Era aquella la Vuelta del retorno de Fignon tras su lesión del 85 y con muchos esperando y temiendo un posible dominio arrollador como el que había mostrado en el Tour 84.
También había muchas ganas de ver la reedición del duelo del 85 con Perico Delgado y Robert Millar, ahora en escuadras distintas (PDM y Panasonic, respectivamente). Incluso había quien quería ver las opciones del mejor ciclista de la temporada, el irlandés Sean Kelly, que venía de ganar, como siempre, en Niza y País Vasco, aparte de una primavera de clásicas merckxiana, con San Remo, Roubaix y segundo en Flandes.
Por otro lado, había un equipo que a finales del 84 había sufrido un profundo revés con la muerte en accidente de tráfico del Galletas, apodo cariñoso del gran Alberto Fernández, el ZOR BH, que iba a poder dedicarle la Vuelta que Alberto merecía.
Una Vuelta con inicio y final “anómalos”, que empezaba con una contrarreloj prólogo en Palma de Mallorca y cerraba con otra de 22 km en Jerez. Todo en un recorrido que parecía que iba a dirimirse en Asturias, con los Lagos de Covadonga y la cronoescalada al Naranco, y en el final en alto de Sierra Nevada.
El primer test serio de la Vuelta iba a llegar en Lagos y parecía que el guion era el previsto: Perico atacando, Millar contraatacando, y primeras dos posiciones para escocés y segoviano, solo que en orden distinto al año 85. Liderato para Robert Millar, y Kelly y, sobre todo, Fignon cedían. Por otro lado, Álvaro Pino hacía una gran subida, deslucida por un pinchazo en los kilómetros finales, pero que aun así le hacía ceder apenas 23” con Millar y posicionarse muy bien en la general, y aún mejor tras una gran cronoescalada al Naranco con victoria de Lejarreta.
Se iba a repetir el duelo del año anterior entre escocés y español pero era Pino el que, además, y tras otra gran contrarreloj, se colocaba líder con 8 segundos sobre Millar Quedaba Vuelta, pero Álvaro Pino estaba mostrando una solidez como nunca antes.
Pasaban las etapas (la larguísima etapa con llegada a Segovia y previo paso por muchos de los puertos de la sierra no iba a ser decisiva esta vez) sin mayor novedad, y el foco parecía claro: Sierra Nevada y la contrarreloj de Jerez iban a decidir el podio. Y Robert Millar lo tenía claro: no iba a dejar que ninguna alianza española le estropeara el posible triunfo por segundo año consecutivo.
Y este empeño de un ciclista extranjero, el empeño del “escocés del pendiente”, iba a hacer de la etapa de Sierra Nevada una de las más importantes y recordadas en la historia de la carrera española.
La Jaén–Sierra Nevada de 172 km iba a tener dos focos. La fuga que iba a jugarse la etapa y en la que iba a triunfar, por segunda vez en la cima, Felipe Yáñez, que ya había ganado en 1979, si bien con la cima en Pradollano como final de etapa, contrariamente a esta edición de 1986 con cima a 2500 metros de altitud.

Muchos aficionados esperaban la resurrección de su ídolo, Perico Delgado, esperaban su remontada, pero el segoviano, en su peor día de todas las Vueltas en que compitió, cedió ya desde los primeros kilómetros de la larguísima subida de 31 kilómetros para cruzar la meta a más de 10 minutos del ganador de etapa y con todas sus opciones a acabar en el podio tiradas por la borda… No estaba siendo el año de Perico…
Volviendo a la subida a Sierra Nevada, Robert Millar, enfundado en el maillot de mejor extranjero (rojo con puntos blancos), atacaba a unos 20 kilómetros de meta en un movimiento suicida, pero al que Pino no respondió, en lo que por momentos parecía la rendición del gallego en esta Vuelta. Los 33 segundos que les separaban en la general eran rápidamente enjugados por Millar, que se convertía en líder virtual.
Por detrás, el líder Pino se refugiaba en el grupo de favoritos, del que tiraba Marino Lejarreta; posteriormente, Laurent Fignon tomaba el mando, mientras la ventaja de Millar se aproximaba al minuto cuando quedaban poco menos de 10 kilómetros para la cima.
Sin embargo, el momento clave de la etapa llegaba a unos 7 km de meta. El líder Pino tomaba el mando y fue dejando reducido el grupo a dos. Kelly y él. La ventaja empezaba a reducirse a unos 40 segundos con Millar y, al llegar a Pradollano, a unos 5 km de meta, Kelly no podía más y cedía. Pino iba acercándose a Millar ahora que estábamos en las rampas más duras de Sierra Nevada: 25, 15, 10 segundos. Pino iba a cazar a Millar, la Vuelta estaba a salvo y Javier Mínguez gritaba a su corredor, al líder, para que cogiera a Millar y aguantara (esto ocurriría a la salida de Pradollano, a menos de 4 kilómetros de meta).
Parecía que Pino iba a dejar a Millar, pero finalmente no ocurría así y ambos llegaban “de la mano” a meta, en lo que parecía media Vuelta ganada para el español. y dejar todo para la contrarreloj final de Jerez.
A pesar de lo que podía parecer, casi se decide todo antes, porque camino de Puerto Real aún tendría un último susto Robert Millar y el Panasonic. Se rompía el pelotón y, por momentos, Pino sentenciaba la Vuelta, ya que iba en el primer grupo y Millar en el segundo.Finalmente, habría reagrupamiento.
La contrarreloj de 22 km de Jerez era el día “decidido” por Fignon para ganar su etapa en la Vuelta, pero no pudo ser, ya que un Pino estelar, entre gritos de un José María García “enloquecido” cantando su victoria, hacía la contrarreloj de su vida y ganaba la etapa de la Vuelta, en su Vuelta, en un día que no iba a olvidar jamás. Millar hacía una buena contrarreloj, pero cedía otros 33 segundos para dejar la diferencia final en 1 minuto y seis segundos y cerrar ese doblete de años quedando segundo en la Vuelta.
Posteriormente, Álvaro Pino era entrevistado en el set de televisión y cerraba el círculo dedicando la victoria a los suyos, a la afición y a Alberto Fernández. Pino lo había conseguido. Había puesto a Galicia y Ponteareas en el mapa, iba a lograr la victoria más importante de su carrera y, ante todo, iba a hacer vibrar a la afición española, que disfrutaba como pocas veces con su triunfo, un triunfo que, como suele pasar, no habría sido lo mismo sin la rivalidad con Millar o sin la vehemencia de su director Javier Mínguez.
Así era el ciclismo en los 80: tan visceral como directo, tan brutal como espectacular, tan romántico como guerrillero. Han pasado ya 40 años de aquella Vuelta primaveral y ochentera, emocionante y emotiva. Así era aquel ciclismo: nuestra infancia, con nuestros ídolos del pedal y mitos sobre ruedas.

De Sevilla, Pedro García Redondo es una auténtica referencia en cuanto a historia del ciclismo se refiere. Una auténtica enciclopedia de la historia ciclista, es toda una autoridad en la materia, siendo uno de los historiadores de ciclismo más certeros y respetados. Ahora dirige la sección histórica en Le Puncheur, además de escribir artículos que nos hacen viajar a épocas pasadas y revivir las gestas de ciclistas que ya no están en activo.