Este lunes 1 de diciembre se ha presentado el recorrido del Giro de Italia que tendrá lugar el año próximo, 2026. Recorrido que a primera vista parece muy decepcionante para ser el Giro, la carrera más dura del mundo en el país más bello.
Vegni creo decía algo así como que tendríamos muchos “puertos clásicos y altos” y por más que miro no encuentro demasiados ni demasiada historia en este trayecto. Es verdad que tenemos etapas por encima de los 200km, con una etapa de 246 km al Blockhaus, aquel en el que un Merckx jovencito ganó en su primer Giro en el 67, en el que Fignon dilapidó parte de sus opciones en 1984, o por esta misma vertiente de Roccamorice, donde Nairo Quintana se ponía de cara, o eso parecía, el Giro de 2017, para que al final se lo terminara llevando Tom Dumoulin.
Salimos de Bulgaria, sin mucha historia, para adentrarnos en Italia y notar que la media montaña se nos queda algo corto camino de Potenza y Andalo fundamentalmente, para ser sustituida (al igual que la alta montaña) por finales en alto, de los que tenemos unos cuantos, más de lo debido.
Por otro lado tenemos una contrarreloj de 40,2 kilómetros a mitad de Giro de Viareggio a Massa, antes de la traca final “montañosa». No está mal, pero solo una es poca cosa, no iba a ser el Giro el que acabara con la sequía de contrarrelojes de las grandes vueltas, y lo peor, es que esta crono será probablemente de las más largas de la temporada 2026 y quizás la más larga de entre las tres grandes vuelta. Si Moser o Saronni vivieran un Giro así…

Tras esta crono y antes de la semana final tendremos algo de media montaña y cotas, poco para el Giro, y la, podríamos decir, etapa «princesa» del Giro, la de Pila, una etapa corta y con menos dureza de lo rumoreado. Hacía muchos años ya que no se llegaba a esta cima a pesar de ser una zona muy transitada. En el 87, Roche sentenciaba el Giro, el día que Visentini caía en la subida para no salir al día siguiente. Y como no, la última edición, aquella del 92, la del primer giro de Indurain en la que parecía iba a ganar Ramontxu González Arrieta y no pudo ser porque un joven Udo Bolts lo cazaba en los últimos kilómetros y levantaba los brazos en solitario, mientras Miguel Indurain mantenía sin problemas su maglia rosa ante las hordas italianas de los Chioccioli, Chiapucci, Conti, Giovanetti, etc.
El tramo final de Giro nos deja decepción camino de otro final en alto en Cari, y el “caramelito” de esta edición, una etapa dolomítica (con llegada al corto pero duro Pian di Pezze) que si bien, no es larga, es dura y con muchos puertos rodeando al majestuoso Giau, cima Coppi de esta edición, en uno de los días marcados a fuego de la temporada 26 en la que estar pendiente al televisor.
No será esta, sin embargo, la última etapa clave del Giro, porque el penúltimo día tendremos final en una cima de recuerdo para los «Pantanistas» y «Landistas», y es que el Giro llegará a Piancavallo en doble paso decepcionante como última oportunidad de un Giro, que cerrará con etapa corta para esprinters en la ciudad eterna, Roma.
Resumiendo y por hacer una valoración global. Recorrido al que le falta un poco de todo, de contrarreloj, de media montaña “made in Giro” y de alta montaña. Bueno, quién sabe si es un recorrido a medida para Vingegaard o si la intención ha sido otra.
Tendremos que esperar, quien sabe si meses o semanas, para ver la participación, pero este recorrido es mejorable y nos deja con ganas de más. A todo lo cual añado una “súplica”: ¿ está castigado el Mortirolo por Mazzo?, ¿y Stelvio, Gavia o Agnello entre otros? Habrá que esperar a 2027.

De Sevilla, Pedro García Redondo es una auténtica referencia en cuanto a historia del ciclismo se refiere. Una auténtica enciclopedia de la historia ciclista, es toda una autoridad en la materia, siendo uno de los historiadores de ciclismo más certeros y respetados. Ahora dirige la sección histórica en Le Puncheur, además de escribir artículos que nos hacen viajar a épocas pasadas y revivir las gestas de ciclistas que ya no están en activo.