado. La gente, como sucede cuando no te llevas la carrera repetidamente al último rincón despoblado del Pirineo, respondió. Daba sensación de ser etapa Tour. O Vuelta. Ojalá el tema político quede fuera de juego, se aleje del deporte, y se permita una etapa así en la grande española, sin boicots ni miradas de corto alcance.

Buena carrera de Egan Bernal, quien demuestra que está bien cerca de terminar de resucitar. No hay nada más simbólico que el Domingo de Ramos para volver al podio. Acompañado por un gran Mikel Landa. El landismo no muere y el vasco fue sin lugar a dudas el más fuerte si dejamos a un lado a Tadej Pogacar. A ver si en julio la punta de lanza del Soudal no debería ser él en lugar del belga Remco Evenepoel, para el que trabajará. En montaña ha mostrado un gran nivel, el mejor en mucho tiempo. Hablaremos de él detenidamente, pero esto debería reforzar (ya es hora) la confianza en sus propias piernas. Si no hubiese competido Pogacar, Landa no hubiese ganado la Volta, es un pensamiento que compartiremos casi todos. Y pensarlo da pena, porque el alavés merece un palmarés a su altura. Y no lo tiene.

Por lo demás, una buena carrera, mediatizada por la presencia del amo y señor del maillot de líder. En el fin de semana se ha notado sobremanera en presencia de gente. Tanto que ha desbordado a una organización que debe seguir trabajando en mejorar aspectos de su carrera. Por ejemplo, el marcaje a los reporteros que han acudido a la carrera, como nos traslada Laura M. Taberner. La gran presencia de público en la etapa del Santuari del Queralt también colapsó los accesos. Y fue una pena, porque de haberse organizado mejor, hubiese lucido todavía más. A ver si de una vez se toman en serio el potencial de su carrera y para siguientes ocasiones confían en el poder de llamada de sus escenarios. Ya suena Berga para la próxima edición, lo cual es un buen síntoma.

No hay que dejar de mencionar la valentía de Enric Mas en la considerada como etapa reina (al menos considerada así por los medios cuando pasó la de Port Ainé, que fue citada por varios a tal efecto). El balear intentó luchar por el podio y se quedó entre dos aguas, quizá eligió tarde el momento. Pero no cabe duda de que ése es el camino, mostrarse y ganar protagonismo. Para próximas ocasiones debería intentar anticiparse y ser él quien destape la caja de los truenos. Al fin y al cabo se observan buenas piernas, que es lo importante, y que se mantiene bien ante los ciclistas de su liga. Porque en la de Tadej Pogacar no entra por el momento. Ni él ni nadie. Quizás Vingegaard.

Fotos: Volta Catalunya (Twitter)