Tour de Francia 1986: Dos campeones al acecho

Hace ya 40 años de uno de los más espectaculares y controvertidos Tours de siempre. Y es que el Tour en el que se inició la sequía de victorias francesa en su carrera, en la carrera por excelencia, iba a tener de todo.

Muchos recordarán aquella carrera por la icónica imagen de los compañeros y “amigos” Greg LeMond y Bernard Hinault, cruzando la meta del Alpe d’Huez cogidos de la mano y celebrando la victoria (se la cedía LeMond, que era el amarillo, a su compañero y portador del precioso maillot de la combinada, Hinault) tras haber aniquilado al resto de rivales, en especial al suizo Urs Zimmermann, que ocupaba el segundo puesto entre los dos ciclistas de la Vie Claire al principio de la etapa.

Desde el punto de vista del ciclismo español fue un Tour productivo con varias victorias de etapa, si bien Perico Delgado tuvo que abandonar en los Alpes tras conocer el fallecimiento de su madre.

Y bien, el Tour lo ganó Greg LeMond, fue el más fuerte, y además el año anterior Bernard Hinault había prometido que le ayudaría a ganar como agradecimiento por su ayuda en el Tour del 85 (y por qué no decirlo, tras una muy controvertida etapa pirenaica con final en Luz Ardiden en la que el americano se sintió traicionado por su equipo y amenazó con abandonar el Tour). Pero la historia no siempre es tan sencilla como se ve a posteriori.

Fignon volvía al Tour tras su lesión del 85, Hinault atacaba en todas y cada una de las etapas y además ganaba en la primera contrarreloj, en la que LeMond, con algunos problemas mecánicos, cedió menos de un minuto.

En los Pirineos vivimos historia, con una primera etapa camino de Pau en la que Hinault metía más de 4 minutos a LeMond y se ponía de líder en lo que parecía “Game Over”, para apenas 24 horas después y tras haber tenido sus más y sus menos ambos compañeros (LeMond llegaría a declarar a los periodistas que se arrepentía de haberse cambiado al equipo de Hinault en el año 85 en lugar de haber seguido en el Renault), protagonizar Hinault uno de los ataques más épicos y suicidas de su carrera en el descenso del Tourmalet para desfallecer posteriormente en la subida final a Superbagnères, donde ganaba… sí… ganaba su compañero LeMond, que le recuperaba casi toda la ventaja del día anterior.

LeMond respiraba, pero en los Alpes y tras ponerse líder el día del Granon, veía cómo Hinault volvía a atacar en el descenso del Galibier y LeMond tenía que neutralizarlo para llegar a meta en Alpe d’Huez con claras señales de amistad y de Tour acabado… minutos después, con ambos sentados en el set de televisión, Hinault decía que el Tour no estaba acabado porque podía pasar cualquier cosa.

LeMond iba a terminar ganando el Tour, pero con un estrés que le llevó a dormir con la bicicleta en su habitación, a buscar su propia comida o incluso a pensar cosas raras cuando caía en la contrarreloj final.

Hinault siempre ha defendido que ayudó a LeMond a ganar y que todo lo que hizo fue para desgastar a los rivales de ambos, pero aquel Tour abrió una brecha entre ambos que tardó en cicatrizar.

Foto: RTVE

Servidor recomienda indagar en aquel Tour, en las etapas clave y en las de transición. Pactos con equipos rivales, discusiones y amenazas, rivalidad insana, un público francés más animoso que nunca y al que Bernard Hinault supo ganarse como nunca antes había hecho.

Fue una gran carrera, con un gran dominio de la Vie Claire, pero una gran carrera. Una con la que muchos nos identificamos, una carrera muy ochentera, de esas que de una u otra manera hacían afición.

El tiempo pasa y aquel pódium americano-francés (el suizo Urs Zimmermann sería tercero) parece profético porque ningún francés ha vuelto a ganar y únicamente Greg LeMond (conseguiría otros dos Tours en el 89 y 90) consta como ganador americano del Tour (aunque algunos vivimos aquellos 7 Tours de Armstrong e incluso el poco duradero de Floyd Landis).

Era una época de ciclistas carismáticos, de maillots espectaculares, de etapas épicas… de maratones montañosas y contrarrelojes kilométricas… Se echan de menos… y es que ya no vemos Tours como los de los ochenta.

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