Comienzo de la segunda semana del Tour de Francia, un tanto atípico, con la jornada de descanso desplazada al martes con motivo del 14 de julio, Día de la Bastilla y fiesta nacional de Francia.
La etapa 10 suponía el primer contacto real con la montaña en la presente edición, superando más de 4.000 metros de desnivel en tan solo 165 kilómetros. Constante sube y baja típico del Macizo Central, con puertos cortos pero duros y calor, mucho calor.
Como era previsible, múltiples intentos de fuga con un Visma muy activo. Forjándose finalmente una escapada de 29 ciclistas, pronto se vieron los diferentes objetivos de cada uno. Gente como Lenny Martinez, Woods o Simmons peleando los puntos de la montaña; los EF, en bloque, ayudando a aumentar diferencias en busca del amarillo para Healy; y los Visma y Soudal esperando instrucciones en un movimiento táctico muy interesante.
Sorprendentemente, la etapa fue muy satisfactoria para muchos: Lenny se enfundó el maillot de la montaña a pesar de no tener fuerzas para disputar la etapa; Healy, gracias al trabajo del equipo y su espectacular empeño, lograba el amarillo; mientras Simon Yates, casi sin despeinarse, vencía en Puy de Sancy, imponiendo su calidad en la última ascensión para ganar en solitario. Por detrás, Pogacar, intimidado por los Visma, atacaba llevándose consigo a Vingegaard, augurando un inicio de montaña épico.
La caravana del Tour llegaba a Toulouse para la primera jornada de descanso. Un descanso más deseado que nunca, al llegar, como hemos dicho, un día más tarde de lo habitual.
La undécima etapa consistía en una ida y vuelta a la ciudad de Toulouse, ideal para una fuga, ya que, sobre el papel, el final era demasiado exigente para los hombres más rápidos. Como era de esperar, sí que se peleó la escapada (no como en la lamentable actuación de algunos equipos días atrás), durante más de dos horas, hasta que se formaron varios grupos, entre los que destacaban las figuras de Van der Poel y Van Aert.
El desenlace final, entre Abrahamsen y Schmid —dos de los hombres que partían con ventaja en la última subida—, derivó en la primera victoria del conjunto noruego Uno-X tras tres participaciones en el Tour de Francia, ante la agonizante e infructuosa caza del combativo Van der Poel.
En el pelotón, minutos después, se producía el ataque de Vingegaard y la rápida respuesta de Pogacar. Cuando ya todo parecía decidido, otro ciclista noruego, Tobias Johannessen, se convertía en protagonista al hacer «el afilador» con el astro esloveno, que fue directo al suelo sin aparentes consecuencias.
La confusión ante la caída propició una tregua y una polémica espera a Pogacar, que acabó entrando con la ayuda de sus compañeros y agradeciendo el poco colmillo que habían tenido sus rivales. No diré “deportividad”, ya que, siendo una acción fortuita de carrera, años atrás nadie esperaría a Indurain, Hinault, Pantani o cualquier figura del ciclismo, pero este deporte ha cambiado —para bien en muchos aspectos, y en otros… pues ha cambiado.
Tras el susto de la caída y la victoria de Simon Yates el lunes, Vingegaard y su equipo se las prometían muy felices en la primera etapa del tríptico pirenaico, con final en Hautacam. Sin duda, era un día señalado para Pogacar, que volvía a Hautacam tres años después, tras recibir allí una de las mayores y pocas derrotas de su carrera.

Gran escapada de salida, con un Ineos metiendo a casi todo el equipo, dejando en una posición ideal a Carlos Rodríguez. Escaladores cazaetapas como Storer, Skjelmose, Einer Rubio, Martin, Lenny, entre otros, se dejaban llevar ante el trabajo de compañeros más rodadores, y sobre todo el empuje de los INEOS. Por detrás, Uno-X y EF defendían su posición en la general, mientras UAE centraba sus esfuerzos en reservar gente para las subidas exigentes.
Con una primera hora a más de 51 km/h y un calor intenso, se esperaban grandes explosiones ya en el Soulor. La fuga se reducía al máximo, con Woods en cabeza, y en el pelotón Healy veía cómo se le escapaba el amarillo y a Evenepoel la carrera, perdiendo toda opción. Gracias al mal día de Jorgenson, Visma redujo el ritmo para no perderle tácticamente, y Remco, con una subida de menos a más, conseguía reducir diferencias.
Ya a pie de Hautacam, el ritmo de UAE era infernal, y con los explosivos Wellens y el gran trabajo de Narváez dinamitaban la subida desde el inicio. Pogacar salía como un cohete, sin respuesta de Vingegaard, que veía cómo el campeón del mundo asestaba un mazazo difícil de superar. Colosal ascensión final de Pogacar para conseguir su tercera victoria este año, su vigésima parcial en el Tour, y lo más importante: dejando casi sentenciado, a más de 3 minutos, a su máximo rival.
Destacable el papel de Lipowitz, que parecía amarrado por el equipo en ayuda de Roglic, y del joven Onley, que pone sobre la mesa su candidatura al podio final, en lo que parece que será una dura pugna también por el maillot blanco entre el alemán, el británico y Evenepoel.
Por su parte, el papel de los españoles de Arkea ha sido sencillamente espectacular, en un equipo que aspiraba a bien poco en este Tour pero que se ha impuesto por equipos en la primera etapa de alta montaña, gracias a Vauquelin, Raúl García Pierna y Cristian Rodríguez. Movistar, por su parte, no tuvo el día, a pesar de tener a tres hombres en la fuga. Viendo ya el nuevo objetivo de Enric, parece que la tónica, por fin, del equipo será salir a por etapas desde mañana mismo.
El Tour parece estar visto para sentencia, a pesar de quedar nueve etapas. Desde el gran Hinault no vence un arcobaleno en París, y parece que, cuatro décadas después, lo volveremos a ver… y lo contaremos por aquí.

Unai Lacalle es un entusiasta seguidor y practicante del ciclismo que nos acerca al ciclismo profesional a través de sus artículos y programas de YouTube. Después de pasar por High-Cycling y otros proyectos, llega a Le Puncheur para ser una de las piezas clave del equipo.