La última «victoria» de Chris Froome como gregario de Joe Blackmore

Tour du Rwanda 2024. 21 de febrero, etapa 4 (Karongi-Rubavu, 93 km), al oeste del país, cerca del lago Kivu. Una etapa de transición previa a la crono de la etapa siguiente y a las etapas decisivas (la sexta con final en Mont Kigali y la octava y última con el circuito de la capital y su mítico Muro). El equipo de desarrollo del Soudal-QucikStep intenta controlar los primeros kilómetros, defendiendo el liderato de Pepijn Reinderink (21 años) y las aspiraciones en la general de William-Juniro Lecerf (21), con la selección de Eritrea también muy activa. En el kilómetro 8, en una subida no puntuable, salta Chris Froome (Israel-Premier Tech, 38) y mantiene durante apenas 5 kilómetros un hueco que nunca supera los 10 segundos.

Poco antes de ser alcanzado por el pelotón, en el km. 13,5 de carrera, consigue pasar primero el sprint intermedio situado en la ciudad de Rubengera, por delante del francés Baptiste Vadic (TotalEnergies, 21) y del líder de los sprints, el eritreo Yoel Habteab (Bike Aid, 19). A pesar de que la organización intenta cubrir en directo la etapa íntegra, no vemos el paso de Froome por la pancarta, tampoco encontramos una foto que inmortalice el momento. Consigue así el británico los 8 puntos para la clasificación SP de Sprints intermedios, aunque no volverá a lograr ninguno más ni tampoco ningún otro puesto de honor. ¿Estamos ante la última «victoria» de Chris Froome como ciclista profesional?

‘Chris, where are you «Froome»?’

«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El Ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías». Así comienza una escritora danesa, la baronesa Karen Blixen (a.k.a. Isak Dinesen), su libro “Memorias de África” (Out of Africa, 1937), adaptado libremente en el cine por Sydney Pollack.

La casa de la que habla, actualmente convertida en museo nacional, se encuentra ubicada en las colinas de Ngong, a unos quince kilómetros al suroeste de Nairobi, la capital de Kenia. En Nairobi nació el protagonista de nuestro artículo el 20 de mayo de 1985, el mismo año en el que se estrenó la película protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford, ganadora de siete premios Oscar. Pero no, Christopher Clive Froome nunca tuvo una granja en África.

Muchos de los recuerdos de infancia de Chris Froome posiblemente sean los de un pequeño apartamento de una única habitación en Nairobi, donde vivía con Jane, su madre, ya separada. Sus hermanos mayores se fueron antes de casa, para hacer estudios de contabilidad y economía en Rubgy School, Warwickshire, Inglaterra.

Tras el divorcio, a Jane seguramente no le salían las cuentas. El padre de Chris, Clive Froome, era un ex-jugador de hockey hierba inglés que montó una empresa de viajes turísticos en Kenia que terminó quebrando, como su matrimonio. Jane, por su parte, no emigró de ningún lugar: nació en Nairobi, donde sus padres llegaron desde Tetbury, Gloucestershire, Inglaterra, para vivir del campo. Por tanto, podemos decir que los abuelos maternos de Chris Froome sí tuvieron una granja en África (más bien una plantación o “crop farm”).

A las afueras de Nairobi fue donde Froome se hizo ciclista. Su madre trabajaba como fisioterapeuta muchas horas al día y, en las vacaciones escolares, no tenía qué hacer con su hijo pequeño, ya adolescente. Chris empezó a salir en bicicleta, con una bici que le dejó un profesor de la escuela británica en la que estudiaba, The Banda School. A los trece años corrió su primera carrera en Nairobi, una prueba benéfica local… ¡y la ganó! Allí Jane conoció a David Kinjah, un ciclista que doblaba a Chris la edad y que, a los 26 años, era lo más cercano a un ciclista profesional que se podía encontrar en Nairobi, pues acababa de correr la prueba en ruta de los Juegos de la Commonwealth en Kuala Lumpur, Malasia, y se preparaba para disputar el mundial.

La grupeta que comandaba Kinjah, que aún existe hoy en día, era conocida como los Safari Simbaz (“viaje de leones” en suajili). Froome pronto fue acogido como uno más y, por su aspecto larguirucho, sus compañeros le llamaban ‘Murungaru’ (en kiswahili, el equivalente a “gangly kid”, niño desgarbado). Cada cual salía con la bici que podía y Chris sorprendía aguantando al ritmo de los mayores durante las largas salidas.

Al acabar la Primaria, a los 14 años, la madre de Chris le mandó a estudiar la Secundaria a Sudáfrica, a colegios británicos con residencias para estudiantes, primero al St. Andrew’s School de Bloemfontein, y después al St. John’s College de Johannesburgo. En vacaciones, seguía manteniendo el contacto con David Kinjah y los Safari Simbaz. A los 18 años, se matriculó en la Universidad de Johannesburgo, en Economía, y comenzó a competir en Sudáfrica. Sus primeros éxitos fuera de Sudáfrica llegaron en el Tour du Maurice, en las Islas Mauricio, donde ganó una etapa en 2005 y dos etapas y la clasificación final en 2006.

En 2006, de la mano de Kinjah, surgió la posibilidad de representar a Kenia y acudir a los Juegos de la Commonwealth en Melbourne, Australia (Chris fue 17º en la crono y 25º en ruta) y al mundial sub-23 de Salburgo, Austria (36º en la crono, tras un brusco choque contra un comisario nada más salir). Cuentan varias fuente s que, para inscribirse en ese mundial en busca de una oportunidad internacional, Froome envió un correo – según cuentan – suplantando la identidad del presidente de la federación de Kenia. Y el fin justificó los medios: la oportunidad llegó.

Entre abril y septiembre de 2007, Froome se mudó a Aigle, Suiza, al World Cycling Centre (WCC) de la UCI para correr algunas pruebas de la U23 Nations Cup. Los resultados llegaron, con su primera victoria europea ya en mayo: una etapa del prestigioso Giro delle Regioni en Italia. Representando a Kenia, logró en junio la medalla de plata en la prueba contrarreloj del Mundial B en Ciudad del Cabo y la medalla de bronce en los Juegos Panafricanos en Argelia.

Corrió también ese mismo año algunas pruebas para el equipo profesional sudafricano Konica Minolta. Su primera temporada internacional sub-23 llamó la atención del seleccionador británico, Rod Ellingworth, quien contactó con él, al conocer que Chris también tenía pasaporte británico y que Kenia no tenía plazas para los Juegos Olímpicos de 2008. En mayo de 2008 se produjo el cambio de licencia y Chris Froome ya corrió su primer Tour de Francia en julio, con Barloworld, con la Union Jack como bandera. Aunque finalmente no pudo representar a Gran Bretaña en esos Juegos, este fue sin duda su primer paso para “desvincularse de África”.

En 2008 y 2009 Chris Froome corrió por tanto en el Barloworld y el 8 de marzo de 2009 disputaría la que sería, hasta 2023, su última prueba UCI en África, el PPA Cape Argus Giro del Capo Challenge, en Ciudad del Cabo. Se dejó ver durante toda la temporada 2009 y tomó la salida en su primer Giro de Italia, donde se filtró en escapadas y fue 6º en la etapa de Bolonia. Disputó su primer campeonato nacional británico en ruta, donde fue 4º. Ya “britanizado”, fichó para el poderoso Sky Procycling. Y, a partir de ahí, todos conocemos la historia: 4 Tours de Francia, un Giro de Italia, dos Vueltas a España, 3 “malditos Delfinados”… El cambio al método de Dave Brailsford daba sus frutos.

A pesar de todo, muchos británicos no acababan de verse representados del todo por Chris Froome. No al menos del mismo modo que por Sir Bradley Wiggins, pues, pese a que este último naciera en Gante y su padre fuera australiano, Wiggo creció en Inglaterra y ganó medallas olímpicas para Reino Unido.

Froome, por su parte, no encajaba en ese patrón: nacido en Kenia, muy vinculado a Sudáfrica en su formación (y también personalmente, a través de su mujer, Michelle Cound, galesa de nacimiento, pero en Sudáfrica desde pequeña) y a Mónaco (donde fijó hace años su residencia en Europa desde 2011, tras un tiempo en Italia). Cuando algún periodista cuestiona el pasaporte de Froome, Chris siempre ha contestado que ha llevado una educación británica, en casa y en la escuela, y que por tanto siempre se ha sentido de Reino Unido, aunque evidentemente su vida le ha dado una experiencia multicultural.

Hakuna matata: ningún problema si “Simba” viaja a África

Tras su espeluznante caída preparando la crono del Critérium du Dauphiné 2019 y su discretísimo regreso en 2020, Chris Froome cambió el Team Sky / INEOS por el equipo Israel Start-Up Nation, firmando un contrato multimillonario por cinco temporadas (2021-2025), con la intención de ganar su quinto Tour de Francia. La “prima de riesgo” era elevada, puesto que Froome no había vuelto a mostrar un nivel alto desde bastante antes, desde julio de 2018, en aquel Tour de Francia que ganó su compañero Geraint Thomas por delante de Dumoulin y el propio Froome.

Residente en un paraíso fiscal, podemos decir que el fichaje fue todo un éxito económico para Chris, aunque un fracaso deportivo. El equipo Israel jugó a la ruleta en el casino de Mónaco y Froome hizo saltar la banca. Lo más destacado en estos años con Israel ha sido el tercer puesto de la etapa de Alpe d’Huez en el Tour 2022, fruto de una escapada a la que el pelotón dejó margen y en la que Chris nunca tuvo opciones reales de victoria. Sin olvidar, por supuesto, el anuncio-parodia ASMR que publicó en redes sociales en 2023.

Buscando algo de “rendimiento mediático”, el equipo Israel llevó al monegasco Froome en febrero de 2023 a su primer Tour du Rwanda. Allí, el equipo Israel Premier Tech lució al tetracampeón del Tour de Francia en ruedas de prensa y en la inauguración de pistas de entrenamiento en Bugesera. El “hijo pródigo africano” se metió en una escapada larga en la quinta etapa, también camino de Rubavu, pero terminó desfondado y tuvo que conformarse con el puesto 24º de la general final.

Tras el paso por África, su mánager no confió en Froome para el Tour de Francia. Es más, solo contaron con él para 37 días de competición UCI en total en 2023, más de la mitad de ellos antes de mayo, y su mejor resultado (12º) lo obtuvo en una prueba nacional de un día en febrero en Australia, la Melbourne to Warnamboot Cycling Classic, contra un pelotón casi 100 % amateur.

En esta temporada 2024, la sensación es parecida: el equipo de Sylvan Adams no tiene claro dónde «colocar» a Froome y tampoco es probable que le hagan un hueco en el Tour de Francia; ni siquiera le han llevado a la pretemporada en Australia en enero como en 2023 y su primer día de competición tuvo lugar en Kigali.

¿Conoces a Joe Black(more)?

Los organizadores del Tour du Rwanda 2024 han recibido en febrero de nuevo con los brazos abiertos a Froome y a su equipo, el Israel-Premier Tech. En un pelotón mayoritariamente sub23, la mayoría de los World Teams y ProTeams (Soudal-QuickStep, Groupama-FDJ, Lotto Dstny, UAE Team Emirates, Astana) llevaron a sus equipos de desarrollo para evitar un dominio absoluto frente a los equipos africanos.

El dominio del Israel-PT fue absoluto y en gran medida inesperado: dos etapas al sprint para el israelí Itamar Einhorn (26 años) y dos etapas y la general final para el británico Joe Blackmore (21). Los otros tres ciclistas trabajaron para Blackmore y Einhorn. Guy Sagiv (29) fue el primer hombre para tirar del grupo y Froome el segundo gregario. El compañero que más aguantó junto a Joe fue el campeón sub23 alemán Moritz Kretschy (21), quien logró tres top10 parciales y el 9º puesto en la general final.

En la última etapa, Blackmore llegó con apenas una docena de segundos de ventaja sobre el kazajo Ilkhan Dostiyev (Astana, 21) y el colombiano Jhonatan Restrepo (Polti Kometa, 29), pero tras el control de sus compañeros, Joe saltó del pelotón sin oposición y logró una ventaja definitiva en la última ascensión al Muro de Kigali. Seguro que el “patrón Adams” está feliz con estos resultados, que contribuyen al “sport-washing” o lavado de imagen de Israel en tiempos muy convulsos para las relaciones diplomáticas.

Por otro lado, emulando el título de la famosa película protagonizada por Brad Pitt, es difícil que conozcas mucho sobre Joseph-Peter Blackmore, el «bueno de Joe Black.» Nacido en Sidcup, a las afueras de Londres, dirección hacia el condado de Kent, Blackmore cumplió 21 años ganando la sexta etapa del Tour du Rwanda con llegada en el Mont Kigali, la principal cima de la carrera. Ni siquiera tiene ficha con la estructura WT, sino con la Academy o equipo de desarrollo. Hasta el año pasado, Joe estaba más centrado en el Mountain Bike, el ciclocrós y el gravel, disciplinas en las que ha sido campeón nacional en categorías inferiores.

Debutó en una prueba UCI élite precisamente en el Tour du Rwanda 2023, con un 6º puesto en la general final y 2º en la última etapa en Kigali; apenas tocó la carretera el resto del año, salvo en dos pruebas de la copa de naciones sub23 (Orlen Nations GP en Polonia y Tour del Porvenir) y en la prueba en ruta del campeonato nacional de Reino Unido, que no acabó. Así que en menos de 20 días de competición UCI élite, el ciclista inglés ya atesora tras este Tour du Rwanda dos etapas parciales y una general. Probablemente este sea el paso para que Joe Blackmore se decida a centrarse en el ciclismo en carretera; su equipo se equivocaría si no le da más oportunidades el resto de la temporada.

La oportunidad perdida por África.

Frente al desempeño fulgurante de Joe, el protagonismo de Froome en Ruanda ha sido muy distinto. En la primera crono por equipos, que no contaba para la general, Chris marcó el peor tiempo de los 94 ciclistas, descolgado por sus propios compañeros a las primeras de cambio. Si el tiempo hubiese contado, estaría “fuera de control” (OTL). En la contrarreloj individual sí se lo tomó algo más en serio para no acabar expulsado, aunque solo 17 ciclistas marcaron un crono peor. Además de la minifuga de 5 km en la etapa 4 con su pírrica victoria en un sprint intermedio, también estuvo otros 7 km en fuga en la etapa 6.

Sí se le vio mucho en la cabeza del pelotón como gregario de Blackmore en la etapa 8, contribuyendo a que un británico (¿como él?) ganase por primera vez la general de la carrera por etapas más importante de África hoy en día. Es el segundo país «europeo» (¿?) en lograrlo, tras España (Cristian Rodríguez para TotalEnergies en 2021). No está nada mal, teniendo en cuenta que solamente 16 británicos han corrido alguna vez el Tour du Rwanda y que antes de que “explotase Blackmore”, la mejor actuación era la de Leo Hayter, 10º en 2022. Froome ha puesto su “granito de arena” y, en lo que ha podido, ha aportado como gregario para que se logre un hito en Ruanda; un hito británico, no africano, eso sí.

Entre las capitales de Kenia y Ruanda, entre Nairobi y Kigali, hay más de mil kilómetros de distancia y para llegar de una a otra hay que bordear el Lago Victoria. Algo muy metafórico. Entre el adolescente Froome corriendo con los Safari Simbaz y el Froome sonriente del Tour du Rwanda, han pasado muchos años, muchas victorias, también una cuantas derrotas. Como dijo el propio David Kinjah, su mentor, en una entrevista, con Chris Froome muchos tenemos la sensación de que África perdió la oportunidad de reivindicarse en el ciclismo.

Si Froome hubiese ganado sus Grandes Vueltas con pasaporte keniano o sudafricano, todo un continente hubiese sentido más suyas las victorias del ciclista nacido en Nairobi. Sin embargo, el pasaporte británico abre más puertas en el mundo y evita muchos problemas de visados habituales entre los ciclistas africanos para poder dar el salto a Europa.

Chris Froome eligió seguramente lo más práctico: una nacionalidad, un lugar de residencia y, por último, un contrato representando a Israel que le han catapultado a lo más alto, aunque el precio que haya tenido que pagar África es que se hable de él como el primer “campeón africano del Tour” con asterisco. Porque, a pesar de su vuelta a África, Froome nunca tuvo una granja allí.

El británico ha manifestado su voluntad de cumplir su contrato íntegro hasta 2025 y luego volcarse en proyectos de desarrollo del ciclismo en África, algunos de ellos ya iniciados por ejemplo en Kenia o Ruanda… pero probablemente lo haga sin cambiar su residencia en Mónaco. En esa línea, desde Sevilla, un tuitero muy atento, Juanlu (¡gracias!), me mostraba cómo de golpe muchas cuentas de Instagram relacionadas con el equipo Q36.5 del sudafricano Doug Ryder comenzaron en los primeros días de febrero de 2024 a seguir a Chris Froome y este devolvió ese “follow”. Mi hipótesis lógica es que, más pronto que tarde, Froome, sin volver a África, desempeñará desde Europa algún papel en la estructura de Ryder en la que el propio Froome comenzó y que históricamente ha puesto en valor a muchos ciclistas de este continente.

Fotos: Tour de Rwanda