Hace no tantos años, cuando en una carrera alguien decidía poner un ritmo de 6 W/kg, la reacción era inmediata: la carrera explotaba, los grupos se rompían y solo unos pocos elegidos podían seguir el pulso. Hoy, en cambio, parece que ese mismo nivel ya no impresiona tanto. Medio pelotón aguanta sin despeinarse, y lo que antes era un ataque demoledor ahora apenas consigue seleccionar.
La explicación más evidente está en la profesionalización del ciclismo. Entrenamos con metodologías mucho más precisas, la nutrición ha dado un salto enorme, los materiales son más eficientes y aerodinámicos, y cada detalle está estudiado. Sin duda, todo eso ha elevado el listón. Pero creo que hay algo más.
En mi opinión, no se trata solo de ciencia aplicada al deporte. También estamos asistiendo a una evolución en la propia fisiología del ser humano. Recuerdo cuando se decía que rodar a 3 W/kg era señal de tener ya una buena forma o al menos una base aeróbica sólida. Hoy veo a chicos juniors —e incluso cadetes— que, en pleno mes de diciembre y sin apenas entrenar, ya hacen test de condición física moviéndose en esos rangos: alrededor de 3-3,5 W/kg con apenas 2 mmol de lactato. Y no hablo de casos aislados: lo sorprendente es que la mayoría de ellos se mueven en esos valores desde tan jóvenes. Eso, hace unos años, era impensable.
Esto me lleva a la conclusión de que la raza humana también ha cambiado. Quizás por una mejor alimentación desde edades tempranas, por una cultura deportiva más extendida, o por un acceso temprano a entrenamientos estructurados, pero lo cierto es que los nuevos ciclistas parecen nacer con un “motor” distinto.
El resultado lo vemos cada fin de semana: carreras más rápidas, más constantes, con menos margen para la sorpresa y mucho más exigentes para todos.
No sé si este camino es positivo o negativo para el espectáculo, pero lo que está claro es que el ciclismo actual exige más que nunca. No basta con entrenar bien: la competencia está en que cada generación que llega parece haber dado un paso adelante también en lo biológico.
Quiero dejar claro que todo lo escrito aquí es únicamente mi opinión personal, basada en lo que observo dentro y fuera del pelotón. No pretendo que se lea como un paper científico, aunque estoy convencido de que este tema bien podría ser objeto de un estudio serio y profundo en el futuro.
Referencias relacionadas
- Carazo-Vargas, P. & Moncada-Jiménez, J. (2015). Entrenamiento y VO₂máx en niños y adolescentes: un meta-análisis. Retos, 28, 170–175. Disponible aquí
- Ratel, S. et al. (2023). High-intensity interval training improves aerobic capacity in prepubertal children. Journal of Science and Medicine in Sport, 26(9), 856–862. PubMed
- Chulvi-Medrano, I. et al. (2022). Maturation status and its influence on fitness responses in children. Pediatric Exercise Science, 34(3), 141–148. PubMed
- Díaz, J. et al. (2024). Evolution of World Running Record Performances. arXiv preprint. Disponible aquí

José Manuel Gutiérrez, conocido por todos como ‘Gallu’, es un ciclista natural de Cantabria. Se estrena en el palco de opinión, pero tiene muchas cosas que decir sobre ciclismo profesional, entrenamiento y muchos otros aspectos de los que nos hablará este auténtico trotamundos del mundo del ciclismo y enamorado de la bicicleta.