El sueño americano de Roberto Heras

Esos años de Heras en US Postal. Cuando en una conversación con mi hermano en julio del 2000 le decía que pusiera el Tour, que había un escalador que le iba a gustar y que lo iba a hacer bien, no pensaba que ésa sería la última carrera que vería de Roberto Heras en el Kelme. Roberto Heras llevaba ya tiempo despertando mi curiosidad. Y esa simpatía por los escaladores que se alzaban sobre sus pedales cuando las rampas apretaban, lo veía como un ciclista para intentar aguantar a Pantani en alguna de sus embestidas. O al menos ser de los más cercanos en meta con el ‘Pirata’, como en el Giro del 99.

US Postal, Armstrong y Bruyneel detectaron que ese pequeño escalador salmantino tenía magia para arriba y le ofrecerían un jugoso contrato. Le darían manga ancha en la Vuelta. Pero en el Tour ya no veríamos subidas como la de la Joux Plane en el 2000. Empezaba el sueño americano y se nos acababa la ilusión de muchos de ver a un Heras ganador o al menos luchador de Tour.

Estábamos en la temporada 2001 y Heras, que había llegado junto a Rubiera al US Postal, venía a sustituir a Tyler Hamilton. Aunque curiosamente en el Tour sería Chechu más protagonista. O al menos más recordado, haciendo de lanzadera de Armstrong en la etapa del Alpe d’Huez, conocida como “the look”, por la mirada de Lance a Ullrich al atacar, si bien Armstrong diría posteriormente que miraba a su compañero para ver lo lejos que quedaba por si su ataque acababa en desfallecimiento.

Heras debió “conformarse” con estar más a tono en Pirineos, ayudando a Lance a deshacerse de Kivilev y dejándolo solo con Ullrich en las etapas de Pla d’Adet y Luz Ardiden. Heras terminaría 15º, pero lejos de lo esperado. Si bien había decepcionado, Heras tenía en la Vuelta su objetivo. Y además con la montaña llegando pronto, puesto que Lagos de Covadonga se convertía en plato principal de la primera semana. Pero algo no iba, sus ataques no hacían daño. Ganaba Juanmi Mercado pero Heras por detrás parecía uno más, mientras Casero y Sevilla iban mostrando sus cartas.

Se iba a ir de la Vuelta sin etapas, cosa rara en él, viendo cómo el Chava Jiménez, rival suyo, ganaba tres (y aunque perdiendo un mundo en Aitana, demostrando una gran superioridad en las subidas). Y con una derrota que se venía anunciando en la lucha por el pódium, ante su compañero Leipheimer en la contrarreloj final. Los seguidores de Heras no podíamos más que maldecir. Algo había cambiado y nuestra ilusión se apagaba con el de Béjar, que a su vez, se apagaba también.

Sin embargo, con la llegada de la temporada 2002, y con su victoria en la Volta, parecía que había algo de esperanza. Aunque su reto iba a ser demostrar en el Tour que aún podía ser uno de los mejores escaladores de la actualidad. Y en los Pirineos por fin íbamos a ver a ese Heras que intuimos en el Tour 2000. La llegada a La Mongie iba a deparar un Heras desencadenado que hacía sufrir por momentos al mismísimo Armstrong y que descolgaba a todos los rivales, salvo a Beloki, para aguantar hasta los últimos metros en los que su compañero de equipo despegaba para hacerse con la etapa y el amarillo.

El actor Robin Williams, gran admirador de Lance Armstrong, loaba a Heras en lo que parecía una opción de éste de acercarse al pódium. Y más cuando 24 horas después volvía a hacer una gran etapa. Si bien Armstrong no le “regalaba” la victoria y debía conformarse con el 2º puesto tras esprintar a Beloki en los metros finales para quitarle la bonificación. Con la llegada del Ventoux y posteriormente de los Alpes, Heras desaparecía de escena, estando mucho más discreto y acabando por alejarse de un pódium (acabaría 9º) con el que en algunos momentos nos hizo soñar.

Y llegaba la Vuelta, otra vez con su fetiche Angliru, que ya en el 2000 le había dado el liderato para no soltarlo. No iba a hacer mala carrera, aunque hay que reconocer que los focos los tuvo el Kelme, con un duelo a lo Roche-Visentini de Aitor González y Óscar Sevilla. Heras había ganado ya en el estreno de La Pandera y también ganaba en la cima asturiana, con Aitor González lanzándolo y Sevilla perdiendo el liderato. Parecía que podía caer la segunda Vuelta del salmantino,. De hecho, en su casa, en la etapa que estrenaba La Covatilla, en un final de etapa surrealista con los Acqua&Sappone españoles tirando a saco (la famosa banda de La Covatilla), Sevilla decía adiós a sus opciones y Heras aumentaba ventaja.

Sin embargo, no iba a ser suficiente. Otra vez en la contrarreloj final, con llegada al Bernabéu en esta ocasión, Heras iba a perder una posición, la de líder. Aunque al menos esta vez tenía etapas y pódium. Y, sobre todo, había vuelto a demostrar que, cuando la carretera se empinaba, él volvía a ser de los que mandaban. Aún teníamos esperanza de un pódium y alguna etapa de montaña en el Tour, pero esto no iba a ocurrir. En el Tour de 2003, el del centenario, el de la caída de Beloki camino de Gap, y la de Armstrong en Luz Ardiden, uno de los Tours más bonitos de los últimos treinta años, tendríamos que resignarnos a que tampoco esta vez iba a ser.

Ningún recuerdo especial, más allá de su labor en la subida de Alpe d’Huez tirando de un Armstrong asediado por sus rivales. Además, volvería a ser eclipsado por el papel vital de Manuel Beltrán en los Alpes y de Chechu Rubiera en los Pirineos, en los que se filtraba en Pailhères para ayudar en Ax 3 Domaines. Y tiraba en Luz Ardiden. Un gran Tour de Chechu que hacía que los que quisiéramos ver al Heras dominante tuviéramos que esperar a la Vuelta, a su última Gran Vuelta con el tándem Armstrong/Bruyneel.

Y parecía que se iría de US Postal sin poder ganar la Vuelta. Porque era la Vuelta de la ONCE, de Nozal e Igor González, de un joven e impetuoso Valverde. Pero todo cambió camino de Collado Villalba, con Nozal cediendo en Navacerrada, Manolo Saiz enfrentándose a las cámaras y Filipo Simeoni ganando la etapa. Curiosidades de la vida, meses después Lance Armstrong se enfrentaba a Simeoni en el Tour, marcándolo en una etapa por hablar mal de Michelle Ferrari. Todo terminaría de cambiar en la cronoescalada de Abantos.

Una cronoescalada en la que iban cayendo los segundo a favor de Heras hasta el desmoronamiento de Isidro Nozal. Hasta su vitoria, de etapa y de Vuelta, la segunda de Heras. Ahí acabaría el gran sueño americano, puesto que Manolón (Saiz) lo ficharía para el Liberty, donde aún ganaría dos ediciones de la Vuelta más. Pero sin brillar nunca más en el Tour.

Heras fue un grande, pero a algunos nos deja un regusto amargo. Su forma de escalar nos ilusionaba hasta creer que podíamos rivalizar por el Tour. Que un ciclista español (escalador para más señas) podría destrozar el pelotón subiendo Tourmalets y Galibieres. Pero apenas pudo ser el mejor gregario de Armstrong cuesta arriba. Y todo por un sueño americano que a algunos se nos hizo una pequeña pesadilla. De la que aún hoy día, más de 20 años después, nos cuesta desembarazarnos.

Fotos: Pedrodelgadoweb / EFE