De Náquera a la Senia: El cierre de una temporada inolvidable

Este año, el calendario me trajo dos carreras que ya conocía bien: la primera de ellas, hace unos días, en Náquera, un circuito corto pero engañoso con repechos constantes. Días después vendría la Senia en Cataluña, un trazado que también había corrido antes y al que le tenía cogido el truco. Ambas carreras marcaron el cierre de una temporada que, aunque diferente, me dejó con una satisfacción increíble.

 

Náquera: Cabeza fría y riñonadas finales

La carrera de Náquera fue la primera en la que volví a correr en España después de un tiempo en Guadalupe. Con la experiencia del año pasado, sabía que los repechos cortos iban a invitar a más de uno a atacar pronto, así que decidí mantener la calma. Era cuestión de esperar a que se desgastaran un poco. ¡La paciencia tenía que ser mi mejor aliada!

Casi como predije, alrededor del kilómetro 30-35 se formó un corte con dos compañeros de mi equipo y unos cuatro o cinco corredores más. Nos fuimos hacia adelante, pero sabíamos que algunos equipos detrás no habían metido a nadie en la escapada, así que no iban a parar de tirar. El caso es que a falta de unos 20 kilómetros, nos quedamos mi compañero y yo con un corredor del STEC, pero con el pelotón cada vez más cerca, era cuestión de tiempo que nos cazaran.

Maite Garcia

Y sí, a falta de 10 kilómetros, nos atraparon. Normalmente, en ese momento uno podría pensar que todo está perdido, que después de estar todo el día escapado, no queda nada por hacer. Pero me encontraba bien, había estado entrenando duro, y no iba a tirar la toalla tan fácilmente. Así que decidí reservar fuerzas y mantener la calma para esos últimos kilómetros.

En el repecho final, tenía a un compañero adelante, así que no podía lanzarme demasiado pronto. Esperé el momento justo, y cuando lo alcanzaron, arranqué. Adelanté al segundo del Valverde a escasos 5 metros de la meta, ¡casi con el último golpe de riñón! El final fue en un repecho durísimo, pero la satisfacción de superarlo y cruzar la línea fue enorme. Ganar esa carrera, después de tanto tiempo fuera, me dejó un sabor de boca increíble. Todo salió perfecto.

 

La Senia: El cierre perfecto

Una semana después, en Cataluña, tocaba la de la Senia. Un circuito con subidas suaves pero que, con el paso de las vueltas, se iba haciendo cada vez más pesado. Este trazado también lo conocía bien, y esa ventaja me ayudó a elegir el momento adecuado para atacar. Eran 7 vueltas en total, con una bajada de 10 kilómetros y una subida de 7 que, aunque no muy pronunciada, acababa rompiendo el grupo.

Maite García

En la cuarta vuelta, me fui con dos rusos, un corredor del STEC, Gerard Ledesma, y uno del EBS. El entendimiento entre nosotros fue perfecto desde el principio. Todos teníamos buena capacidad para rodar en el llano, y en poco tiempo sacamos un minuto de ventaja que supimos mantener hasta el final. Sabía que uno de los rusos era muy rápido, así que me coloqué detrás de ellos, esperando la oportunidad de sorprenderles en el sprint. Y funcionó. ¡Me llevé la victoria!

Ganar esta última carrera de la temporada, y posiblemente la última de mi carrera, fue una alegría inmensa. No fue el Tour de Francia, claro, pero para mí significaba mucho más. Es el cierre de una etapa llena de momentos, amistades y sacrificios que el ciclismo me ha devuelto con creces.

Fue la manera perfecta de despedirme de este deporte que me ha dado tanto.

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