Las tres Milán-San Remo de Óscar Freire

La carrera de Óscar Freire era una por la mañana de aquel 10 de octubre y otra por la tarde. Entre medias, había conquistado el Campeonato del Mundo. Mapei adquiriría a una de las mayores promesas del sprint, cántabro para más señas. Vitalicio no tenía ni dinero, ni seguridad en continuar en el pelotón, tampoco interés en un tipo de carrera que en esos momentos gozaba de cero popularidad en España, su mercado principal. Freire firmó por el equipo de los clasicómanos e iba a alternar grandes objetivos como la Milán-San Remo con problemas físicos. El Mundial y la classicissima iban a ser territorio predilecto, motivo de caza mayor y fuente de monumentos. La única, vista su carrera en perspectiva.

Milán-San Remo era entonces una carrera bien diferente a lo que ha sido una década y media más tarde. El control de los velocistas y sus equipos empujaban a un desarrollo rápido, intenso, pero improductivo para los insurrectos. En el debut de Freire en Milán, con el maillot arcoíris a sus espaldas y estrenando en una gran cita la pertenencia a Mapei, el único ciclista español que había levantado los brazos en Vía Roma respondía al nombre de Miguel Poblet. El catalán no sería relevado por Óscar en aquel año 2000, aún habría que esperar. Un buen sprint dio motivo para clasificarle tercero, lo que suponía un estreno desde el podio. Zabel era aún mucho Zabel.

Esa irregularidad manifiesta del velocista de Torrelavega vendría a hacerse realidad en 2001. Lesiones y ausencias. En 2002 regresó a San Remo y pudo ser 5º. Era el año de Mario Cipollini, quien haría redondo su gran año. 2003 le recluyó a la séptima plaza, pero en 2004 sucedió el milagro. No por llegar al sprint y tener tantas opciones como los demás, algo que había sucedido cada temporada. Sino porque en esos 50 últimos metros que se hicieron leyenda en el caso de Óscar Freire cambiaría todo. El sprint, abierto de lado a lado, era dominado por el de casi siempre: Erik Zabel. Había ganado cuatro y bajo la pancarta de 100 metros era el virtual ganador de la quinta. El alemán se conocía cada curva.

Sin embargo, en dura pugna con Stewart O’Grady que casi ocasiona la caída de ambos, Freire recurrió a su último golpe de riñón cuando el velocista de Telekom se encontraba levantando el brazo izquierdo en señal de victoria. Nunca una foto más famosa de la confianza demasiado temprana. Nunca un ejemplo más claro del clásico que afirma que las carreras no se ganan hasta que se cruza la última línea de meta. Todo sucedió demasiado deprisa, como todo en una volata. Viéndolo por televisión, nadie hubiese pensado que Óscar estaba tan cerca de la victoria. La logró, la cara de tonto esta vez pasó al teutón, el más célebre derrotado.

Así sucedió la primera. Una puerta abierta que traería a Cantabria otras dos ediciones más. El Freire de 2007 era sublime, casi imbatible si estaba inspirado. Por el medio un 5º y un 7º puesto que confirmaría que ésta era su carrera predilecta junto al Campeonato del Mundo. Victoria en 2007 en Vía Roma. Sprint incontestable. Boonen, el propio Zabel, McEwen… se vieron en un segundo escalón. El octavo puesto en 2008 fue un buen resultado comparado con 2009, donde no se presentó a la línea de salida. En 2010, cuando ya no se le esperaba, venció. Triple campeón mundial que ahora se proclamaba tricampeón de la San Remo. Casi nada.

Desde ahí, el repaso de participaciones se saldan con un puesto 94º, su única plaza fuera del top ten, y un 7º que le confirmaba que incluso en su última temporada, ya en retirada clara, era capaz de rodar cerca de la victoria. Once ediciones, tres victorias y la cifra arrolladora de siete veces entre los diez primeros. En las demás clásicas hegemónicas no se ha desempeñado tan bien. Es cierto que ninguna es (era, más bien) mejor para velocistas, y que Freire, fuera de que sus capacidades fuesen más, nunca desarrolló ninguno de esas otras aristas de su personalidad ciclista. Milán-San Remo era su coto de caza particular. Le cogió la medida y decidió convertirse en un mito de la carrera. Aunque sólo sea en este caso por el resultado.

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