Learco Guerra: la locomotora humana

El lombardo, uno de los primeros mitos del ciclismo italiano, tenía su destino en un lugar bastante alejado del mundo de la bicicleta. Los ladrillos y el cemento eran el futuro de Learco Guerra gracias a su padre hasta que su madre le empujó a luchar por sus sueños. Gracias a ello, finalmente se decantó por la bicicleta y dejó de lado su amado fútbol. Girardengo jugó su papel en convencer a la estrella del ciclismo que dividiría Italia en cierta medida.

Pese a desarrollar un gran talento y conseguir victorias que le abrirían un hueco en la historia del ciclismo en Italia, siempre estuvo a la sombra del gran Alfredo Binda, con quien mantenía una cruda rivalidad. Se dice que hasta animadversión personal. Guerra ganó el Campeonato del Mundo, pero Binda ganó tres. Guerra ganó el Giro de Italia, pero Binda ganó cinco. El único mérito donde el mítico Alfredo no pudo hacerle sombra fue en ser la primera maglia rosa de la historia del Giro de Italia.

Learco se impuso con autoridad en la primera etapa de la edición de 1931, que arrancaba en Milán y finalizaba en Mantua. A unos 10 kilómetros en línea recta de su localidad de nacimiento, San Nicolò Po, a orillas del río homónimo. No había mejor marco para conseguir un hito que le metía en la historia. Historia que le recuerda como uno de los primeros nombres que se recuerdan de la escena italiana de los últimos años 20 y los primeros 30. Hablamos, claro, del siglo XX.

‘La locomotora’, como se le conocería después y pasaría a la historia, comenzó en el ciclismo de forma tardía, a los 26 años. Pese a vivir a la sombra de uno de los grandes campeones de la historia, alcanzó metas que Binda ni siquiera pudo soñar, como subir al podio del Tour de Francia. Hecho que Guerra pudo consumar en dos ocasiones. Es más, fueron sus dos únicas participaciones. Sólo los elegidos han demostrado a lo largo de la historia una capacidad similar. Binda sólo se dejó caer por una edición del Tour y terminó abandonando.

Le cogió gusto a ser la primera maglia rosa y durante tres años consecutivos (entre 1931 y 1933) se alzó con el triunfo en la primera etapa del Giro. En 1934 no lo haría, pero a cambio se impondría en la clasificación general final, siendo ésa la mejor victoria de su carrera. Su único triunfo en una grande vino acompañado por diez victorias de etapa, a dos del récord que una vez más había instaurado Binda en 1927.

Aún estaría competitivo un año más tarde, cuando irrumpió en escena un ciclista que iba a ser aún más recordado como Gino Bartali, ganador de la montaña al tiempo que Learco finalizaría cuarto, a un minuto del podio. Sus resultados no paran ahí. Milán San Remo y Giro de Lombardía constan en su cosecha. Así como el Mundial de 1931, celebrado en Copenhague y ganado con autoridad por el ciclista italiano. Él y Binda blindaron la bandera italiana en lo alto del podio durante cuatro años, llegando a enlazar entre ambos tres victorias consecutivas. Muy cerca estuvo Guerra de llevarse el de 1934, siendo segundo por detrás del belga Kaers. Un par de tubulares le separaron de su segundo título.

Fotos: Sportmemory.it