Puedes leer aquí la primera parte
Todos conocemos a los grandes nombres del pelotón actual pero, exceptuando contadas excepciones, sus historias en el ciclismo formativo son contadas de boca en boca a modo de «teléfono escacharrado» o, dicho de otra forma, son un conocimiento adquirido a posteriori del aficionado medio al ciclismo. Es por ello que vengo a repasar en estos dos artículos las historias de los ciclistas más destacados que nos acompañan durante estas tres semanas del mes de julio y que coinciden en gran medida con las mayores figuras del calendario mundial.
Para hacerlo todo más visual y fácil de entender para el lector voy a incluir junto al nombre del ciclista mencionado las temporadas que pasaron desde su debut élite hasta su ascenso al profesionalismo (me tomo esta licencia por la que los expertos tienen razones para corregirme) y sus equipos de cantera, por llamarlo de alguna manera.
Jonas Vingegaard (4)
Odder CK (’15-’16), ColoQuick (’16-’18)
Hasta mi padre, que considera el Tour de Francia un ASMR de cinco horas y que dejó de seguir el ciclismo hace unos 25 años, sabe que Vingegaard trabajó en una fábrica de pescados. Se encontró esa historia y se ha usado hasta quemarla para etiquetar al danés como el trabajador incansable frente al puro talento de Pogacar. Siendo lo de la fábrica cierto, toca rebajar un poco la emotividad de la historia.
Vingegaard nació en un pequeño pueblo al noroeste de Dinamarca llamado Hillerslev. Antes del ciclismo jugó al fútbol y al balonmano y cuenta su padre que al llevarlo a ver el Tour de Dinamarca se aficionó. Por lo que se dice en fuentes danesas podríamos estimar su comienzo como ciclista en 2007 cuando se inscribió en el club ciclista de Thy (cantera de Michael Valgren y Jakob Fuglsang), cercano a su pueblo natal. Allí permaneció todo su tiempo en escuelas y cadetes, incluido cuando con 16 años (según su padre en esta entrevista a tv2) ascendió Alpe d’Huez en 42 minutos. Es decir, en tiempos cercanos a Geraint Thomas en su victoria de 2018. Antes de ese hecho, comentan en dicha entrevista, Jonas no ganaba nunca e incluso sus entrenadores del momento veían difícil un futuro como ciclista.
En 2013, coincidiendo con su paso a juniors, ficha por el club ciclista de Aarhus (uno de los más antiguos del mundo, siendo uno de sus predecesores [Aalborg Bicycle Klub] fundado en 1885). Allí solo aguantó un año y en 2014 pasa al club ciclista de Odder (uno de los fundadores de la Tscherning Cycling Academy actual de Albert Withen Philipsen).
Tras unos años junior sin grandes resultados y un debut sin muchas luces en sub23, tiene la suerte de que el Odder CK crea un equipo en la categoría y, de la mano de Christian Moberg (actual director del ColoQuick nacido en Odder y por entonces un ciclista valorado por su conocimiento táctico), consigue pasar al escalón amateur más alto en Dinamarca (clase A).
Su año 2016 es mucho mejor y a mediados de temporada pasa al ColoQuick de tercera división. Allí su calendario es más amplio y llega a viajar a China, donde consigue buenos resultados. A estas alturas estaba poniendo hielo en pescados (no cortando como se suele decir) en ChrisFish pero también estaba viajando un mes a China a correr y estaba debutando en el Tour de Dinamarca. Yo entiendo que la narrativa está genial para repetirla cual loro pero no es tan exagerada como se pinta. No es para nada raro que se compaginen trabajos/estudios con el ciclismo a nivel Continental y amateur. Michael Valgren tiene una historia similar en la fábrica de pescado.
Aún describiéndose como un sub23 no especialmente sacrificado, Jonas empezó a destacar en 2017 y de cara a 2018 ya no era un completo desconocido. Aquel año corrió Carrera de la Paz, Porvenir, Aosta, Monts Châteaux… En total 51 días de competición entre marzo y septiembre en 9 países. Repito que entiendo la narrativa de que Visma le sacó de la fábrica de pescados pero se saca bastante de contexto. Ganó el prólogo de Aosta y fue 5° en la Carrera de la Paz como highlights de una buena temporada. En 2019 llegó a Visma y su rendimiento ya fue excelso.
Primoz Roglic (3)
Adria Mobil (’13-’15)

La historia de Primoz Roglic es la de un ciclista que se sobrepone a la adversidad. Está en su naturaleza como ciclista y le viene de lejos. Su espíritu es el de un hombre forjado por mil batallas.
Como todos conocemos ya, el esloveno era saltador de esquí. El trampolín largo concretamente era su especialidad. No podemos decir que fuera un prodigio pero evidentemente para competir internacionalmente en cualquier deporte hay que ser talentoso. Por si me lee algún entendido de dicho deporte, su mejor marca se quedó en 185 metros.
Se atribuye su marcha del esquí a una caída que, más allá de roturas de nariz y costillas, le asustó. No dudo de eso pero queda claro que verse con 21 años a un nivel que no llegaba a la élite mundial influyó en la decisión de valorar más su físico.
Su última competición internacional fue en Szczyrk (Polonia) el 16 de enero de 2011. Con 22 años y sin el deporte de su infancia tampoco tenía bicicleta en casa hasta que en verano de 2012 estuvo brevemente en las filas del Radenska, donde se sometió a pruebas con el exciclista Andrej Hauptman y pronto vieron que sus números eran de estrella. Como curiosidad, aunque en categorías de edad distintas pues Pogacar tenía 14 años, los dos grandes eslovenos compartieron equipo durante unos meses.
Ya sabiendo su valía, fue fichado en 2013 por el Adria Mobil dominante de la escena eslovena. Allí tuvo un primer año de adaptación pero rápidamente demostró que estaba para más. Tanto en 2014 como en 2015 ganó allá donde su equipo podía correr. Si hablamos de Roglic hablamos de uno de los mejores vueltómanos de una semana de la historia y allí sentó las bases con victorias y grandes actuaciones en Sibiu, Azerbaiyán, Eslovenia, el Istrian Trophy o Qinghai Lake. No se entiende la carrera de Roglic sin este inicio en carreras menores. En 2016 llegó a un Visma en horas bajas y de ahí al estatus legendario que tiene ahora.
Mathieu van der Poel (5 hasta ProTeam)
siempre en el actual Alpecin

La carrera deportiva de Mathieu van der Poel, aunque paralela a la Wout van Aert, dista en varios matices. El más evidente es su incursión en la carretera a una edad temprana. A diferencia de Wout, el neerlandés era un habitual en la carretera ya en su primer año junior. De hecho, si reunimos sus dos años en la categoría podríamos hablar de que es uno de los mejores de este siglo en juniors sin necesidad de recurrir al CX.
Van der Poel es un ciclista de carretera más ganador que Van Aert y considerablemente más precoz. Ya en su primer año sub23 estaba haciendo buenos puestos en el Tour de Bélgica y ganando carreras de un segundo o tercer nivel como Ronde van Limburg y el Baltic Chain Tour. El actual Alpecin era por entonces un simple equipo de tercera división y el calendario era limitado.
Mathieu llegó a correr el Tour del Porvenir en 2015 y solo fue superado por su actual compañero Søren Kragh Andersen en una de las etapas. Con eso y buenos puestos tanto en Bélgica como en carreras menores su progresión seguía yendo al alza más allá del barro.
Tras un par de años de valle en 2016 y 2017, se llega a 2018 donde arrasa en el CX e irrumpe en el panorama de carretera con su victoria en el campeonato nacional. Sumado a sus victorias en Boucles de la Mayenne, Ronde van Limburg y la Arctic Race, la temporada de Mathieu sirvió para centrar el proyecto de los hermanos Roodhooft alrededor de él y en 2019 la estructura subió a la segunda división. Con ello también subió la importancia de su calendario y se consiguió que debutara en Flandes. El resto es historia.
Biniam Girmay (3)
Centre Mondial du Cyclisme [UCI] (’19), Delko (’20-’21)

Eritrea es un país complicado (link a una entrada extensa en mi blog detallando la historia y situación ciclista y política del país) y evidentemente la situación complica muchos las cosas también a los deportistas. Sin embargo en el mundo ciclista es un país que en los últimos años ha recibido una gran ayuda por parte tanto de la UCI como del COI (Comité Olímpico Internacional). Girmay es un caso menos hiperbólico que lo que se tiende a decir tanto en medios como entre los aficionados por su reciente éxito ya que estuvo desde su segundo año junior en la sede de la UCI en Aigle (Suiza), contando además con el apoyo del COI mediante el programa de Solidaridad Olímpica.
No deben malinterpretarse mis palabras porque de ninguna manera el camino de un deportista eritreo va a ser fácil pero, gracias a su talento, el caso de Girmay es único. Desde el punto de vista eritreo es una tarea muy compleja la de salir del país siendo menor de edad y lo hizo. Desde el punto de vista de la categoría en sí, olvidándonos de su procedencia, su calendario fue bueno considerando que llegó a Europa en julio y a fin de cuentas estar arropado por la UCI supone un apoyo del que pocos juniors disponen. Dicho esto, él respondió con resultados al nivel de los grandes de la categoría.
En sub23 el equipo de la UCI, ya extinto, era más potente y allí debutó Girmay. Junto a él en 2019 estuvieron otros ahora profesionales como Henok Mulubrhan (Astana) y Petr Kelemen (Tudor). Con ellos estuvo en España en la Vuelta al Bidasoa, siendo protagonista en las dos primeras etapas. Sin embargo fue con la selección nacional con quien se ganó un contrato profesional. Ganó etapa en las principales carreras africanas (Tropicale Amissa Bongo y Rwanda) y aprovechó la invitación al Tour del Porvenir para ganar rodaje contra los más fuertes. Ya en Delko le tocó la temporada de la pandemia pero eso no le impidió cosechar buenos resultados. Cuando el equipo francés desapareció mediada la temporada 2021 ya había hecho méritos suficientes para ganarse una oportunidad en el siguiente nivel. Intermarché, recién estrenado como WorldTeam, apostó por él desde el 1 de agosto y podemos decir que mereció la pena. Evidentemente ya estaba en el equipo cuando fue subcampeón del mundo sub23, aunque se asocie erróneamente de forma recurrente este éxito a su salto a la primera división.
A veces Alex, a veces ZipiZapismo. Durante gran parte de mi tiempo soy estudiante de informática, pero aquí escribo sobre chavales que montan en bicicleta. Tengo un blog, una cuenta de Twitter, alguna idea interesante y, sobre todo, una vida caótica. ¿Qué puede salir mal en una sección que dirige una persona de 22 años a la que nadie ha enseñado a escribir?

