La vida y obra de Stan Ockers, el antecedente de Merckx

Stan Ockers fue algo más que un antecedente para Eddy Merckx. Nacieron con 25 años de diferencia (1920 frente a 1945) y pese a que el primero falleció cuando el ‘Caníbal’ tenía apenas once años de edad, la influencia que ejerció sobre el futuro mejor ciclista de la historia fue elevada. Stan era su ídolo, el ciclista belga del que toda Bélgica hablaba. Su fallecimiento en los Seis Días de Amberes fue todo un acontecimiento, una tragedia nacional que acabó por afectar al pequeño Eddy, que absorbió el amor por las grandes vueltas del ciclista de Borgerhout.

Ockers comenzó su carrera en 1941. Con relativa facilidad se anotó dos ediciones de Scheldeprijs en esos primeros años de su historial, todavía en los cuarenta, la primera a los pocos meses de convertirse en profesional. Probó suerte en las Ardenas puntualmente, pero no pasó de la tercera posición en Lieja o la cuarta en Flecha Valona. Con las clásicas le pasó lo mismo que con las grandes, comenzó a carburar una vez se acercó a la ‘mayoría de edad’ ciclista, esa edad que rodea a los 30 años de edad. Según se cruzó la frontera de los 50 y pese a alguna buena irrupción previa en el Tour, Stan empezó a estar presente en la historia del ciclismo.

Fue muy famoso en su país por ser la gran esperanza de conquistar el Tour durante la década de los años 50. No fue nada sencillo por coincidir con Rik Van Looy o Rik Van Steenbergen. Dos de los mejores ciclistas de pruebas de un día no sólo ya de Bélgica, sino de la historia del ciclismo. Aún así, dejó huella y un gran vacío con su marcha repentina y trágica al chocar contra Ernest Sterckx en el óvalo de Amberes y fallecería dos días después, el 1 de octubre. Dicen las crónicas de la época que decenas de miles de personas le despidieron en su entierro.

Fue segundo en esa primera victoria suiza a cargo de Ferdinando Kübler, a bastante distancia. Eran los años de Coppi, Bartali, los suizos, Bobet… una generación que no lo iba a poner fácil de ninguna manera. Conseguir cualquier éxito se iba a convertir en una auténtica gesta. El segundo puesto en el Tour de 1950 se iba a repetir dos años más tarde, esta vez tras Fausto Coppi. En él se tomó una de las fotografías más míticas de la época, aquella con la botella de agua entre Bartali y el ‘Campionissimo’.

A la derecha aparece Ockers, que sería el teórico tercero en discordia que en realidad fue el segundo. En la foto de París aparece al lado del italiano, con quien también se había visto las caras en el Giro de Italia. Ese 1952 algo había cambiado en el corredor del Peugeot Dunlop, que fue segundo en la Flecha Valona, creando precedente para en 1953 adjudicarse por fin la victoria. Repitió dos años más tarde en un doblete histórico junto a Lieja. En 1955 se alzó con el maillot arco iris de campeón del mundo en Frascati, en uno de los recorridos más duros que se recuerdan.

Stanneke no tuvo toda la suerte del mundo en las piedras. Fue segundo en Roubaix, donde le adelantó en seis segundos su compañero de equipo Raymond Impanis, y en Flandes, en 1956, su último año como profesional. Jean Forestier ganó ese año, por escasos nueve segundos de ventaja. Dos suspiros que le dejaron sin victoria en el pavés. Pese a estar siempre en la pomada, sólo 24 victorias decoran su palmarés. Un corredor total que en sus dos últimas aventuras en el Tour de Francia se impuso en el maillot verde. La regularidad podía ser su mayor virtud, además de su punta de velocidad.

Rouen, Saint Etienne y Pau le dieron la gloria por tres ocasiones en el Tour. 16 segundos puestos le avalan, eso sí, como un corredor constante, de ir conquistando metas a base de estar ahí, siempre entre los mejores. Estatua y una calle en su localidad natal le recuerdan 70 años más tarde, con otra conmemoración en el ascenso a la Cota de Forges. En el recorrido habitual de la Lieja Bastogne Lieja.

Foto de portada: Walter Vermeulen