O más bien, de misterios reflejados en un río de agua de apariencia cristalina y que no termina de alcanzar la calma, el reposo. Un Remco más Evenepoel que nunca. La irregularidad es el término por el que, irónicamente, comienza la historia de 2025, año impar y, por ende, año de lamentos, excusas y reconversión, nunca mejor dicho. No será apropiado relatar que el belga llegó y besó el santo, pues la religión que ahora dice profesar, en un inesperado giro de guion, abraza otras creencias. Pero, en modo figurado, sucedió de tal modo, con un regreso con tanto de inédito que los antiguos no recuerdan haberlo visto en horizonte alguno de su memoria.
Ganar en plena temporada de clásicas de primavera, ante rivales en su prime de forma física, tiene más de mérito que de misterio en dos piernas tan privilegiadas como las de este ciclista. En el pecado va la penitencia y, tras los aparentes traspiés posteriores, toca tolerar los cuñadismos, escuchar soluciones imberbes de mil bocas distintas, síntoma de que las cosas pudieron ir mejor.
Es curioso el giro argumental de la victoria y de la derrota, pivotando en torno al mismo centro conceptual: el mes y medio de entrenamiento. Suficiente para algunos como explicación de su victoria en la Flecha Brabançona, tras no haber tocado dorsal alguno en todo el año —un teórico gran hándicap después de la manida lesión invernal—, al tiempo que insuficiente para narrar el episodio fallido de Lieja, donde parece que estamos condenados a las cabalgatas individuales y triunfales de uno u otro signo.
Remco, de apellido Evenepoel, afronta los escenarios que ha marcado con una equis con las dudas intrínsecas, basadas en rendimientos que necesitan letra pequeña, en combinación con las extrínsecas, las propias que genera el ser conocedores de la coincidencia en el tiempo y el espacio de sus objetivos con quien te ha superado siempre.
Por su parte, Tadej Pogačar también quiere el Tour, el Mundial, tal vez aborde la Vuelta, esa última balsa a la que el pupilo del Soudal se agarrará para terminar el año a flote. No queda calendario de prestigio disponible que permita escapar a la crueldad del esloveno, por lo que el reto suena más a un reportaje de Al filo de lo imposible que a una temporada ciclista. No siempre se obrará el milagro de la Amstel Gold Race, de cuando Narnia todavía era un paraíso válido.
Es más, ni con resurrecciones fue posible batir al monstruo final a través del que todos los videojuegos generan sus propias pesadillas, garantía de frustraciones y objetivos insatisfechos. Aunque, retorciendo la realidad, hay talismán al que agarrarse, porque hasta la fecha solo conoce la victoria en París, pero en el Tour solo puede aspirar, expertos dixit, a la teórica tercera plaza del podio, la misma que firmó en Niza doce meses antes.
Ni recorrido, ni perspectivas, más allá de que la diosa Fortuna pare la ruleta en el sendero adecuado para convertirse en aspirante a todo. «Espejito, espejito, ¿quién es el mejor ciclista que hayan visto nuestros ojos?». A ver si la manzana envenenada va a acabar en un plato de fondo blanco, color al que ya no podrá aspirar por culpa del maldito paso del tiempo, que no cesa.
Pese al espejismo de vencer una contrarreloj en el indefinido Tour de Romandía, el sabor agridulce que la primavera dejó a Remco Evenepoel responde sin querer a muchas preguntas que el aficionado podría plantearse. Existe la posibilidad de que el problema consista en el reflejo, esa imagen que en ocasiones se ve distorsionada por nuestra cercanísima perspectiva. También que el principio de constancia que tan bien les va a otros no rija en esta ocasión. O que, por otra parte, el espacio para escapar hacia la victoria se haya encogido hasta tal angostura que ni un ciclista como Remco cabe ya en ella.

Nacido en Madrid el 2 de abril de 1986, Jorge Matesanz ha pasado por ser fundador y director de proyectos como Revista Desde la Cuneta, Tourmalet Magazine o High Cycling, además de colaborar en otros proyectos como Palco Deportivo, Plataforma Recorridos Ciclistas o Con el Plato Pequeño. Tras más de 15 años dentro del mundo del ciclismo, llega el momento de fundar Le Puncheur junto a Sergio Yustos y seguir acercando artículos de opinión, casi siempre sobre ciclismo profesional.