El mundo contra Enric Mas

Durante estos últimos días se ha hablado mucho del Giro de Italia de Enric Mas. Demasiado, probablemente. Y, como suele ocurrir siempre con el balear, muchas veces se pasa de la crítica lógica al juicio exagerado. Se que voy a ser objeto de muchas críticas y «hateo» cuando se lea esto, pero alguien tenía que alzar la voz y hacer de abogado de causas justas. Porque sí, su debut en el Giro, por el momento, está siendo peor de lo esperado. Eso es evidente. Pero de ahí a hablar de “fracaso” absoluto o incluso cuestionar el nivel de un corredor como Enric hay un trecho bastante importante. Y que vaya por delante, yo soy el primer decepcionado.
Evidentemente, tampoco ayudan sus propias declaraciones previas a la carrera. Porque fue él mismo quien aseguró antes de empezar que venía a Italia a pelear por el podio. Cuando un corredor como Enric verbaliza públicamente un objetivo así, es lógico que luego se le exija en función de esas palabras. El problema es que muchas veces se termina analizando únicamente el resultado final y no el contexto real con el que llegaba.

Porque basta con ver cómo aterrizó en este Giro para entender que estaba lejos de su mejor condición. Recordemos que estuvo tres meses sin competir a finales de 2025 debido a la tromboflebitis. Cuando volvió a competir en Mallorca, días después se fue al suelo entrenando y se dañó la muñeca, lo que le hizo estar otro mes apartado del ciclismo. No hagamos caso a Fran Perea, porque 1 + 1 aquí sí han dado 2. Estaba claro que llegaba muy corto de forma, con poco ritmo competitivo y sin esa sensación de continuidad que necesita un corredor como él. Y en el ciclismo actual eso se paga muchísimo. Más aún en una carrera como el Giro, donde cualquier debilidad queda expuesta desde muy pronto.

Porque el Giro de Italia no perdona absolutamente nada. Es una carrera donde un mal día te manda directamente al fondo de la clasificación y donde las diferencias se disparan en cuestión de kilómetros. No hablamos de una vuelta cualquiera, sino de una de las pruebas más duras y salvajes del calendario. Y, aun así, da la sensación de que con Enric siempre existe cierta necesidad de convertir cualquier actuación discreta en una decepción gigantesca.

También creo que hay otro factor que influye bastante en cómo se percibe todo lo relacionado con él: Enric Mas nunca ha sido un corredor especialmente carismático de puertas hacia fuera. No es un ciclista de grandes titulares ni alguien excesivamente expresivo delante de una cámara. Tiene un perfil mucho más frío, más reservado y bastante menos mediático que otros corredores del pelotón. Y eso, queramos o no, termina condicionando muchísimo la percepción del público.

Hay corredores a los que se les perdonan más cosas porque generan simpatía inmediata, porque tienen una personalidad más abierta o porque conectan mejor con la afición. Enric nunca ha tenido eso. Y muchas veces parece que, cuando falla, la crítica cae con bastante más dureza sobre él precisamente por esa falta de conexión emocional con parte del público. Con Enric siempre se ha ido al ataque diga lo que diga. Si dice que va a por el podio, se le critica por venirse arriba; por el contrario, si habla con cautela y no se pone objetivos ambiciosos, se le acusa de conformista y perdedor. Esto lleva pasando años, pero no aprendemos a dejar de lado las opiniones de barra de bar y hablar sesudamente.

Pero, sinceramente, creo que muchas veces no se valora lo suficiente el corredor que es.

Porque estamos hablando de un ciclista que, con sus virtudes y sus limitaciones, ha construido uno de los mejores bagajes en grandes vueltas del ciclismo español reciente. Pocos corredores pueden decir que han sido podio en La Vuelta a España cuatro veces. Porque no hay que olvidar que los últimos siete podios en grandes vueltas se los reparten entre Enric, Juan Ayuso, Mikel Landa y Alejandro Valverde. Cuatro para el balear y uno para el resto.

Enric no es un ganador y nunca lo será. Tampoco es el corredor más explosivo del pelotón ni el que más titulares genera, ni pertenece a esa generación de fenómenos que parecen correr en otra dimensión. Pero lleva años siendo competitivo al máximo nivel, algo muchísimo más complicado de lo que muchas veces parece desde fuera. Mantenerse constantemente arriba en grandes vueltas no está al alcance de cualquiera.

Enric Mas, durante la edición de este año de la Volta.
Foto: Siu Wu

Hace solo un año y medio, este corredor estaba en un podio de La Vuelta y luchando por entrar al cajón del Campeonato del Mundo, donde, recuerdo, fue nuestro mejor representante. Y hace un año era segundo y tercero en Itzulia y Volta a Catalunya. De hecho, en el Tour del año pasado, antes de empezar con sus problemas de tromboflebitis, estaba situado como el mejor de los nuestros en la general, en lo que había sido su mejor comienzo de siempre en la ronda gala.

Por eso, insisto, da la sensación de que con él se ha generado una narrativa bastante injusta. Como si cualquier carrera donde no pelea por ganar automáticamente invalidase todo lo anterior. Y el ciclismo no funciona así. Hay estados de forma, preparación, caídas, enfermedades, contextos de equipo y muchísimos factores que condicionan el rendimiento de un corredor durante la temporada.

De hecho, precisamente por su regularidad, quizá se le exige más de la cuenta. Porque Enric nos ha acostumbrado durante años a estar siempre ahí, incluso en situaciones complicadas, y cuando eso no ocurre el foco se multiplica todavía más. Muy pocos recordarán ya aquel final de 2022 en el que consiguió la victoria frente a Tadej Pogačar en el Giro dell’Emilia o cómo casi le arrebata Il Lombardia. Pues ni antes era tan bueno ni ahora es tan malo como lo está vendiendo la mayoría de la afición.

Personalmente, creo que este Giro no cambia demasiado la valoración global de Enric Mas como corredor. Volverá a cambiar el chip y, en estas etapas que nos restan, estoy seguro de que intentará alguna victoria de etapa desde la escapada. Evidentemente, se esperaba bastante más de él, especialmente después de marcarse el objetivo del podio antes de empezar. Y es lógico criticar su rendimiento porque, hasta la fecha, no ha estado al nivel esperado. Pero una cosa es eso y otra muy distinta olvidar de golpe todo lo que ha hecho durante su carrera.

Porque sigue siendo uno de los mejores vueltómanos españoles de los últimos años y un corredor con una trayectoria y una consistencia que muchos firmarían. Y, a veces, en el ciclismo actual, parece que solo existen los ganadores y los “fracasados”, cuando entre una cosa y otra hay una enorme cantidad de matices que muchas veces se ignoran demasiado rápido.

Quizás ha llegado el momento de dejar de opinar cerveza en mano y empezar a valorar lo que tenemos y lo que nos ha dado el mejor vueltómano actual de nuestro pelotón.

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