Lo de Remco Evenepoel y Marc Hirschi

La resaca del sábado tarde continuó con el domingo. Ni el Mundial de Gravel, ganado brillantemente por Matej Mohorič y disputado más que decentemente por un señor de 43 años llamado Alejandro Valverde, cuarto, ni la París Tours que encumbró en un timing perfecto por los sucesos internacionales al stagiare y desconocido Riley Sheehan, del Israel, pudieron frenar los comentarios en todas las tertulias sobre lo que pasó entre Remco Evenepoel y Marc Hirschi. Ni una majestuosa victoria más de Tadej Pogačar generó tanto revuelo, quizá por la costumbre de descubrir sus reinvenciones para hacer sus propias victorias diferentes de año en año.

Para despistados y personas que dedicaron su fin de semana a algo más que ver Il Lombardia. La situación de carrera tras el Passo di Ganda dejaba un escenario bastante claro, con el esloveno del UAE dirigiéndose hacia la meta con los calambres como único enemigo realista. Por detrás, el grupo de ciclistas que fue capaz de coronar con él la última montaña y, sin embargo, se mostró incapaz de atarle en corto en el descenso. Hacer lo difícil para dejar sin hacer lo fácil, o cómo morir en la orilla después de nadar con éxito durante 240 kilómetros de terremotos y puñales cruzados.

En un tercer plano aparecía Remco, alumbrado por su compañero Alaphilippe, luchando por recuperar el terreno perdido y al menos honrarse a sí mismo en la pelea por el podio. La discordia en el segundo grupo hizo vislumbrar el éxito en esta empresa menor que en ningún caso le hubiese dado opciones de poder pelear por el que hubiese sido su segundo Monumento del año 2023, corona adjudicada a Pogačar ya a esas alturas.

Se vio la clásica escena del compañero del escapado creando inquietud en cabeza de carrera. Inofensiva porque el ciclista del UAE no tenía por qué tirar en una guerra en la que no tenía nada que ganar. Al tiempo, innecesaria cuando el pescado estaba más que vendido. Remco estaba molesto con la actitud del suizo, quien se encontraba a rueda del belga, separándole de su compañero de equipo, que estaba a su vez a rueda del ciclista del UAE.

De pronto, se observa a Remco apartarse, con el suizo a rueda, momento en el que se ve a Evenepoel tocar el freno. Las interpretaciones a partir de aquí son libres, pero el resultado no admite ningún tipo de discusión, con Hirschi llevándose una buena costalada contra el suelo al tocar con la rueda trasera del ex campeón del mundo. El ciclista del Soudal Quick Step miró hacia atrás y con cara de extrañeza y aparente disimulo siguió adelante. Uno de los componentes del grupo, del Israel, parece afearle el gesto.

Decir que Evenepoel tira a Hirschi a propósito es bastante difícil de pensar e incluso de articular. El ciclismo es de todo menos un deporte de contacto, aunque los sprinters a veces nos lleven la contraria y a pesar de que esa evitación del contacto tenga la excepción de las caídas o los dichosos sticky bottles. Pero el pensamiento es libre y como mínimo es una imagen que no engrandece la figura de un ya de por sí enorme e histórico ciclista. Cuando uno echa la menta atrás y recopila situaciones de este tipo con un mismo protagonista, entiende que la imagen de Remco en este aspecto salga algo dañada de cara a los aficionados y algunos compañeros de pelotón.

Se agradece la polémica, la salsa que las declaraciones y sucesos de Remco en carrera dan. Hacen ciclismo y, sonará crudo, pero en el deporte hace mucho cuando un «malo» entra en escena. Hay opinión, hay movimiento, hay todo lo contrario al estanque que nos da el ciclismo de todos buenos e iguales que en ocasiones nos toca vivir. La heterogeneidad que ayuda a construir es necesaria. Pero todo tiene un límite y en varias ocasiones ha cruzado la línea del mal gusto. Ese ego de campeón le hará ganar muchas carreras y ser un ciclista más temido que respetado, pero a largo plazo cruzar esas líneas se volverá en su contra.

Los gestos hacia Colbrelli tras la línea de meta del Europeo de 2021, qué decir de los humos justificados o no que mostró en la contrarreloj por equipos de Barcelona, en la pasada Vuelta. O la llegada a Andorra Arinsal en la que chocó accidentalmente contra una multitud que él esperaba se apartase a su llegada triunfante. Un choque en el que el belga se llevó un buen golpe, brechas y la auxiliar que sufrió la otra cara de la moneda se llevó una fractura de muñeca de un aclarado perfecto. Todo por no frenar como sí hicieron el resto de ciclistas que, de hecho, lucharon ese mismo sprint. Totalmente innecesario.

Feos fueron los gestos cuando se vio relegado en el grupo principal y se vio obligado a respetar al compañero que llevaba escapado por delante, que era además un tan Van Aert. Esos gestos son innecesarios en un campeón como él, que de haber ansiado otro tipo de táctica podía haber actuado en consecuencia y haber, por ejemplo, atacado para ir en marcha del grupo que finalmente se jugó la victoria en Glasgow. Cualquier cosa menos alentar a sus rivales a marchar en busca de su compañero de equipo, cuestionable o no la táctica de su Selección, que lo fue.

Es joven, se podría pensar como un atenuante de ese carácter tan bravo. El problema es pensarlo, porque a este ritmo, qué será de su biografía cuando alcance los 30 años de edad. Da qué pensar y alguien debería darle un toque de atención, porque voluntaria o involuntariamente todos estos puntos unidos o desunidos terminarán por crearle una fama difícil de cambiar en un mundo de primeras y únicas oportunidades. La fama de ciclista histórico no se la puede arrebatar nadie, con muchas luces y estas sombras que alguien como él, con todo el beneficio que un carácter fuerte puede contribuir a su escena ciclista, no necesita.

Llevarse a sí mismo al extremo, o que dé la sensación de estar haciéndolo, sólo le perjudica a él. El ciclismo, al fin y al cabo, se verá beneficiado de tener un malo, un motivo por el que hablar, un ciclista que da para tertulias y posiciona a favor o en contra, si bien este tipo de gestos posiciona a la mayoría del público en un mismo lado de la línea. Y eso no deja de ser peligroso. Un corredor capaz de levantar a todo el mundo del asiento en la pasada Vuelta tras la gran decepción (más por su forma de dejarse ir en el Tourmalet que otra cosa) en una de las ediciones más anodinas que se recuerdan.

Lo tiene todo para seguir triunfando o para comenzar a crearse un personaje difícil de digerir para mucha gente. Ciclista excelente, estirando siempre los chicles de sus límites y alcanzando horizontes sobre los que existía consenso en contra de la esperanza de que los fuese a conseguir. A Hinault se le recuerdan escenas dantescas también. Eran otros tiempos, existía mayor margen para modelar la imagen pública. El francés se enfrentó puño en alto a unos manifestantes que consiguieron parar una etapa. Al final, en cierta manera hay cierta lógica si esquivamos el gran debe del uso de la violencia. Pero en presuntamente tirar a un ciclista…

Fotos: RCS / LaPresse // Videos embed: Eurosport Player