Reflexiones sobre la Strade Bianche, Pogačar y sus protagonistas

Mucho se ha hablado estos días sobre Pogačar y si la Strade Bianche merece o no la consideración de “monumento ciclista”. No descartamos que en el futuro pueda serlo. Pero en la modesta opinión de quien escribe, su edición de 2024 no contribuyó precisamente a ello. La Strade Bianche nos propone un escenario sino único (porque ya algunas carreras o han plagiado, o ya estaban en algo similar) sí lo suficientemente atractivo y ya con cierta tradición, para que pueda adquirir esa condición. Pero no basta con que el escenario sea atractivo. Hace falta que los actores, los ciclistas, se impliquen en ese escenario. Y parece claro que, salvo su flamante vencedor, no ha sido el caso en esta edición 2024.

Sin apenas oposición, la carrera italiana resultó un monólogo de Tadej Pogačar. Llegados a este punto, es justo reseñar el pundonor mostrado tanto por Maxim Van Gils como por Toms Skujins. Una vez valorada la prestación deportiva y el hambre de victoria de Tadej Pogačar, poco más queda por reseñar de la antigua Eroica. Y con sólo ese bagaje, ¿va bien encaminada la Strade para ser considerada un monumento?

La Strade resultó aburrida. Un entrenamiento de calidad de un súper ciclista nunca puede llegar a suplir a una carrera disputada. El espectador necesita competitividad para que una competición le resulte atractiva. No basta con que Tadej Pogačar se implique en hacer una soberbia exhibición para que la Strade pueda llegar a considerarse un monumento ciclista. Y de ello, por supuesto, el menos culpable es el propio Tadej. Y tampoco la propia organización de la prueba que, ante esto, poco o nada puede contrarrestar.

La Strade se convertirá en un monumento cuando un colectivo importante de grandes ciclistas de cada época la tomen en consideración y se involucren realmente en prepararla y vencerla. Cuando tengan una voluntad suficientemente firme e inequívoca de que dé lustre a sus palmareses.

Próximamente se va a disputar la Milán-San Remo. Y sobre el papel, no resulta nada probable que el vencedor sea el ciclista que ataque a 80 kilómetros de meta. Es más: los grandes favoritos se cuidarán muy mucho de hacerlo a esa distancia. De acuerdo, se me puede acusar de ventajista en esta predicción, dado que el trazado de esos 80 últimos kilómetros de ambas pruebas no tienen nada que ver para plantear o no un ataque en solitario. Cierto es.

Pero tampoco es previsible que en la San Remo los grandes favoritos ofrezcan tan escasa resistencia a un ataque de estas características. Comenzando simplemente por la mera presencia en carrera. Cosa de la que adoleció la Strade. Y de lo que, reiteramos, no tiene ninguna responsabilidad ni el vencedor ni la organización de la carrera. La antigua Eroica partió ya hacia Siena sin muchos de los grandes ciclistas de la actualidad en este tipo de carreras… y que sí vamos a poder ver en las líneas de salida de las próximas clásicas.

Y además, quienes sí estuvieron en línea de salida, mostraron una preocupante indolencia o falta de fuerzas. Comenzando, cómo no, por la actitud del equipo Visma tras el ataque de Pogačar, y con cuatro ciclistas en el grupo cabecero. Y en éstas estamos. Dándole vueltas al debate de si monumento no o monumento sí. Cuando, la realidad y los datos han demostrado, al menos en este 2024, que demasiados ciclistas de los considerados favoritos para estas carreras no han acudido a ella. Y quienes sí han acudido, no han estado, ni por el forro, a la altura de las circunstancias que Tadej Pogačar planteó en Strade.

Fotos: RCS / LaPresse