Enric Mas, perder para empezar a ganar

Ayer, Enric Mas hizo la que posiblemente sea su actuación más relevante en el Tour de Francia. No por el nivel que mostró ni por la clasificación obtenida, sino porque fue más valiente que nunca. Enric Mas es un corredor que no destaca por su valentía; sus características como ciclista tampoco incitan a ello, ya que practica un ciclismo que, si bien es igual de válido, es mucho menos vistoso que correr como lo hizo ayer.

Tras un Tour que empezó bien, ganando incluso tiempo con muchos de los llamados a ser sus rivales durante las primeras etapas y habiendo descontado el ya asumido por todos tiempo que iba a perder en la contrarreloj, su situación no era mala. Todo comenzó a complicarse en la etapa que acababa en el Muro de Bretaña. Una caída, provocada por un reventón delante de él, lo obligó a poner pie a tierra en un momento en el que la carrera estaba totalmente lanzada, y acabó cediendo un minuto en meta con el primer grupo.

Incluso ese día, a pesar del incidente, se le vio con buenas piernas y, por fin, parecía que podía hacer un buen Tour respecto a la general. La realidad tardó poco en aparecer: en la exigente primera jornada que acababa en Hautacam, se vio cómo rápidamente perdía el hilo del grupo de los más fuertes y terminaba por ceder 16 minutos. Enric fue claro en su llegada a meta: ya solo quedaba una opción, luchar a muerte por una etapa.

En la siguiente etapa de montaña ya lo vimos en la fuga de salida con otros dos compañeros, con la intención de conseguir el triunfo en Luchon. Poco tardó en ver, el equipo o él mismo, que las fuerzas no acompañaban ese día, y decidió sacrificarse para que Einer Rubio lo intentase.

Y con esto llegamos al día de ayer, etapa 16. Un único puerto de mucha entidad: el Mont Ventoux. El día comenzaba, según lo que él mismo había declarado tras Hautacam, buscando etapa. En fuga con Gregor Mühlberger, en cierto punto de la carrera se formó una selección de ocho corredores, que fue reduciéndose hasta los cinco que iniciaron la ascensión al Ventoux: Enric Mas, Simone Velasco, Jonas Abrahamsen, Thymen Arensman y Julian Alaphilippe. Por detrás, un grupo numeroso con Healy, Paret-Peintre, Buitrago y más, a 1:30; y el pelotón, a seis minutos. En principio, una situación difícilmente mejorable.

Comenzó la ascensión y los primeros movimientos fueron un par de ataques de Alaphilippe, pero sin demasiado convencimiento. Cuando aún no llevaban ni 2 km de puerto, Enric Mas decidió arrancar, jugando como los grandes: atacando en solitario a 14 km de meta. Rápidamente abrió hueco con Arensman y Alaphilippe, hasta que, a 5 km de meta, Healy —que había salido del segundo grupo con Paret-Peintre y Buitrago, tirando de forma increíble— llegó hasta él.

Tras un par de ataques y parones, en los que Enric se descolgaba y volvía a entrar, acabó quedándose. En meta lo pasaron Vingegaard, Pogacar y Van Wilder, que se unió al grupo de Healy a falta de 1 km, logrando así un séptimo puesto.

En meta declaró que, a falta de 5 km, ya había explotado y no podía más. Es evidente que las piernas no son las mejores de su vida, ni mucho menos. Pero hoy hemos visto algo distinto, algo más importante que el puesto: hoy, por primera vez, podemos decir que Enric Mas ha completado una etapa en el Tour de Francia liberado y sin ese miedo que a veces parece tener. Podemos decir que hoy Enric ha perdido… para empezar a ganar.

Corriendo así, la victoria llegará algún día y, seguramente, más pronto que tarde. En este Tour le quedan dos etapas adaptadas a sus características. Será difícil, muy difícil. Pero, como él mismo dijo: “Voy a ir a muerte a por una etapa”. Si la gana, conseguirá la mejor victoria de su carrera. Y si no lo consigue, pero corre como hoy, nadie le podrá reclamar el no haberlo intentado.

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