Muriel Furrer, un año después seguimos sin noticias

(un posible lugar, aunque quizás no sea el mejor)

Hace apenas un año la vida de Muriel Furrer llegaba a su fin con solo 18 años de edad. Es poco más de la quinta parte de la esperanza de vida al nacer de una mujer suiza en el año 2006. Casi cuatro quintas partes de vida que se quedaron por vivir. La suiza había sufrido una caída durante la prueba junior en línea femenina de Zurich 2024. No supimos nada hasta mucho después de que hubiéramos visto celebrar y llorar a Ferguson, Ostiz y Chladoňová. Eso puede ser normal en la hipocresía que vivimos. The show must go on…

Pero en principio no fue porque el espectáculo debiera continuar. Fue porque ni siquiera sabían que Furrer vagaba entre la vida y la muerte entre las malezas, después de sufrir una caída en una curva a izquierdas. Más de una hora después de que terminase la carrera fue evacuada en helicóptero.

Al día siguiente falleció. El escueto comunicado inicial de la UCI invitaba a hacer borrón y cuenta nueva. Sin ápice de plantearse por qué una ciclista había estado tanto tiempo sin recibir asistencia y sin pretender acaso indicar si se iba intentar esclarecer si su vida se pudiera haber salvado de haber sido atendida en un tiempo prudencial. Parecían meros y viles contables enfocados a contabilizar la baja en la cuenta de pérdidas y ganancias del ejercicio. Una baja por fallecimiento, pero X millones en el grupo 57 por la disputa de los Mundiales en Zurich. 

En un artículo del New York Times en el que entrevistaban a sus padres cifraban el tiempo sin ser localizada tras el accidente en una hora y media. A algunos aun nos viene a la mente un «Me chiamo Pedro» que respondió Pedro Horrillo a su rescatador. Horrillo sufrió una caída aproximadamente a las 14:08 horas del 16 de mayo de 2009. Era la octava etapa del Giro d’Italia 2009. Ese en que Lance Armstrong regresaba al pelotón. Ese en el que se quejo de la seguridad en algunos descensos. A las 15:45 aproximadamente Horrillo llegó evacuado en helicóptero al hospital de Bérgamo. En línea recta son más de 30 kilómetros.

No es descabellado pensar que en algún momento la joven suiza pudiera gritar algo parecido a lo que el ciclista español vociferó aquel día. Y que sin embargo, el «Ich heisse Muriel» o el «Ich bien hier» no encontrara un oído que lo escuchara. 

Nadie nos ha querido informar si los daños o el traumatismo craneal hubieran hecho imposible el desenlace. Pero en unos campeonatos del mundo, en el entorno de una de las urbes europeas mejor dotadas, es difícil no pensar que unos minutos, cuartos de hora o una hora hubieran podido ser suficientes para que el suceso o el desenlace hubiera sido distinto. Es difícil no crear que una demora tan vasta no deteriorase su condición.

Inicialmente reflexionamos en algunas líneas acerca de este tema. No solo nosotros. Quizás quien más debía hacerlo, ha sido quien no lo ha hecho. La Unión Ciclista Internacional. O al menos no se atreve o no se ha atrevido a hacerlo públicamente. Pero no es solo que, al menos hasta ahora, la UCI no haya pretendido aclarar nada. Es que tampoco ha pretendido de manera inequívoca que una situación como esta se pueda evitar. 

En el reciente Tour de Romandie Féminin la UCI excluyó a cinco equipos profesionales por no designar una ciclista para instalar en su bicicleta un sistema de rastreo mediante GPS. Los cinco equipos se negaron a elegir a una de sus ciclistas, devolviendo a la UCI la decisión de designar la corredora.

Los artículos citados por la UCI para excluir a los equipos y ciclistas establecen que tanto las bicicletas como las corredoras pueden ser equipadas con un dispositivo electrónico para rastrear su posición en carrera. Y que las ciclistas y equipos deben cumplir con cualquier solicitud de los organizadores, la UCI, sus agentes y comisarios.

Sin embargo, queda en terreno pantanoso que no escoger una ciclista, invitando o exigiendo a los comisarios que lo hicieran ellos, no se ajuste a la normativa. Tampoco favorece el carácter ambiguo, excesivo o desproporcionado que puede tener el término «cualquier solicitud».

Puede tener sentido que algunos equipos no quisieran escoger voluntariamente a ninguna corredora para evitar incumplir algún compromiso que tengan con Velón o con sus socios proveedores de un prototipo de rastreo similar. Lo peor es que si el conflicto residía en una cuestión salvable como es la designación de la ciclista a dedo o aleatoriamente, no se buscará una salida. Y que con ello una carrera del Women’s WorldTour comenzará con 63 corredoras… Un pelotón de tamaño impropio.

Un ciclista suizo de 18 años sufrió “graves lesiones en la cabeza” y  permanece en “estado muy grave” tras una caída en el Mundial de Zúrich |  Uco Digital

La UCI anunció el viernes la retirada del dorsal 84 de la prueba en línea junior femenina, el último que portó Muriel Furrer. Un homenaje lógico que aun así no aleja a la UCI de las medias tintas. Los gestos se le dan bien al presidente Lappartient, las acciones o decisiones con trascendencia no tanto. Se echa en falta un comunicado, una información institucional acerca del prototipo que portaron 11 ciclistas en Romandía y que ahora han portado en Kigali 2025 y de los soluciones que puede aportar.

El mismo día que la UCI retiraba oficialmente el dorsal de Muriel Furrer los cinco equipos profesionales excluidos anunciaron que tanto ellos como ocho ciclistas habían presentado un recurso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) contra su descalificación del Tour de Romandía Femenino en agosto. Y que además la UCI había remitido a los equipos a su Comisión Disciplinaria y amenazado con revocar las licencias de estos a través de la Comisión de Licencias de la UCI.

Un año después de la muerte de Muriel Furrer seguimos con más preguntas que respuestas. Con más dudas que certezas acerca de la seguridad de las ciclistas. Y con más disenso, discordia y sensación de ruptura en el pelotón.

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