Movistar Team y su equipo de desarrollo

Hace pocas semanas conocimos por boca de Eusebio Unzué que el Movistar Team estaba planteándose la creación de un equipo de desarrollo para el año 2026 y que las probabilidades de que esto ocurriera eran altas.

Los equipos de desarrollo, tal y como los conocemos hoy en día, son relativamente recientes. La mayoría de los equipos han creado el suyo a partir de 2019 y, a día de hoy, solo Cofidis, INEOS y Movistar no cuentan con un equipo continental que les sirva como desarrollo. No obstante, INEOS opta por otra formula, como el acuerdo que tiene con el equipo continental Lotto Kern Haus, además de otros con equipos juveniles.

Un acuerdo similar es el que tiene Movistar Team con el Baqué juvenil, que de momento se ha traducido en la aparición de dos juveniles en la primera concentración de la temporada 2025: Javier Cubillas y Markel Aranaz.

La creación de este equipo de desarrollo era algo ampliamente demandado por la siempre exigente afición española. Para muchos, será una forma de evitar el éxodo de talento nacional que se viene produciendo en los últimos años, con nombres como Carlos Rodríguez, Juan Ayuso o, más recientemente, Adrià Pericas y Héctor Álvarez, dos de los mejores juniors del ciclismo mundial, que han buscado su camino en otras estructuras más potentes.

Sin embargo, esto no será tan fácil, ya que los mismos problemas que tiene el equipo masculino para retener o fichar talento se verán reflejados en el hipotético equipo de desarrollo. Es cierto que la creación de este equipo dará un lugar donde seguir progresando a aquellos juveniles que puedan salir del Baqué, por estar este afiliado a la estructura Abarca, o a cualquier otro ciclista procedente de la categoría junior. Además, añadiría un paso intermedio para aquellos más prometedores, pero que aún no están preparados para dar el salto al WorldTour, algo absolutamente necesario, ya que el paso de junior a WT está reservado a unos pocos elegidos.

Siendo francos, invertir en un equipo junior sin tener una estructura en la que seguir trabajando con esos corredores cuando terminan esa etapa es, en la mayoría de los casos, una inversión sin retorno, salvo que surja uno de esos talentos excepcionales que, con 18 años, ya están preparados para el WT. Esa es la parte positiva del asunto, pero ahora veamos la realidad a la que se enfrentará el equipo a la hora de pujar o retener a esos ciclistas.

Sabemos que Movistar no tiene uno de los presupuestos más altos del pelotón, lo que claramente influirá en los corredores a los que puede aspirar para su equipo de desarrollo. Incluso aunque hablemos de talentos nacionales, que siempre serán un poco más proclives a quedarse en un equipo con el que comparten cultura, será muy difícil ficharlos si tienen la calidad de las generaciones que han salido en los últimos años en nuestro país. Y lo será aún más en el futuro, si las nuevas generaciones siguen mostrando el mismo nivel que sus predecesores.

Todo parece indicar que, salvo la llegada de un nuevo patrocinador, competir a nivel económico será complicado, por lo que el equipo tendrá que buscar otras formas de convencer a los ciclistas. Uno de sus principales argumentos debe ser el innegable buen trabajo que están haciendo con los jóvenes que llegan a la escuadra, como Oier Lazkano, Matteo Jorgenson o Iván Romeo, quienes han mejorado notablemente sus capacidades durante su estancia en Movistar. Además, el equipo debe asumir su rol como trampolín dentro del pelotón WT.

EFE

Pero, aunque logren ficharlos, eso tampoco asegura que vayan a llegar a profesionales con el equipo. En los últimos tiempos, la firma de contratos cortos con los equipos más humildes e incluso las rescisiones están a la orden del día.

Existen varios ejemplos de equipos que han invertido en ciclistas sin llegar a disfrutarlos. Este mismo año, Marco Martín, corredor del Baqué, dejó entrever en una entrevista que tenía una oferta de Movistar para 2026, pero acabó en el equipo de desarrollo del Red Bull – BORA por no querer esperar un año.

Fuera del ámbito Movistar, otro caso similar es el de Ashlyn Barry, posiblemente el cadete más esperado de la historia reciente del ciclismo, quien, a pesar de haber sido financiado por Education First al menos durante dos años, decidió irse a Visma. Casos más extremos los encontramos en BMC y Uno-X, que decidieron cerrar sus equipos inferiores tras la marcha de Pavel Sivakov a INEOS o de Jørgen Nordhagen a Visma, cuando ninguno de los dos había debutado con el equipo.

Esto plantea la duda de hasta dónde puede o debe arriesgar Movistar por un ciclista en edad juvenil, que será el grueso de los que conformen ese equipo de desarrollo. ¿Cuánto puede invertir en un mercado donde compite con estructuras más potentes económicamente y en el que los contratos que debe ofrecer para atraer a un ciclista son cada vez mayores, sin garantía de que algún día llegue a correr para el equipo? Porque, como todos sabemos, ser bueno en categorías inferiores no asegura ni mucho menos el éxito en el profesionalismo, ni siquiera garantiza llegar a él.

Pese a estos posibles contratiempos, la creación de un equipo de desarrollo es algo positivo y un buen comienzo para explorar otras alternativas mientras no llegue un patrocinador que permita fichar a talentos ya consolidados. Este equipo dará al conjunto la capacidad de controlar a algunos corredores con un futuro mínimamente interesante desde su etapa junior hasta el salto al profesionalismo. Quizás no sean los mejores de la categoría (los más optimistas pueden recordar que Miguel Induráin salió del equipo amateur del Banesto), pero sí podrían ser ciclistas interesantes para el WT.

Groupama-FDJ debería ser el espejo en el que Movistar se mire para comprender qué puede aportarle un equipo de desarrollo a un equipo “humilde”. Nuevas realidades para el Movistar Team que apuntan a tiempos de cambio.

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