Cuando el ciclismo es sólo «conservar»…

Siento que la descripción de «reguleros», alias «marrones» alias «no me da el viento en la cara ni en un tornado de categoría 5» pueda sonar algo abrupta o irrespetuosa y no es ésa la intencionalidad de mi texto. Pero es que ya sea por falta de piernas y/o mentalidad, por las órdenes del «Bordalás» de turno desde el coche o por la falta de temperamento encima de la bicicleta, no se me ocurre otra definición para esa clase de ciclista. No todo van a ser críticas a la organización ni alabanzas al Jumbo Visma.

En una Vuelta bastante mejorable en varios aspectos había en torno a cinco ó seis etapas bastante interesantes para ver ciclismo del bueno. Todas ellas desaprovechadas.

Quiero romper ahí una lanza por Mikel Landa y Marc Soler. Si bien el primero ya no tiene la chispa de antaño y vino con pocas ganar a la Vuelta, poco a poco se fue metiendo en carrera y ha intentado (y conseguido) meterse en la pelea, luchando de tú a tú con «las abejas» que le rodeaban y darnos algunos minutos de gloria tanto en Spandelles camino del Tourmalet como en el Angliru.

Por su parte, el verso libre de Marc Soler siempre ha estado en la pomada. Sin la presión de ser favorito, metiéndose en fugas, atacando donde no debía, pero atacando al fin y al cabo, dándolo todo aún a sabiendas de que iba a reventar tarde o temprano. Desde aquí mi aplauso. No puedo decir lo mismo en esta ocasión de Enric, Ayuso, Almeida, Vlasov… Una Vuelta entre el gris y el marrón oscuro, decepcionante cuanto menos, por no decir que en algunos momentos ha rozado el bochorno.

El papel de Movistar con Enric Mas a la cabeza no sé ni cómo describirlo. Los primeros días se vio a un Enric que era capaz de estar con todos los gallos, saliendo muy fácil a los ataques, siempre en cabeza, y hasta ahí. Ni un ataque. Abriéndose y volviendo a entrar en el grupo si se veía en cabeza. Le ha dado menos el aire que el secador al pelo de un calvo. Otros años esto se compensaba o contrarrestaba en parte con un equipo luchador, buscando fugas y abanicos a la mínima pizca de viento que se levantase. Esta vez, nada de nada. Bien harían Unzué y los suyos en hacer un profundo análisis, fichar nuevos ciclistas y cambiar su mentalidad.

De Movistar pasamos a UAE. Decepción total. Con una gran formación y el hype por el «nuevo Contador» (Ayuso, aunque las comparaciones son odiosas), se esperaba muchísimo más de ellos, y tres semanas después seguimos esperándoles, quizás hasta 2024. Cierto que la caída y abandono de Jay Vine les lastró, pero es inconcebible que con ese equipazo no se haya expuesto más sobre el tapete en carrera. Por lo visto, en la presente Vuelta Ayuso no ha sabido plantear nada más allá de algún pesetazo de 100 metros y alguna excusa. Sin estar seguramente al 100% ha habido oportunidad de infiltrar ciclista en fugas, atacar bajando si no puede subiendo, atacar aunque fuese lo justo por si flaqueaba algún rival.

Pero nada. Y eso mismo le ocurre a Almeida. Aunque ya sabemos que es bastante más diésel y tuvo un día pésimo el día del Tourmalet (que salvó), se esperaba mucho más de él. Etapas como Cruz de Linares o la finalizada en Guadarrama eran ideales para sus características y haberlo intentado de lejos, pero no fue así y pasó por España con más pena que gloria.

Bora e Ineos, por hablar de otras dos grandes escuadras, pasaron muy de puntillas a nivel de líderes. Los alemanes hicieron una gran carrera buscando fugas: Kämna, Denz o Buchmann dieron una exhibición de combatividad. Con un gran descubrimiento en sus filas, ese jovencito simpaticón que en España conocemos como «Blobloblo» (Enric dixit). Pero me deja el regusto amargo de Vlasov, pues es un ciclista que me suele agradar por su valentía y arrojo. Esta vez, sabiéndose en peor forma que sus competidores en la gran montaña, ha puestometreado como el mejor Meintjes o Majka.

De los británicos sólo puedo decir que la desilusión ha sido tremenda. Tal vez por la justicia divina de haberse dejado a Sivakov en casa, suponemos que castigado por haberse cambiado de equipo, Thomas y Bernal no pueden permitirse el lujo de hacer esta Vuelta. Geraint Thomas lo intentó al principio, pero luego se dejó llevar muy pronto. Bernal, sin saber si es por sus secuelas del accidente, vino a hacer kilómetros. Pero siempre esperas una chispa de genio, que ese aura de estrella resplandezca aunque sea una vez. Pero las nubes lo debieron impedir. Pese a esta desilusión, espero y deseo que el bueno de Egan vuelva a ser lo que fue.

La superioridad de Jumbo Visma ha sido abrumadora, no ha tenido contestación. Y seguramente por mucho que les hubieran intentado hacer cosquillas, no lo hubieran conseguido. Pero es que ni lo han intentado. Nada, nada de nada. Y eso es un pecado. Puntos para los equipos para desesperación y cabreo de los fieles televidentes y los miles de fans que se agolpan en las cunetas desde horas antes para ver a los ciclistas pasar. Y te encuentras a un grupo de 50 ciclistas encabezados por el gran Robert Gesink, da igual año, puerto o etapa, siempre va él tirando.

Encabezado por amarillos, seguido por grises y terminando por marrones. Así se cargan el ciclismo. Menos mal que estamos en otoño, salen las setas y los prados están verdes, color de la esperanza.

Fotos: ASO / Sprint Cycling Agency