Después de un desafortunado Tour de Francia en 2005 para Roberto Heras, como ya era costumbre, solo tocaba resignarse. No obstante, el bejarano tenía ante sí la oportunidad de vencer por cuarta vez en la clasificación general de la Vuelta Ciclista a España, un récord que hasta entonces nadie había conseguido. Era probablemente el gran favorito tras su triunfo en la pasada temporada, y contaba, además, con un ejemplar equipo para llevarlo en volandas en las situaciones más difíciles.
Sus prestaciones en contrarreloj no eran excesivamente buenas para los 93 kilómetros de esa disciplina en esta Vuelta (sí, 93, da pena nombrarlo), pero sus otros rivales, también escaladores, no pasaban por ser especialistas en la lucha contra el crono. Carlos Sastre y Paco Mancebo debían ser sus más fuertes rivales, en una carrera en la que no estaba Alejandro Valverde por una lesión de rodilla, y otros corredores como Ángel Casero, Óscar Sevilla o Iban Mayo habían tenido tiempos mejores para ser considerados favoritos. No había nombres reseñables entre la participación foránea que pudieran inquietar, sobre el papel, a estos corredores.
Heras formaba parte del conjunto Liberty Seguros, de Manolo Saiz, heredero del conjunto ONCE, un equipo hecho a su medida, muy fuerte en las grandes vueltas, sobre todo en la ronda española, carrera predilecta de Saiz, con varios triunfos en la clasificación general. Fue un corredor ruso afincado en Pamplona tras su paso por Banesto, Denis Menchov, quien se hizo con la etapa prólogo en Granada. El liderato iba a durar una jornada para el corredor de Rabobank, y, posteriormente, en la primera etapa de montaña, con la llegada a la estación de esquí turolense de Valdelinares, Roberto Heras iba a realizar la primera exhibición, llegando destacado para conseguir el triunfo parcial y vestir el maillot oro de líder.
Todo empezaba a pedir de boca para el bejarano. No obstante, perdió el liderato en la crono de Lloret de Mar ante el propio Menchov, pero con una renta insignificante: 47 segundos. Teniendo en cuenta el terreno montañoso que quedaba, con el paso por la cordillera de los Pirineos y las dos etapas de Asturias, era muy probable que el ciclista de Liberty acabara por retomar la preciada prenda. Menchov, con un decepcionante Tour de Francia marcado por una enfermedad, quería resarcirse unos meses después en la Vuelta a España, aunque tampoco llegaba con la vitola de favorito.
En los Pirineos, la misión fue fallida. El español no lograba deshacerse del ruso. Se pegaba como una lapa y, tanto en Arcalís como en Cerler, el combate quedó nulo, y Menchov parecía sentirse cómodo en el rol de defensor del liderato. Quedaba el fin de semana asturiano, con un par de etapas de entidad: la dura subida a los Lagos de Covadonga, cima mítica de la Vuelta, y un encadenado con varios puertos, aunque solo dos de primera categoría —el Alto de la Colladona y la Colladiella—, con final en la estación invernal de Pajares, Valgrande, antes de que fuera descubierto el célebre Cuitu Negru. En la etapa que finalizaba en Burgos, Heras se vio envuelto en una montonera que pudo afectar a su rodilla, siendo motivo de preocupación en ese momento, aunque sin consecuencias finalmente.
Los Lagos es una ascensión que, para las características de Roberto Heras, se antojaba fantástica, con rampas muy duras, como el Mirador de la Reina o la Huesera. Pero poco pudo hacer el bejarano: el ciclista de Rabobank se soldaba a su rueda y no pudo aventajar ni un solo segundo, llegando a 1 minuto y 44 segundos del vencedor, otro escalador salmantino, Eladio Jiménez. El trabajo de sus gregarios no surtió efecto, ni el equipo, ni Heras cuando se quedó en solitario. Teniendo en cuenta que en la última semana de esa Vuelta apenas había montaña considerable (Sierra de Gredos y Guadarrama), y sí una contrarreloj en Alcalá, prácticamente solo le quedaba una bala al ciclista de Liberty: la etapa de Pajares.
Pero Manolo Saiz tenía un plan. En tiempos anteriores, con el equipo ONCE, el director cántabro será recordado por etapas prácticamente planeadas a la perfección en términos estratégicos. Mende o La Plagne podrían tratarse de ejemplos. Además, al igual que con el equipo amarillo, la selección del equipo Liberty en esta Vuelta de 2005 era de auténtico lujo. Joseba Beloki, reconvertido en gregario después de aquel triste suceso en el Tour de 2003, el malogrado Michele Scarponi, el aragonés Ángel Vicioso, Marco Serrano o Igor González de Galdeano formaban, entre otros, probablemente el mejor equipo de la carrera. Todo lo contrario a Denis Menchov, con un equipo bastante flojo, sin ningún gregario o escalador de renombre, compuesto por muchos rodadores y tampoco de gran nivel. Por lo tanto, la clave iba a estar en los equipos.

La lluvia y las bajas temperaturas ya habían hecho acto de presencia en la salida de Cangas de Onís, y acompañarían a los corredores durante toda la jornada. En la escapada del día se filtraron cuatro corredores del conjunto Liberty, algo que hacía presagiar una contraofensiva en la etapa que, a falta de una semana, sería la más decisiva de esta Vuelta. Caruso, Beloki, Vicioso y Scarponi fueron los enviados por Manolo Saiz para intentar lograr la hazaña.
En el Alto de la Colladiella, Roberto Heras realizó varios demarrajes, algunos con mucha intensidad, dejando por momentos descolgado a Menchov. Allí comenzaría la persecución y el sufrimiento para el ciclista ruso, por quien nada pudieron hacer sus compañeros de equipo. En el mojado descenso de este penúltimo puerto de la jornada, el de Béjar descendió a tumba abierta, corriendo un gran riesgo de posible caída, pero con la mente clara para ganar esta Vuelta a España: “En algunas curvas he entrado sin saber lo que me podía esperar”.
Prácticamente llegando al final de esa bajada, cuando el terreno se hacía llano, Heras vio a sus compañeros que habían salido de avanzadilla al principio de la etapa. La estrategia de Manolo Saiz había sido impecable. Hubo algunos instantes en los que Menchov tuvo a tiro a los Liberty, pero fue un espejismo, y poco después iba a comenzar la subida a Pajares, donde perdería todas sus opciones. Lamentablemente, TVE no iba a comenzar la cobertura hasta el llano previo a Pajares, por lo que nunca pudimos ver en televisión el ataque y posterior descenso de Heras en la Colladiella.
En plena ascensión al puerto de Pajares, Scarponi fue el gregario de lujo que necesitaba Roberto Heras, y fue a falta de seis kilómetros para la línea de meta cuando asestó la puntilla, marchándose en solitario para vencer la etapa y prácticamente sentenciar una Vuelta a España a la que le iba a quedar una semana, pero en la que no tuvo demasiados contratiempos, incluso quedando segundo en la contrarreloj del penúltimo día. Menchov, totalmente derrotado, llegaba a más de cinco minutos, aunque pudo mantener su segunda posición.
Precisamente en esa contrarreloj, anunciando la noticia un mes después, se informaba del positivo por EPO de Roberto Heras, siendo posteriormente retirada esa Vuelta para el ciclista bejarano en beneficio de Menchov, y volviendo a recuperarla para su palmarés por un defecto de forma en el análisis, decretado por un tribunal. Independientemente de este hecho, y a sabiendas de lo que se cocía, tristemente, en el ciclismo en esas temporadas, la etapa de Pajares siempre quedará en la memoria como una de las más espectaculares de los últimos años.

Alberto Díaz Caballero es madrileño y uno de los puntales de Le Puncheur. Anteriormente, había participado también en High-Cycling, así como en otros proyectos como Road & Mud y Planeta Ciclismo. Sobre historia, sobre actualidad o sobre cualquier tema. Un todoterreno del ciclismo que transmite conocimiento y pasión en cada texto.